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Ecos romanos

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Imagen de archivo del secretario de Defensa Leon Panetta. El presidente Barack Obama dijo que Estados Unidos es la fuerza más grande por la libertad y seguridad que el mundo jamás ha conocido, al presentar la semana pasada su nuevo plan estratégico militarFoto Ap
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stados Unidos es la fuerza más grande por la libertad y seguridad que el mundo jamás ha conocido, afirmó el presidente Barack Obama, y explicó que eso se logró tras haber construido la fuerza militar mejor capacitada, mejor dirigida y mejor equipada en la historia y, como comandante en jefe, voy a mantenerla así.

Al presentar su nuevo esquema estratégico militar la semana pasada, Obama advirtió que aunque se reducirá el número de efectivos, el mundo debe entender que Estados Unidos mantendrá la superioridad militar con fuerzas armadas ágiles, flexibles y listas para toda la gama de contingencias y amenazas. El gasto militar de Estados Unidos es cinco veces más grande que el de China, el siguiente país después de éste en gasto militar, y hasta Obama resaltó que es superior al de los siguientes diez países con mayor gasto militar combinados.

De hecho, el presupuesto militar hoy día está en su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, más que (en dólares actuales) en el momento pico de las guerras en Corea, Vietnam o del más alto de los tiempos de Bush, según el Centro de Evaluaciones Estratégicas y Presupuestarias y el Centro para Información sobre Defensa, analizando los datos oficiales. El presupuesto del Pentágono se ha incrementado en los últimos 13 años consecutivos, algo sin precedente, y entre 2001 y 2009 el gasto militar se incrementó de 412 mil millones a 699 mil millones de dólares, un alza de 70 por ciento.

Obama afirmó que al llegar el fin de las guerras en Irak y Afganistán y la lucha contra Al Qaeda –todo lo cual calificó de éxitos– el país está ante un momento de transición. Más allá de debatir si las invasiones de Irak y Afganistán fueron exitosas, el presidente reconoció que al reformular la estrategia militar para el futuro se necesita a la vez renovar la fortaleza económica aquí en casa, lo cual es el fundamento de nuestra fuerza alrededor del mundo, y eso incluye poner en orden nuestra casa fiscal.

Pero no se atrevió a considerar si el gasto militar más elevado de la historia tiene algo que ver con el desastre económico de esta casa.

Y es que el gasto militar es un masivo subsidio público al sector privado y, sin jamás admitir la ironía, es defendido como asunto patriótico mayúsculo por los más feroces campeones del libre mercado y del sistema capitalista aquí. No suelen mencionar que más de la mitad de este gasto es consumido por contratistas privados, las grandes empresas de la industria militar como los proveedores de todo tipo de servicio, incluidas fuerzas de seguridad, o sea, mercenarios. La defensa nacional es uno de los grandes negocios del país.

Pero también se sabe que este subsidio público es uno de los gastos de menor beneficio económico: cada mil millones en gastos de defensa generan la mitad de empleos que si ese mismo dinero se invierte en educación pública, por ejemplo, o casi cualquier otra inversión social. Más allá de eso, también se sabe que lo que se produce por la industria militar no es algo que los consumidores deseen o puedan comprar. Aún no hay colas para comprar el último bombardero, tanque o crucero. O sea, no produce algo para el mercado de consumo, pero sí traslada tesoro público a las arcas privadas de algunas de las empresas más poderosas del país.

¿Qué dice acerca de la última superpotencia que decida gastar más que nunca en su poderío militar en medio de la peor crisis económica desde la gran depresión, con uno de cada dos estadunidenses en la pobreza o con ingresos bajos, con casi 24 millones de desempleados o subempleados, con un número creciente de ciudadanos, sobre todo menores de edad, que padecen hambre?

Tal vez es demasiado simplista hacer una comparación con el imperio romano, pero hay algunos factores comunes entre lo que está sucediendo aquí y lo que los historiadores cuentan de la caída de Roma. Por ello, tal vez no es coincidencia que ahora se estén publicando varios libros sobre el imperio romano en Estados Unidos, señala The New Yorker al reseñar algunos de éstos.

Uno subraya un factor muy similar entre Estados Unidos y Roma: la extrema desigualdad económica. Según Robert Hughes, autor de uno de estos nuevos libros de historia romana, para el 5 por ciento más rico, la vida tomó un carácter de sobreindulgencia y extravagancia maniaca, desagradablemente parecida a la vida de los súper ricos estadunidenses de hoy día. De acuerdo con el historiador Robert Knapp, casi todo lo que se sabe de la historia de Roma fue creado para o por los más ricos y poderosos de esa civilización, y las figuras que se conocen pertenecen a las clases superiores, que numeraban no más que entre 100 y 200 mil, menos de la mitad del 1 por ciento de la población de entre 50 y 60 millones del imperio.

Tal vez valdría la pena recordar que en dos de los frentes de guerra y hostilidad bélica actual de Estados Unidos, Irak e Irán, fueron regiones (Mesopotamia y Persia) donde los romanos enfrentaron varios desastres también. Fue en gran medida la insistencia y el gasto para imponer su poder lo que llevó al declive y la caída de Roma. Igual que ahora, afirma el historiador Brian Campbell, autor de otro de estos libros, la ideología establecida entonces era que los romanos siempre realizaban guerras justas, sobre el argumento de que sus enemigos habían cometido una ofensa.

Pero más que nada, fue imposible reconciliar el carácter dual de república e imperio que marcó el fin de Roma, y que algunos historiadores recuerdan como la primera caída de Occidente. Y por ello ahora hay una sensación –de hecho se habla explícitamente de ello– de si estamos atestiguando una segunda caída de Occidente, en gran medida por algunos de los mismo factores.

De lo que no se sabe casi nada de la historia romana es cuál fue el papel de lo que hoy día se llama, gracias a Ocupa Wall Street, el 99 por ciento, ni sus ecos, que ahora acompañan nuevos movimientos que denuncian hoy la contradicción básica entre república democrática e imperio.