Opinión
Ver día anteriorJueves 19 de abril de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿Diferentes? No me hagan reír
E

l martes por la tarde me puse a ver en directo el encuentro entre panistas y peñistas pomposamente llamado (la) Mesa de la verdad. Aunque el objetivo era dirimir si el candidato del PRI mentía o no respecto al cumplimiento de los compromisos hechos durante la campaña para gobernador del estado de México, lo cierto es que el espectáculo, un paupérrimo ejercicio bipartidista, no dio para mucho. Quisieron los panistas dar un golpe de efecto que los priístas, sorprendidos, aceptaron en la lógica de crear la sensación de que son tolerantes y no rehúyen el debate. Pero, descontando el clima de celada, todo se quedó en el más puro nivel municipal, dicho con todo respeto, pues en las campañas edilicias se trata, en efecto, de poner en primer plano la cuestiones concretas (una obra inconclusa, un servicio denegado) que interesan a la comunidad. Pero tratándose de la campaña presidencial meterse a disputar si aquello era puente o una vialidad es un abuso moral contra la ciudadanía. Con los problemas que tiene el país y el mundo, da pena ajena que los equipos de campaña, y los propios candidatos que se dicen punteros, se enreden en estos jueguitos para eludir la confrontación necesaria sobre los grandes problemas nacionales.

¿Por qué, en lugar de rasgarse la vestiduras por el compromiso 127, partidos y candidatos no aceptan voluntariamente otros debates al margen del IFE, procurados por instituciones imparciales con autoridad moral como el IPN o la UNAM, para discutir asuntos precisos con absoluta libertad? En vez de gastar energías en las discusiones generales prefabricadas u oficiales, que suelen ser torneos de frases hechas, reuniones así permitirían conocer a través de un tema específico de real importancia cuál es la visión de cada aspirante, su capacidad para diagnosticar y ubicar la médula de los problemas y, en definitiva, el alcance de sus propuestas. Nos liberaríamos de la saturación publicitaria para buscar, si las hay, ideas útiles, definiciones, programas. Veríamos si, además de sonreír, los aspirantes piensan con cabeza propia. Puede ser en vano, pero vale la pena el intento de superar la democracia de la banalidad que hoy desalienta e irrita a los ciudadanos.

Es verdad que la agenda nacional es muy variada y compleja, pues todo se encuentra interrelacionado, pero hay temas cuya trascendencia es obvia para hoy y mañana. Pongamos tres de ellos: petróleo, educación y empleo (incluida la reforma laboral congelada en el Congreso).

Si dos, tres o cuatro candidatos decidieran que esos son problemas de interés general, una discusión libre y abierta entre ellos nos mostraría, sin necesidad de guerras de lodo, cuáles son las diferencias programáticas que están en juego. Veríamos cómo se desempeñan sin el espejo mercadotécnico, al natural. Y descubriríamos, más allá del escándalo o la trivialización, las coincidencias no asumidas que en esta campaña están adquiriendo una importancia vital para mantener a la vanguardia a Peña Nieto y grupos que lo apoyan y protegen. ¿Dirían los panistas que mantienen una diferencia de fondo con Peña Nieto cuando Josefina propone reglas más amigables para invertir en petróleo, escudándose en la Ley de Asociaciones Público-Privadas, si en el mismo foro Peña Nieto repite (ver nota de Rosa Elvira Vargas) que él quiere una reforma energética que dé apertura al sector privado en las áreas de exploración y refinación en la industria petrolera?

¿Cuál diferencia podría invocar la señora Vázquez Mota al decir con voz meliflua: Lo último en mi agenda como presidenta de México sería la expropiación, mi camino es el de la libertad, palabras que ilustran el desprecio cuasi foxista por la historia pero sobre todo anuncian lo que sería la vida bajo su mandato . Nada la distingue del bloque que ha gobernado el país durante las últimas décadas. Ese es el problema de esta sucesión: aunque parezca muy elemental hay un hecho que pesa y mucho; el PAN y el PRI están atados a la misma cuerda aunque se repelan desde una perspectiva clasista y cultural. Ahí está la causa por la cual el panismo que en el 2000 se beneficio con la consigna de sacar al PRI de Los Pinos hoy no logra verbalizar el sentido de la restauración, pues sabe que más allá de usos y costumbres ambos vigilan los mismos intereses y son servidores de una ideología común, cuya peor expresión, si cabe decirlo así, se puso de manifiesto con la condena presidencial a Argentina por la decisión soberana de expropiar la empresa Repsol. El Presidente y su candidata se vistieron con la casaca de la trasnacional que la derecha peninsular identifica con España, como en su tiempo la bananera United Fruit se alzaba por estos lares como el intocable corazón del imperio. ¿Y el PRI? Más cauto, Peña dijo que respeta la decisión del gobierno argentino, aunque señaló que no la comparte, porque esto resta confianza al sector privado para la inversión. O sea: el mismo catecismo sin la estridencia presidencial.

Sólo López Obrador, que está en contra de la política energética oficial, sostuvo la necesidad de mantener vivos los principios de autodeterminación y no intervención en el caso de la expropiación argentina. Y pidió algo más: transparentar el origen de los contratos negociados por el panismo con Repsol, cuyo peso en la economía nacional sigue creciendo bajo la protección del calderonismo.

La tragedia del PAN en estas elecciones es la imposibilidad de diferenciarse en las grandes cuestiones que el país tiene por delante. Tómese el caso de la reforma laboral que tanto le preocupa al PAN y se verá que Josefina suscribió la iniciativa priísta y la volvió a presentar como si fuera propia. Y así en otros asuntos relevantes como el futuro de la educación, tan agraviada por los privilegios y el descuido oficialista. ¿Estarían Peña y Josefina dispuestos a erradicar el cacicazgo sindical, como llamó López Obrador a la dictadura de La Maestra en el SNTE, sin enterrar a la educación pública, tan mal vista por el Opus Dei y los asesores empresariales que forjaron sus carreras de éxito? ¿Habrá alguna razón para que el Yerno Mayor declare que él, candidato del Panal, votará por Peña Nieto y no por su desmelenado abanderado? Veremos.

A Elma Gottdiener y a las familias de los estudiantes de Economía, con afecto.