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Los gases lacrimógenos transformaron en zona de guerra la ciudad portuaria

Tras el triunfo en Oakland, los Ocupa pasan a una fase más allá de la denuncia

El músico Arlo Guthrie comparó este movimiento con lo ocurrido en los años sesenta

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Activistas del movimiento Ocupa protestaron ayer frente a las oficinas del banco Wells Fargo en San Francisco. También las enfermeras se manifestaron por las calles del centro de esa ciudad para expresar su apoyo a Ocupa Wall StreetFoto Ap
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Simpatizantes del movimiento Ocupa se reunieron afuera de un hotel donde Jamie Dimon, presidente y director ejecutivo de JP Morgan Chase, ofrecía una conferencia durante un almuerzo con hombres de negociosFoto Ap
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 4 de noviembre de 2011, p. 26

Nueva York, 3 de noviembre. Al triunfar en cerrar uno de los puertos industriales más activos de Estados Unidos, el movimiento Ocupa Wall Street pasa a una nueva fase, más allá de la sola denuncia de acciones que interrumpen el business as usual. Con ello, también enfrenta nuevos desafíos dentro y fuera de sus filas.

En Oakland, el júbilo de anoche entre los miles de manifestantes al lograr el objetivo de obligar a suspender operaciones del quinto puerto más importante del país, de manera pacífica, fue manchado esta madrugada por policías antimotines que lanzaron gas lacrimógeno.

Los medios mostraron escenas de violencia. Algunos, como CNN, reportaron que se ve como una zona de guerra aquí, en Estados Unidos. Sin embargo, casi todos señalaron que la abrumadora mayoría de los participantes en las escenas de ayer actuaron de manera pacífica, y responsabilizaron a unos cuantos anarquistas por los disturbios.

Se han divulgado diversas versiones de lo que ocurrió. Medios locales e informes de Ocupa Oakland indican que se desprendieron pequeños grupos que pintaron grafitis y rompieron unos pocos vitrales, y más tarde ocuparon un edificio vacío donde pusieron música y bailaron. La policía antimotines llegó y supuestamente ordenó a los manifestantes que regresaran al sitio de su plantón, pero enseguida comenzó a dispersarlos con disparos de gas lacrimógeno y otras municiones no letales.

Testigos afirman que no hubiera pasado nada sin la presencia policiaca, la cual provocó ira y confusión. Algunos manifestantes rogaron a sus compañeros no responder con violencia, pero no lograron evitar que un pequeño número provocara un enfrentamiento con la policía. Se reportaron más de 80 arrestos.

De hecho, en uno de los comercios donde se pintaron grafitis alguien escribió: Este acto de vandalismo no fue autorizado por la asamblea general. Protesta pacífica. Otro anuncio, frente a un café con vitrina rota, decía: Perdón. Esto no nos representa.

Esta mañana, algunos manifestantes ayudaron a los equipos de limpieza de la ciudad a despejar las calles.

Muchos integrantes del movimiento Ocupa denunciaron hoy la violencia e insistieron en su compromiso con la vía pacífica.

Cada plantón de Ocupa se autogobierna a través de una asamblea general que sesiona todos los días y donde las decisiones en general se aprueban por consenso. Sin embargo, ahora las asambleas tendrán que enfrentar qué hacer cuando integrantes de su movimiento decidan no someterse a los acuerdos, ya que también ha regido el respeto a la autonomía de individuos y grupos dentro del movimiento. Lo que ha imperado durante las siete semanas de este movimiento aquí es la expresión pacífica, incluso en actos de desobediencia civil.

Pero más importante es que el movimiento Ocupa mostró en Oakland que ahora tiene el potencial de pasar de la denuncia a acciones que pueden irrumpir en la rutina del sistema económico y político.

Sindicalistas, estudiantes, agrupaciones comunitarias y un mosaico de ciudadanos e inmigrantes de todo tipo –desde una brigada de niños a personas curtidas en luchas sociales como veteranos de guerras, universitarios, maestros, enfermeras, estibadores y más– participaron en una jornada de acciones que obligaron a cerrar sucursales bancarias y tiendas, obtener el apoyo de otros comercios y de trabajadores de todo tipo, y culminaron con la suspensión de operaciones en el corazón industrial de esta ciudad, al otro lado de la bahía de San Francisco, que no tiene precedentes en las últimas décadas.

Sin embargo, eso ha llevado a nuevas discusiones dentro del movimiento sobre cómo desarrollar la próxima etapa, y que abordan tanto las posibilidades como las limitaciones en el futuro inmediato. Todos los días esta discusión se realiza en decenas de reuniones de los diversos grupos de trabajo en Ocupa Wall Street, aquí en Nueva York, como en otros plantones del país.

A la vez, esta nueva etapa obviamente preocupa cada vez más a gobernantes y empresarios, pero a pesar de represiones y advertencias el movimiento Ocupa continúa sus acciones y prepara nuevas iniciativas.

Anoche la policía empleó gas pimienta para dispersar a integrantes de Ocupa Seattle que bloqueaban la entrada a un hotel donde habló Jamie Dimon, ejecutivo en jefe de JP Morgan Chase.

Esta tarde en Nueva York la policía arrestó a 16 manifestantes de Ocupa Wall Street cuando bloquearon la entrada a la sede de la empresa financiera Goldman Sachs; entre los arrestados figuran el periodista Chris Hedges, premio Pulitzer y ex corresponsal de guerra del New York Times.

Ayer, centenares marcharon y por lo menos 10 integrantes de Ocupa Filadelfia fueron arrestados después de instalarse dentro del Centro Comcast para denunciar las prácticas de esa empresa, así como para expresar solidaridad con la acción en Oakland.

En Tulsa, unos nueve activistas fueron arrestados después de que los manifestantes rehusaron obedecer órdenes de desalojar un parque.

En Boston, estudiantes y sindicalistas marcharon hacia las oficinas de Bank of America, el Club Harvard y el Capitolio para denunciar la creciente deuda estudiantil.

Arlo Guthrie, músico e hijo del icono de la música folk Woody Guthrie, comentó hoy en entrevista con CNN que este movimiento tiene mucho en común con lo ocurrido en los años sesenta –y vale recordar que eso realmente sí provocó cambios– y consideró que es maravilloso ver a tantos jóvenes en la calle.

Agregó que es la primera vez en décadas que la gente está saliendo y toma las calles, está sintiendo qué es estar en las calles con cientos de miles, no sólo aquí, sino de todo el mundo.

A la pregunta de si esto cambiará las cosas, reflexionó: tal vez podremos hacer algo, pero primero nos tenemos que enterar de quiénes somos, y descubrir que no estamos solos, y que podemos ser una fuerza formidable. Pero sobre todo, lo importante es la alegría de encontrarnos, eso es algo clave no debe subestimarse.

(Para información actualizada sobre el movimiento de los indignados, ligas a sitios de Ocupa Wall Street, videos, análisis y noticias en línea, ver el nuevo sitio La Jornada Indignados).