Opinión
Ver día anteriorMartes 10 de enero de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Crono devora a sus hijos
José Blanco
L

o hace de mil maneras; referiremos alguna. El horror que es hoy la economía mundial ha derrotado a la política, hasta hacerla añicos. Esta derrota tiene muchas formas, pero la más notoria es la caída estrepitosa de los gobiernos europeos de centroizquierda, como una fila de cartas formadas una detrás de la otra. Es necesaria una Europa para los ciudadanos, dicen Michel Rocard y Pierre Larrouturou, pero la vieja Europa va por otro rumbo.

En la Europa de los 27 ya no quedan sino tres gobiernos dirigidos por partidos de centroizquierda, que llevan adheridos, como siempre, algunos peros. En Austria, el más poderoso de ellos, fue relegido en abril de 2010 el centroizquierdista Heinz Fischer, con una participación de 49 por ciento de electorado, de la que Fischer se llevó 79 por ciento. Al mismo tiempo, un partido de ultraderecha, encabezado por Barbara Rosenkranz, ya atrajo a 15 por ciento del electorado participante con un discurso que pone en duda la existencia de las cámaras de gas nazis, y asegura que después de todo las cosas no fueron tan mal con Hitler. El segundo gobierno es el de Dinamarca. En septiembre pasado, después de una década, los socialdemócratas, encabezados por Helle Thorning-Schmidt, volvieron al poder con 50.3 por ciento de los sufragios emitidos, contra 48.9 por ciento de la derecha. La coalición de centroizquierda no alcanzó la mayoría del parlamento. Difícil gobierno le espera a la coalición danesa. El tercer gobierno es el de la pequeña Eslovenia, donde un partido de centroizquierda, encabezado por el prominente empresario y alcalde Zoran Jankovic, logró apenas el domingo 4 de diciembre pasado una victoria sorpresiva en las elecciones parlamentarias, con 28.5 por ciento de los votos. Tendrá que hacer una coalición complicadísima y resulta incierta la política europeísta que pueda seguir.

El resto de los gobiernos europeos son ahora de la derecha. La crisis se tragó a los sedicentes centroizquierdistas, como Crono se tragaba a sus hijos. Estos hijos hicieron de la política económica frente a la crisis un embrollo de desesperados parches a las cada vez más flacas instituciones del Estado de bienestar, con predominio de una política fiscal y financiera alineada a los intereses corruptos de los grandes banqueros del mundo.

Las derechas llevarán mucho más lejos las políticas que protejan a los banqueros. Los electores europeos han echado a los centroizquierdistas por su mala gestión de la crisis. Ahora se enterarán en qué consiste la buena gestión de las derechas.

Ciertamente hay un creciente movimiento de indignados y ocupas, que no tiene un discurso antisistémico, y tampoco un discurso alternativo a centroizquierdistas y a las derechas. Las derechas serán aliadas naturales de indignados y ocupas: harán crecer el movimiento.

La crisis económica mundial tiene ahora muchas fuentes que la alimentan, pero la parió la desregulación financiera, es decir, la creación de unas nuevas reglas absolutamente favorables a las brutalmente insaciables panzas de los banqueros. Durante el auge de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y en varios países europeos (con excepción de Alemania), los banqueros ganaron como nunca. Luego vino el negocio corrupto de la venta de paquetes repletos de hipotecas subprime, a la que le entraron los banqueros europeos, y los banqueros ganaron como nunca. Luego vino la crisis financiera provocada por el actuar de los banqueros y sus amanuenses, las agencias calificadoras, y detrás llegaron los rescates y nuevos rescates, y la inyección de liquidez a mares a los bancos, y los banqueros están ganando como nunca.

La inyección de liquidez para tapar los hoyos negros de los bancos y el apoyo para el salvamento de las deudas soberanas, junto con una austeridad cada vez más acentuada, mediante subidas de impuestos –no a los más ricos, desde luego– y contracción de gastos, más disminución de salarios y pensiones, más la generación de cada vez más desempleo, se parece muy poco a una política que sirva para recuperar el crecimiento. Esta reiterada, ilusa, torpe política, se dice, sirve para evitar la catástrofe de una crisis de alcances insospechados, que ocurriría de no proteger a los bancos. La tesis es que esa política recuperará la confianza de los inversionistas. ¿Una política contraccionista invita a la inversión?, ¿desde cuándo la contracción fiscal es expansiva?

La derecha quiere provocar crecimiento mediante una política más contraccionista que la política que estaban siguiendo los gobiernos centroizquierdistas. Pero como su nombre indica, una política contraccionista produce eso mismo: contracción. La catástrofe será entonces inevitable. El probable hundimiento de Europa es el inicio del viaje del bumerán que salió venenoso de Estados Unidos con destino principal a Europa, y ya viene de regreso. La crisis crecerá.

¿En qué momento del hundimiento los movimientos sociales podrían hallar formas de organización eficaz para hacer a un lado a derechas y a centroizquierdistas derechosos?, es un misterio. ¿En qué momento del crecimiento de los movimientos sociales los gobiernos echarán mano de la represión en gran escala?, es otro misterio.

Colocar todo el peso del ajuste, como se está haciendo, sobre los países deficitarios, es una receta para el desastre.