Opinión
Ver día anteriorDomingo 27 de noviembre de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México bárbaro: ¿y el mundo?
E

l New York Times suena la alarma: un tercio de los estadunidenses vive en la pobreza o peligrosamente cerca de ella. Y en Europa, la vieja y la no tanto, la discolería nacional lleva a sus dirigentes a soslayar lo importante y a privilegiar lo fútil: no es la consumación de la Unión en una unión fiscal y política lo que importa, sino la rapidez cómo España, Portugal o ¡Italia! se hunden en un trágico carnaval autodestructivo de sus no tan sólidas estructuras laborales y de bienestar.

No es por ahí por donde la Unión encontrara una salida acorde con sus necesidades y pretensiones, y el trompicón alemán con sus mercados de deuda lo ilustra con creces. Y sin embargo, diría un lúgubre Galileo, se mueve, aunque en dirección al abismo.

El panorama del flanco avanzado de Occidente lleva a imaginar todo tipo de fantasmagorías, como si las brujas negras del capitalismo se hubieran planteado que, sin gran guerra a la vista, la única forma de abatir el trabajo redundante sacado a flote por la crisis fuera la conversión de esta redundancia en forma de vida asumida como cultura. De aquí la desfachatez de los financieros o la irreverencia agresiva sobre Grecia o España de parte de los banqueros y la nueva Dama de Acero, antier despreciada por sus propios mercados y los de más allá.

La resignación hasta sumisa de los sindicatos frente al desempleo estructural, se vuelve muro difuso frente a los nuevos bárbaros de la indignación, y la falange estabilizadora del FMI viaja y manda de nuevo en todo el mundo. Salvo, desde luego, en donde el desarrollo se asimila a las ideas de soberanía y seguridad nacional, como en Asia y, tal vez, en Brasil. Y habrá que agregar el obligado hasta ahora.

Este es teatro en el que nuestro empobrecido protagonismo tendrá que desplegarse. Por si faltara algo, la supuestamente virtuosa integración a Estados Unidos se ha tornado transmisión recesiva desde el Norte, sin que se cuente hoy con capacidades instaladas efectivas para contrarestar sus nocivos efectos. La recuperación americana se espera como si fuera Godot, lo que no puede significar sino más estancamiento estabilizador, que desestabiliza y fractura la cohesión al volver a la pobreza y la desigualdad forma de vida.

El México bárbaro de Kenneth Turner puede haber quedado atrás o muy lejos del panorama urbano mayúsculo que nos define. Pero la distancia social es inicua por persistente y por el cinismo corriente con el que las cúpulas del dinero buscan defenderse frente a una imagen de su país impresentable.

Sin necesidad de recurrir a la imagen dolorosa del documental o a la memoria que nos legara Buñuel, las cifras son o debían ser elocuentes: nos ubicamos a la cabeza de los países de la OCDE en desigualdad, y de la pobreza, mejor ni hablar.

La otra pobreza, radicada en la debilidad general del Estado y la vergonzosa inocuidad fiscal, nos ofrece una perspectiva lúgubre reforzada por el estado lúgubre de las ciencias sociales encabezadas por su autodesignada reina, una economía tan arrogante como inocua.

La nueva barbarie no encuentra hoy al socialismo que podría vencerla, como soñara Rosa Luxemburg. Y la civilización que los franceses buscaron oponerle después de la Segunda Guerra, vive hoy una encrucijada tortuosa, que la presencia destructiva del cambio climático no puede sino agravar. La globalidad de la crisis nos ha puesto así en compañía de todos los hombres, pero por lo pronto no para bien.