Espectáculos
Ver día anteriorViernes 2 de marzo de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio

El documental de Alejandro Solar Luna se presenta mañana en la edición 27 del FICG

El paciente interno, metáfora de lo atroz que puede ser el Estado

El director partió del reportaje que Gustavo Castillo publicó en La Jornada sobre el asesino fallido de Díaz Ordaz, a quien recluyeron en un siquiátrico y terminó en la indigencia

Es víctima del sistema, la represión, el castigo y el olvido; es un sobreviviente, expresó el cineasta en entrevista

Foto
En 1970, Carlos Castañeda (en la imagen, en un fotograma de El paciente interno) atentó contra la vida del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz
Jorge Caballero
 
Periódico La Jornada
Viernes 2 de marzo de 2012, p. 7

El 17 de abril de 2004, en las páginas de La Jornada se publicó el reportaje de Gustavo Castillo acerca de cómo, en 1970, Carlos Castañeda atentó contra la vida del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz por haber ordenado la matanza de estudiantes el 2 de octubre de 1968.

Las cuatro entregas del sobresaliente trabajo de investigación de Gustavo Castillo llegaron a ojos de Alejandro Solar Luna, entonces estudiante del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ahora, siete años después, esta fascinación/hechizo por la historia de este fallido magnicida tiene su versión cinemática en el documental El paciente interno, que se presenta mañana en la 27 edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG).

–¿De dónde surgió el encanto por hacer este trabajo?

–Esta historia es inédita por sí misma. El primer enganche que tuve con la historia de Carlos Castañeda es que nací en 1968; soy de esa generación que porta ese estigma, del parteaguas que significó 1968. Además, me encontré con el reportaje de Gustavo al mes de haber nacido mi hijo, ávido de conocer el contexto en el que se insertaba; quería tener una especie de fotografía de actos en los que nació, y en ese momento había una efervescencia: sucedió el 11-M en Madrid, el desafuero de Andrés Manuel López Obrador estaba tomando mucha relevancia, y la guerra de Irak.

Tenía que filmar esta historia

“Entonces, encontrarme con el trabajo de Gustavo, de este frustrado magnicida que trató de vengar la matanza del 68, que vivía como indigente y era parte de nuestra realidad contemporánea, todo esto me impactó muchísimo y me imaginé que era un ejemplar de hace 40 años que estaba leyendo mi padre; o sea, desde mi perspectiva, este hombre encarna lo que tiene que ver con el olvido, con el castigo estatal, con la represión de la época, y supe que tenía que filmar esta historia; no lo dudé.

“Primero contacté a Gustavo para platicar con él, como fuente de inspiración para iniciar mi propia investigación; tenía que resolver esa parte intrigante, por qué lo había hecho o qué lo había movido a atentar contra Díaz Ordaz, y su circunstancia actual de estar olvidado y perdido en las calles de la ciudad de México.

–¿Por qué hasta ahora llega la cinta?

–Después de 2004 hice varios trabajos y colaboraciones; después la retomé para hacer mi primera película, en 2008. Primero pensé estructurarla como la búsqueda de Carlos Castañeda en cinema real, verité y espontánea; ir por ese submundo de los desposeídos, de los indigentes, las casas de asistencias, para que, paralelamente a la búsqueda, Gustavo Castillo, la abogada que lo liberó, el siquiatra que lo atendió y sus familiares contaran la historia de Carlos Castañeda, como metáfora del olvido y de lo atroz que puede ser el Estado cuando busca venganza. Pero todo eso cambió cuando lo encontré.

–¿Cómo cambió?

–Fue como una invocación. Cuando metí al desarrollo del proyecto en el Instituto Mexicano de Cinematografía empecé la investigación contactando a la abogada que lo liberó del hospital siquiátrico Samuel Ramírez Moreno, donde le hicieron un área especial para él solo, el Pabellón 6. En agosto de 2008 la abogada Norma Ibáñez, quien lo sacó, me avisa que lo tiene enfrente, en Paseo de la Reforma, pero no lo pudo retener, aunque le tomó una fotografía.

“El personaje existía y estaba en las calles, eso fue un poco lo insólito. Cuatro días después Norma Ibáñez se lo vuelve a topar y comienza a encontrarse con él en las calles de la colonia Cuauhtémoc en una de esas ocasiones, mientras pedía limosna, le dice que yo estaba haciendo una película sobre él y que quería conocerlo. Don Carlos le dijo a la abogada que todos los lunes asistía ahí a pedir limosna, pero después ya no apareció.

“Así pasó un año, y al primer día de haber retomado el rodaje y de haber hecho el trabajo con las cabezas parlantes que lo conocieron o sabían de la historia, como Gustavo Castillo, el primero y el más importante, me llama la abogada Ibáñez y me dice que Carlos Castañeda está frente a mi oficina. Llegó en el momento justo, porque tenía todos los medios para hacer la película y planear la estrategia. Incluso contraté una investigadora privada para que lo buscara y a la semana lo encontró.

Comencé a seguirlo y a filmarlo, y en la noche hice el primer contacto con él.

–¿Qué descubrió?

–A un hombre que quería contar su historia. No sabía cómo iba a reaccionar y si quería contarnos; a los 10 minutos de plática me dijo: ‘Yo le tiré un balazo al secretario de Defensa, pero yo quería matar a Gustavo Díaz Ordaz’. Quería contarme su historia y recordaba exactamente cómo había pasado. Claro que su manera de contarla era fragmentada, pero era exactamente como Gustavo la había documentado en La Jornada; ahí comenzó la película y cambió toda la estructura del documental, donde él cuenta su historia, validada con los testimonios de quienes lo conocieron en el albergue para indigentes, al cual ingresó en diciembre de 2010.

Sin respuestas concretas

“Lo que se puede ver en la película es un trabajo epopéyico de edición, porque es un hombre muy lúcido, pero muy inconexo en sus ideas; hace asociaciones de un lado a otro y se pierde en la charla original; no pude tener respuestas concretas a preguntas concretas.

El gran reto que me puse como realizador fue poner al personaje a la altura de su historia. Mientras más lo conocía me di cuenta de su peculiaridad, no sólo por lo que había hecho y sus consecuencias, sino por su condición de ser humano; salió no sólo este rostro obvio del Carlos víctima del sistema, de la represión, el castigo y el olvido, sino también el del sobreviviente, un hombre que había sobrevivido al atentado, al pabellón en el hospital siquiátrico, a la calle y al sistema... un sobreviviente en toda la extensión de la palabra.

El paciente interno se exhibirá hoy con la presencia del director, de Gustavo Castillo y de la abogada Ibáñez, en el Cinépolis Centro Magno, a las 17 horas.

Añadir un comentario