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Jeb y George Bush padre buscan la unidad para enfocarse en la campaña contra Obama

La cúpula republicana pide acabar ya la contienda y cerrar filas en torno a Romney

Cada vez más millonarios apoyan la candidatura del ex gobernador de Massachusetts

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El aspirante a la candidatura presidencial por el Partido Republicano Mitt Romney en un puesto de la Legión Americana ayer en Arbutus, MarylandFoto Ap
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 22 de marzo de 2012, p. 31

Nueva York, 21 de marzo. La cúpula del Partido Republicano, alarmada por la prolongación del proceso de elecciones internas para nominar a su candidato presidencial, dio pasos hoy para imponer orden y establecer que Mitt Romney será el coronado.

Jeb Bush, ex gobernador de Florida y una de las figuras de mayor influencia en el Partido Republicano, proclamó este miércoles su endoso a Romney y convocó al partido a cerrar filas. Se han realizado elecciones primarias en 34 estados y es tiempo de que los republicanos se unan en torno a Romney y llevar nuestro mensaje de conservadurismo fiscal y creación de empleo a todos los votantes este otoño, declaró.

Su padre, el ex presidente George H.W. Bush, también apoya a Romney, y cada día los millonarios que financian a los candidatos republicanos muestran mayor apoyo a Romney con millones de dólares en contribuciones a su campaña o a los extraños vehículos llamados súper comités de acción política que indirectamente canalizan fondos en apoyo de cada candidato sin tener que revelar su origen y sin límites legales.

Hoy Freedomworks, una de las grandes organizaciones de la llamada corriente Tea Party, encabezada por el ex líder legislativo Dick Armey, anunció que estaba anulando su oposición inicial a la candidatura de Romney. Aunque no fue un endoso, sí fue un mensaje claro desde otro lado del Partido Republicano –uno más conservador– de que estaban dispuestos a aceptar que Romney será el candidato y que la meta común es la derrota del presidente Barack Obama.

Todo esto da un impulso clave a la campaña de Romney que ha intentado convencer a las bases de su partido de que su nominación es inevitable. Romney cuenta con aproximadamente la mitad de los mil 144 delegados requeridos para obtener la nominación de su partido como candidato presidencial. Su retador más cercano, Rick Santorum, tiene más o menos la mitad de delegados que Romney. Hoy la campaña del ex gobernador de Massachusetts subrayó nuevamente que su ventaja es insuperable a estas alturas y que es hora de que sus contrincantes cedieran para que el partido pueda unificarse con un enfoque en las elecciones generales contra Obama.

Sin embargo, persiste un amplio rechazo a Romney entre bases conservadoras, sobre todo evangélicos, y hasta ahora Santorum y Newt Gingrich, insisten en que Romney no puede generar el consenso necesario para representar a estas bases del partido.

A la vez, si los grandes contribuyentes de fondos continúan migrando hacia Romney, como se espera sea el caso, y el resto de la cúpula republicana públicamente expresa que ya es poco realista que otro precandidato logre superar a Romney en la pugna interna para la nominación, el proceso interno podría culminar en los próximos días al imponerse un consenso sobre un partido hasta ahora muy dividido.

Santorum, después de una derrota muy clara en Illinois el martes, insiste en que su campaña es histórica y la más importante en 150 años, ya que lo que está en juego es la antorcha de la libertad que se ha pasado de generación en generación desde la fundación del país. Si no somos exitosos en esta elección, temo que seremos la generación que permitirá que se apague la antorcha, dijo el martes en su estado, Pennsylvania.

Pero a menos de que Romney cometa algún magno error, o se descarrile de alguna manera su campaña, todo indica que la antorcha de Santorum podría apagarse más pronto de lo esperado. Sin embargo, la razón por la cual tantos en la cúpula intentan apresurar el fin de esta fase interna del proceso electoral es justo porque temen que Santorum, y tal vez Gingirch, están dispuestos a batallar hasta la convención al rehusar aceptar la coronación de Romney, de quien sospechan es un liberal disfrazado que traicionará a los de la fe ultraconservadora en el partido.