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Desde otras ciudades

Ahorro doméstico en Francia

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Comprar justo lo que se consume, hábito francés muy arraigadoFoto Tomada de Internet
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sí como París es reconocida por tener el mayor número proporcional de alojamientos unipersonales en el mundo, congruente con este hecho, es la urbe donde el comercio al menudeo se mantiene con base en miles de consumidores cotidianos de, por ejemplo, media baguette de pan y un cuerno, una rebanada de jamón o un bistec, una naranja o una manzana, dos jitomates y una lechuga, terciados porque alcanzan para dos días, así como 150 gramos de queso.

Es por esta razón y por la crisis económica que ha alcanzado a todos los sectores, que trata de popularizarse la compra de despensas para una o dos semanas en grandes supermercados como Metro o Cash, proveedores de comerciantes, o en Rungis, la central de abastos, utilizando una credencial de profesionales prestada o mediante la formación de asociaciones de consumidores. Sin embargo, esta iniciativa no podrá tener éxito en París donde los alojamientos pueden tener desde 12 o incluso 9 metros cuadrados de superficie hasta 60 como máximo para la inmensa mayoría de su población. Esto, sin contar con los hábitos bien arraigados en el espíritu francés de comprar justo lo que se consume (no como la cultura de los mexicanos que exige dejar sobras de comida en el refrigerador para un hipotético taco y que en realidad se dejan envejecer para poder tirarlas sin remordimiento).

En cambio, en las zonas semirurales, cuyos espacios habitacionales suelen ser más vastos e incluso muchos poseen jardincillos posteriores donde la postguerra de los años 50 del siglo pasado reforzó la tradición de cultivar sus propias legumbres y de comprar lo que no se produce: leche, carne o frutos, directamente a otros productores, y donde la modernidad de los 70 impuso gigantescos supermercados en los cruceros de carreteras vecinales que deslumbraron a los provincianos, hoy se retoman los antiguos hábitos y cada vez más gente compra cajones o costales de 10 kilogramos de productos que convierten en conservas para estos tiempos impredecibles.

Yuriria Iturriaga