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Premios Nacionales

El artista, reconocido con el máximo galardón que otorga el gobierno en Ciencias y Artes

Un triángulo amoroso entre autor, obra y espectador, sugiere Cervantes

Plantea crear piezas que sean referentes del espacio urbano, pero que no contaminen, no como esos objetos retorcidos que a veces ponen en la ciudad, refirió

El Premio Nacional me honra, pero me sorprende que me lo den por haber hecho lo que me ha dado la gana, dijo en entrevista

Merry MacMasters
 
Periódico La Jornada
Lunes 12 de diciembre de 2011, p. 8

Hacer obras escultóricas como puntos de referencia dentro del espacio urbano, sin que sean contaminantes, sería la petición a las autoridades del escultor Pedro Cervantes (Distrito Federal, 1933), Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011, en el campo de Bellas Artes, galardón que comparte con el cineasta Jorge Fons.

Es decir, que tengan una expresión actual, que sean contemporáneas, pero no contaminantes, reitera Cervantes en entrevista con La Jornada. No sólo hay contaminación por ruido y esmog, sino también visual. Estos objetos retorcidos y deformados que ponen a veces en la ciudad son contaminantes, agrega.

Integrante de la Academia de Artes desde 2003, Cervantes, quien prepara una exposición para 2012, ya sea para el Museo del Palacio de Bellas Artes, o para el Museo de Arte Moderno –ha expuesto en ambos–, se encontró con su vocación desde niño: Quería tener un caballo, pero no podía, vivíamos en la colonia Roma; entonces, me puse a hacer uno de barro. Ya después seguí dibujando. Estuve como oyente en la Escuela Nacional de Artes Plásticas dos años nada más. Desde hace 34 años vive en Cuajimalpa, donde tiene dos caballos. La mujer es el otro gran tema de su obra.

El entrevistado reconoce que hay muchos artistas que, sin dedicarse a la escultura, de repente la hacen: Una cosa es diseñar para que otro haga una escultura y otra cosa es hacerla. Digo que hay, por decirlo de alguna manera, un triángulo amoroso entre el autor, la obra y el espectador. El que tiene el oficio y toca el material puede tocar al espectador. No es lo mismo hacer escultura que diseñar escultura para que la haga otro. Eso sería como tener hijos por inseminación artificial. Existe el arte del mercado del arte, pero también existe el arte.

Para Cervantes hay veces que en la carencia está la posibilidad. Recuerda cómo en los inicios de su carrera empezó a trabajar con chatarra –sus primeros trabajos fueron en hierro forjado–; es decir, con defensas de autos chocados que, incluso, le regalaban, por falta de recursos económicos que me hubieran permitido fundir piezas en bronce. Allí aprendí el oficio de la herrería, de la soldadura y, sin planteármelo, empecé a hacer una relación de la industria con el arte.

En 1968, en la exposición Solar, organizada por el Instituto Nacional de Bellas Artes para la Olimpiada Cultural, Cervantes obtuvo el premio por la escultura Ícaro, que forma parte de la colección del Museo de Arte Moderno, y que durante muchos años estuvo en exhibición.

Foto
Pedro Cervantes es integrante de la Academia de Artes desde 2003Foto Humberto González

De obra más bien figurativa, aunque no hiperrealista, aclara, la tradición cultural prehispánica tampoco está ausente: “Tengo una escultura que se llama Quetzalcóatl, una de cuyas advocaciones es el águila y la serpiente. Es la relación de opuestos: águila/cielo y serpiente/tierra”. La relación de opuestos es algo que siempre le ha interesado y en la escultura: qué más opuesto que el vacío y la materia, que la luz y la sombra, que el cóncavo y el convexo.

Después de las obras en hierro forjado y de chatarra reciclada, Cervantes empezó a trabajar en bronce, haciendo el molde de las piezas en barro o yeso, y usando también piezas automotrices, pero después fundiendo el bronce. En años recientes ha hecho una escultura interactiva, que también llama móvil, en la que plantea que las obras pueden transformarse sin deformarse.

–¿A qué tiene que adaptarse la escultura en la actualidad?

–A nada. Una cosa es expresar y otra representar. Se expresa la época, una manera de ver el mundo, la belleza y la verdad. También su tiempo, su momento histórico y cultural. Además, en el caso de la escultura, la pintura o el grabado, es importante que sea un lenguaje propio del autor, porque hay muchas influencias o muchas personas, digo, que venden el alma, que tienen un dealer y hacen lo que él les dice para vender. Están mucho más interesados en comercializar que en crear o expresarse.

Amalgamar triunfo y éxito

Cervantes se congratula de haber podido seguir mi vocación, no por interés económico, ni de fama o fortuna. No es lo mismo triunfo que éxito, pero se pueden conjugar. El triunfo es seguir una vocación, el éxito es cuando le pagan a uno por eso. Además, hacer una escultura es un proceso que tiene su encanto, su pasión.

Ahora se dice sorprendido por el otorgamiento del Premio Nacional de las Ciencias y las Artes: Desde luego, me honra, es un honor, pero me sorprende mucho que finalmente me van a dar un premio por haber hecho lo que me ha dado la gana.

En fechas recientes se presentó el volumen El cuerpo en el espacio. Las vidas de Pedro Cervantes (El Equilibrista), con texto de Vicente Quirarte. Raquel Tibol es la autora del primer libro sobre el escultor, publicado en la colección SepSetentas.

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