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Un lugar cercano a la locura no busca víctimas ni culpables, dijo el autor en la presentación

Agustín Benítez recoge en una novela las voces de los jóvenes brigadistas del 68

Casi 44 años después ofrece una visión ligera, pero igual densa y ardorosa, refirió Pablo Espinosa

Alondra Flores
 
Periódico La Jornada
Domingo 15 de abril de 2012, p. 3

El 68 es una herida tan grave, tan fuerte, tan abierta en la sociedad mexicana, que cualquier roce toca los sentimientos de la nación, de mucha gente que vive lastimada, expresó el escritor y matemático Agustín Benítez durante la presentación de su novela Un lugar cercano a la locura.

A más de 40 años de distancia de los acontecimientos, la historia personal muchas veces contada en sobremesas, pero que no podía ser escrita, superó la depresión, la tristeza, otras veces el coraje y la indignación, para finalmente aparecer publicada de manera independiente, y presentada en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, alma máter del protagonista de la novela y del autor.

No se trata de una novela del 68, aclaró Benítez en el auditorio Carlos Graef. Pretendo que se vea como las vivencias de jóvenes brigadistas que participaron en ese movimiento estudiantil, su despertar al sexo, a la política, a la reflexión. La novela no juzga de ninguna manera un movimiento, no habla de víctimas ni culpables. Cuenta una historia, es una mirada desde abajo.

La efigie de Prometeo que se alza sobre la fuente central de la facultad apareció como símbolo de los estudiantes. Hablar del 68 en Ciencias es como que un sacerdote oficiara misa en la iglesia más representativa. Siempre ha servido como caja de resonancia para este y otros movimientos. Muchos no es explican por qué se da tal actividad política, dijo el autor.

Incluso, Benítez fue calificado como parte de la generación del fuego por el periodista Arturo Cano, uno de los presentadores del volumen. El 68 produjo una de las pocas generaciones históricas en el país en el siglo XX, afirmó el colaborador de La Jornada.

Nos dio además buena cantidad de libros testimoniales que examinan el movimiento y sus consecuencias. En ese hecho reside el primer reto al escribir la novela: Benítez optó por ofrecernos una mirada personal, de un escritor maduro, pero tratando de escribir como joven, recordar su etapa de brigadista raso. Chavos de facultad que sufren las contradicciones del movimiento, que descubren el amor al mismo tiempo que corren de la policía. Voces que lo azotan contra el tiempo, no le dejan vivo ni un hueso del alma.

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Benítez forma parte de la generación del fuego, afirmó el periodista Arturo CanoFoto Roberto García Ortiz

Faustino Sánchez, matemático y moderador de la presentación literaria, señaló que experiencias autogestivas en otras escuelas del país son impensables sin los vientos posteriores al movimiento estudiantil de la década de los 60 del siglo pasado. Aunque el autor de la novela nos aclara que esta obra suya no es sobre el 68, comentó, “su obra tiene mucho más que un tufo sesenta y ochero”, al que se suma una nostalgia de los tiempos idos con palabras y frases de esa época en el medio estudiantil: brigadear, volantear, botear o mimeógrafo, que formaban parte íntegra de la jerga de ese tiempo y que ahora simplemente están fuera de uso.

A Héctor Zúñiga lo despertó el silencio, citó la primera línea de la novela Pablo Espinosa –jefe de la sección de Cultura de La Jornada– en la presentación, donde el ominoso estruendo del silencio aparece como una constante metáfora en una estructura literaria que juega con el tiempo presente y el pretérito, en la historia de simples chavos, dueños de sus esplendorosos presentes y anhelantes de un mejor futuro.

La sencillez, aparente linealidad, el uso del lenguaje coloquial para narrar, son algunas de las cualidades que destacó Espinosa. Casi 44 años después de aquellos sucesos propone una visión humana, por tanto, profunda del holocausto de octubre de 1968. Una visión al mismo tiempo desenfadada y comprometida, es decir, ligera, pero igual densa y ardorosa.

Personajes vencidos, que trataron de dar salida a la frustración, son parte de Un lugar cercano a la locura. A veces sería bueno pensar en la literatura, y la escritura en particular, como una posibilidad de redención, de catarsis, de crítica, enojo e indignación, así dijo Benítez, tras vencer su propia frustración.