Opinión
Ver día anteriorMartes 21 de febrero de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Topes, topes y más topes
Y

o tengo muy claro que en el país, así como en la gran ciudad, existen muchos problemas muy apremiantes; que además estamos en año electoral y que la preocupación mayor de todos, o casi todos, está centrada en este asunto desde luego no menor. Sin embargo, con el peligro de que se piense que estoy desperdiciando un espacio periodístico para tratar un asunto que parece superfluo, me atrevo a señalar que considero de mayor relevancia el tema sobre el cual a continuación escribo. El tema en cuestión tiene que ver con los topes, que desde hace años han inundado las calles de la zona metropolitana y que han sido adoptados en la mayor parte del país.

Lo primero que habría que decir es que el número de topes es inversamente proporcional al nivel educativo de los ciudadanos. Es decir, para que se entienda, más topes, menos educación, y en este caso hablo de la educación vial, la cual es prácticamente inexistente en el país. Lo segundo es que el gobierno, o los gobiernos locales, o el sector al que corresponde el asunto de la vialidad, han decidido desde hace mucho estar ausentes en cuanto a lo que les tocaría hacer. Bueno, no del todo ausente; han mostrado su presencia de la peor y más irresponsable forma, o sea, poniendo topes por doquier, muchos totalmente inútiles. Debido a que la impunidad, o más bien la ausencia de autoridad vial, impera por doquier, pues colocar topes para evitar accidentes, heridos o muertos es una solución fácil, y así las autoridades se lavan las manos, los ciudadanos seguiremos con cero civilidad o educación vial y la ley de la selva seguirá imperando.

Lamentablemente, como describiré más adelante, la continuidad de una ausencia de educación vial en nuestro país no es lo único negativo que ocurre. Cabe señalar que esto es grave, pues mientras en muchos países el respeto entre ciudadanos es no sólo elemental, sino se impulsa cada vez más, con el objeto de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de cualquier entidad, aquí en México este asunto es punto muerto; bueno, no del todo: se colocan topes para cuidarnos de las bestias que manejan diversos vehículos.

Como los mexicanos somos muy aguantadores, pues para muchos poner topes parecería la solución perfecta, no importa si se afecta el vehículo, si afecta la movilidad y sobre todo, si daña el ambiente.

Veamos ahora los datos duros. En la zona metropolitana circulan más de 4 millones de automotores y en alguna ocasión hace unos cuantos años escuché a un funcionario decir que había alrededor de 30 mil topes (seguro que ahora hay aún más). Entonces veamos qué sucede cada vez que un coche frena frente a un tope, o sea, se para y arranca (agradezco la información proporcionada por el doctor Arón Jazcilevich, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM). Como dice Arón: “cuando un auto arranca desde una velocidad cero, se incurre en un pico de emisiones (de CO2), ya que el motor trabaja contra la inercia por el peso del auto. Cuando un auto llega a una velocidad de crucero, sólo trabaja contra la fricción de la llanta, el motor y la transmisión, etcétera, por lo que se reducen las emisiones de CO2. Si la velocidad fuera constante se llegaría al mínimo de fuerza requerida para mantener la velocidad contra la fricción”. En una gráfica que me envió Arón de un trabajo publicado por él y colaboradores, hace cinco o seis años, se muestra que cada vez que un vehículo va circulando a velocidad constante, la emisión de CO2 disminuye, y si se para, baja a casi cero, pero al arrancar de nuevo las emisiones se elevan entre cinco y ocho veces más en microgramos por segundo. Ahora imaginemos lo que ocurre en la ciudad cuando los millones de automotores se tienen que detener y arrancar nuevamente n veces en las calles al enfrentarse a los miles de topes que aparecen por todos lados. En otras palabras, cada vez que arrancamos a partir de un tope, un vehículo emite de 50 a 80 microgramos de CO2 cada 10 segundos. Pensemos en los millones de coches y los miles de topes.

Me pregunto: ¿habrá alguien en la ciudad de México y en el estado de México, donde hay cientos de topes, que piense en el daño que genera en el medio ambiente tener este exceso de CO2 en nuestra atmósfera? Sé que esto no es lo único que daña o contribuye al deterioro y/o contaminación en la zona metropolitana, pero pregunto: ¿que no sería una estrategia sencilla, poco costosa y quizás muy eficaz en reducir la contaminación si las autoridades correspondientes, en lugar del bla, bla, bla sobre su preocupación por el calentamiento global y la contaminación, se pusieran a trabajar y quitaran todos los topes innecesarios que hay por ahí, que seguro serán miles; que se hiciera una campaña de educación vial en la población y se castigara realmente a los infractores que no cumplen con las mínimas reglas de civilidad?

Pregunto: ¿para qué quieren tener puestos en el gobierno las decenas de personas que por ahí pululan, si cuando lo logran no se ve mucho que trabajen en favor de los ciudadanos?

¿Será que sólo quieren estar en la nómina, pues el sueldo parece que es bueno?