Política
Ver día anteriorMiércoles 15 de febrero de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Conspiraciones palaciegas contra Benedicto XVI
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unas cuantas semanas de que Benedicto XVI llegue a México, el Vaticano es sacudido por nuevos escándalos que ponen en evidencia un proceso de descomposición en la curia romana. Hay fuga de información y en las últimas semanas se han dado a conocer textos que ponen en evidencia corrupción, malos manejos en el IOR (banco vaticano) y un supuesto complot para asesinar al mismo Papa. Un documento publicado la semana pasada por el periódico italiano Il Fatto Quotidiano, recoge el contenido de estas conjeturas. Habría sido entregado por el cardenal colombiano Darío Castrillón al propio Benedicto XVI en noviembre pasado, sellado como estrictamente confidencial, escrito en alemán, revela un complot que le otorga sólo 12 meses de vida al actual pontífice. Esta inquietante revelación fue expresada por el cardenal Paolo Romeo en una reunión privada con empresarios italianos en China; el caso está dando la vuelta al mundo mediante las agencias y ha sido descalificado de manera rotunda por el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, quien declaró que era una cosa totalmente fuera de la realidad que no merece ser tenida en consideración. Después el mismo Lombardi reconoció lamentables filtraciones.

Independientemente de la veracidad, la nota desnuda el clima de tensión y de las cada vez más notorias divisiones entre la alta curia romana. A sus 85 años, el Papa tiene una salud frágil: presión alta, diabetes y un corazón débil. El Papa anciano ha delegado por completo el gobierno interno de la Iglesia en su secretario de Estado, el cardenal Tarciso Bertone, quien ha ganado enemigos, especialmente con la vieja guardia de la curia wojtyliana. Hay resentimientos, no sólo por la pérdida de privilegios, sino porque quedó vulnerable a raíz de la crisis de pederastia, en la que el propio Benedicto XVI ha puesto en evidencia los comportamientos dudosos de altos funcionarios que acompañaron el pontificado de Juan Pablo II. Las revelaciones de Paolo Romeo, arzobispo de Palermo sede de la mafia y ex presidente de la conferencia episcopal italiana, evidenció fuertes pugnas entre diversos bandos en Roma. Por un lado, como decíamos, la lucha de poder entre el actual Tarcisio Bertone y la vieja guardia curial de Juan Pablo II encabezada por Angelo Sodano, y por otro, grandes fisuras entre el propio Bertone y Benedicto XVI. La relación al parecer se ha venido erosionando desde 2010 por el manejo titubeante de las diversas crisis que han flagelado el pontificado. Romeo sostiene que Benedicto XVI ya trabaja en la sucesión pontifical, perfilando su sucesor en otro discípulo, el recién nombrado arzobispo de Milán: el cardenal Angelo Scola.

Las teorías de la conspiración se quedan cortas. Todo esto parece seguir los argumentos fílmicos de conjuras palaciegas al estilo Ford Coppola/Mario Puzo. La realidad parece más fantástica que la imaginación, baste recordar el trágico episodio del Banco Ambrossiano, a inicios de los ochenta, los diversos asesinados vinculados a actores vinculados que incluyen la sospechosa muerte de Juan Pablo I, en 1978.

Poco antes de la filtración sobre el supuesto complot para asesinar a Benedicto XVI, han circulado acusaciones concretas de malversación de recursos y de privilegios entre miembros de la alta curia vaticana. Probablemente por primera vez en la historia de la Iglesia se tiene conocimiento público de la imputación de un arzobispo que denuncia la corrupción en el Vaticano. Un alto funcionario había sido transferido contra su voluntad tras quejarse sobre irregularidades en el otorgamiento de contratos, que han sido expuestas directamente al papa Benedicto XVI. El denunciante, arzobispo Carlo María Viganó, es el actual nuncio de la Santa Sede en Washington y ex secretario general del Governatorato de la Ciudad del Vaticano. Precisa en una carta que se hizo pública, la corrupción y mala gestión en la administración vaticana, así como las corruptelas y privilegios que había visto tras asumir el cargo de secretario general del Governatorato en julio de 2009. La confidencia fue revelada en el programa Gli intoccabili (Los intocables), del canal de televisión privado La7. Santo Padre, mi transferencia justo ahora provocaría mucha desorientación y desaliento en aquellos que han creído que era posible limpiar tantas situaciones de corrupción y abuso de poder que han estado enraizadas en la administración de tantos departamentos, escribió Viganó al Papa el 27 de marzo de 2011.

Los desórdenes financieros del Vaticano no son nuevos. Recordemos que en septiembre de 2010, la fiscalía de Roma ordenó a la policía financiera italiana incautar 23 millones de euros depositados en el Instituto para las Obras Religiosas (IOR), la banca del Vaticano, por supuesto delito contra las normativas europeas del lavado de dinero.

Jason Berry, periodista estadunidense, efectuó una ambiciosa investigación sobre el manejo de las finanzas en el Vaticano, llegando a la misma conclusión: opacidad y corrupción. En torno a los escándalos de abuso sexual, en especial en las diócesis católicas de Boston, Cleveland y Los Ángeles, el autor rastrea la utilización de recursos financieros para la indemnización de las víctimas. El hecho permite a Berry en su libro Render unto Rome, 2011, descubrir los mecanismos, la riqueza y la manera en que se administran los recursos en la Iglesia católica. Devela altos niveles de corrupción, especialmente en las encumbradas esferas de la curia romana. El libro de Barry destaca, con detalles revelados por la FBI, los fraudulentos negocios del sobrino de Angelo Sodano, secretario de Estado y número dos Juan Pablo II. Su fraude consistió en comprar propiedades de la Iglesia por debajo del valor de mercado y desarrollar lucrativas reventas. Los contratos de adquisición de por lo menos más de 100 millones de dólares propiedad de la Iglesia en tres ciudades de Estados Unidos.

El Papa está acompañado por su soledad. Estamos ante los síntomas de un fin de reinado. Resuenan con nuevos sentidos las expresiones del mismo Benedicto XVI cuando reprochaba en la Semana Santa de 2005 cuánta miseria y escoria hay en la Iglesia y las repetidas ocasiones en que ha afirmado que los enemigos más peligrosos de la Iglesia no están afuera, sino adentro. Estas afirmaciones en este contexto adquieren nuevas significaciones.