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José Luis Ceceña: elogio a la congruencia
Luis Hernández Navarro
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eferencia ética, hombre de izquierda congruente a lo largo de toda su vida, maestro por vocación, investigador de excelencia, José Luis Ceceña dibujó a comienzos de los sesenta del siglo pasado el mapa de la subordinación económica de México a Estados Unidos con rigor y profundidad.

Desde dentro del marxismo y por afuera del dependentismo en boga en aquellos años, armó el rompecabezas de los obstáculos que México y América Latina enfrentan en su camino para desarrollarse, elevar el nivel de vida de su pueblo y afianzar su independencia. Sus investigaciones mostraron cómo el mayor obstáculo para emprender esta ruta está representado por el capital monopolista, fundamentalmente estadunidense.

José Luis Ceceña nació en 1915 en Mazatlán, Sinaloa. Fue hijo de un coronel del Ejército revolucionario. Creció en el modesto poblado de Chinobampo, en ese mismo estado. Comenzó a trabajar de maestro rural desde los 14 años. Más adelante se trasladó a la ciudad de México e ingresó en la Escuela Normal de Maestros.

Intelectualmente inquieto, continuó sus estudios de economía en la UNAM. Tuvo el privilegio de iniciar su formación política y teórica –recuerda Andrés Barreda– bajo la influencia del pensamiento de Aníbal Ponce, el profesor argentino marxista exiliado en México, autor de libros como Educación y lucha de clases.

Terminó sus estudios de economía en 1945, aunque no presentó su tesis profesional hasta 1962, después de efectuar profundos estudios sobre el capital monopolista en México. Completó su formación académica con una beca de maestría en la American University en Washington. En 1947 regresó a México y se incorporó a la docencia. Al poco tiempo marchó a Nueva York a trabajar en el área de estudios económicos de la Organización de Naciones Unidas entre 1949 y 1952.

Dejaron su huella en la formación del joven Ceceña tanto Víctor Perlo como Laslo Redbanyi. Perlo fue un brillante economista ligado al Partido Comunista de Estados Unidos, autor de una documentada radiografía del capital financiero de aquel país, acusado de espiar para la Unión Soviética. Redbanyi, de origen alemán y cuyo nombre verdadero era Herr Lorenz Schmidt, fue pionero en el estudio de los monopolios.

Fallecido el pasado 3 de enero, Ceceña conservó hasta el final de sus días la lucidez de pensamiento que lo caracterizó a lo largo de toda su vida. Siempre correctamente vestido, amable y sencillo, rehuyó los grandes homenajes. Confió a Mario Martini algunos secretos sobre cómo conservó su formidable estado físico. “Conviva con estudiantes en el aula y el campus universitario –le dijo–. Le recomiendo que nunca deje de dar clases, pues el contacto con los muchachos es la verdadera fuente de la juventud…”

Colaborador regular de la revista Siempre! durante casi 20 años y del periódico Excélsior, el maestro Ceceña ejerció el periodismo crítico basado en un amplio trabajo de investigación. Sus opiniones estaban sustentadas en material documental y estadístico consistente producto del estudio empírico directo. Sus artículos lo convirtieron en un intelectual público reconocido e influyente, que ayudó a construir una nueva sensibilidad y conciencia. Muchos de los temas que él abordó y el enfoque con el que lo hizo fueron pioneros. Con el tiempo se convirtieron en parte del sentido común de la opinión pública de izquierda.

En 1956 viajó a la República Popular China, como parte de un pequeño grupo de intelectuales invitados por el gobierno de Mao Tse Tung. Durante seis semanas conoció los esfuerzos de ese país para incrementar su capacidad productiva, enfrentar la desocupación y suprimir la indigencia. En 1957 impartió en la entonces Escuela de Economía una brillante conferencia con sus reflexiones sobre lo que vio y estudió en ese país. En 1958 la revista Investigación Económica la publicó. El trabajo, recopilado en la Antología elaborada por Ana Esther Ceceña –hija del maestro y una de las principales divulgadoras de su obra– y por Alma Chapoy, analiza a profundidad los antecedentes del milagro económico chino.

Junto a otros destacados pensadores, fundó la Sociedad Mexicana de Amigos con la China Popular y promovió la organización en nuestro país de la primera feria comercial, industrial y cultural del Dragón Asiático.

El profesor Ceceña escribió tres libros fundamentales: El capital monopolista y la economía de México, editado en 1963, un clásico en el análisis de las inversiones extranjeras en México; México en la órbita imperial, publicado en 1970, y El Imperio del dólar, aparecido en 1977, en el que busca, con propósitos de divulgación, contribuir, así sea modestamente, al más amplio conocimiento de la estructura monopolista de la economía estadunidense, cuya expresión más acabada son los grandes grupos financieros.

Durante más de tres décadas el maestro Ceceña dio clases en la Escuela (después facultad) de Economía, donde fue investigador de tiempo completo desde 1961. En dos ocasiones la comunidad de la escuela lo escogió mayoritariamente para dirigirla, pero el Consejo Universitario nombró a otro director. La situación cambió en 1972, cuando, a propuesta del rector Pablo González Casanova, su compañero y amigo, fue escogido para estar al frente de la escuela. Fiel a los vientos transformadores que soplaban en la época, participó activamente en la reforma democrática de la institución. Además ocupó por dos periodos, de 1961 a 1966 y de 1980 a 1986, el puesto de director del Instituto de Investigaciones Económicas.

En el prefacio a El capital monopolista y la economía de México José Luis Ceceña sostiene que para que el país se desarrolle, se mejoren las condiciones de vida del pueblo y se fortalezca la soberanía nacional es requisito indispensable luchar contra el dominio del capital monopolista y apartarnos de su filosofía, orientándonos por rumbos democráticos auténticos, en que el principio rector sea el logro pleno de las aspiraciones populares de mejoramiento y autodeterminación.

José Luis Ceceña trabajó toda su vida con congruencia para hacer realidad estos lineamientos, que, formulados en 1963, siguen siendo absolutamente actuales y necesarios en 2012.