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Derechos y realidad

Cerillos tienen obligaciones, pero ninguna prestación

Denuncia Prodesc abuso laboral de Wal-Mart contra menores de edad
Susana González G.
 
Periódico La Jornada
Domingo 29 de abril de 2012, p. 5

De todo el personal que trabaja para Wal-Mart, la mayor explotación se perpetra contra los niños: al trabajar como empacadores o cerillos firman con- tratos sin recibir salario ni prestaciones y ni siquiera tienen un turno garantizado como el resto de los empleados, pero deben cumplir con todas las obligaciones de éstos y llegan a trabajar más de 10 horas diarias, cuando la legislación laboral establece un máxino de seis horas para su edad, detalla el Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Prodesc) en su libro Lo barato sale caro.

Se trata de una de las primeras investigaciones de organizaciones sociales sobre las prácticas laborales del corporativo y que son violatorias de la legislación mexicana.

Wal-Mart obliga a veces a los empacadores a pagar por trabajar. Adolescentes de 14, 15 y 16 años tienen que pagar un adelanto para acatar el código de vestimenta de la empresa, aunque la ley determina que los empleadores deben proporcionar uniformes a sus empleados, refiere Prodesc en los resultados de las entrevistas que realizó a 80 cerillos en 18 tiendas del Distrito Federal entre 2005 y 2006, periodo que coincide con los supuestos sobornos por un total de 24 millones pagados a funcionarios mexicanos para permitir a la trasnacional extender sus operaciones en el país.

Los menores en Wal-Mart laboran bajo condiciones de empleados regulares, pero se les niega una relación formal y las garantías y prestaciones legales que vienen con ella. La empresa les exige firmar contratos reconociendo sus obligaciones con la empresa, sin ofrecerles nada a cambio. A pesar de su estatus informal, los empacadores tienen responsabilidades reales: se les requiere llevar uniforme, llegar a tiempo a sus turnos o arriesgarse a ser castigados con horas extra, trabajo en horas inconvenientes e incluso la pérdida de sus puestos, abunda el documento.

Oficialmente la empresa aseguró entonces que sí les entregaba uniformes, pero eran tan viejos y sucios que los niños tuvieron que comprar otro.

Prodesc también expuso la indefensión que enfrentan los menores ante acusaciones de robo o de maltrato de mercancías por parte de clientes, supervisores u otros empleados, ya que no se les permite refutarlas y tienen que pagar los artículos.

A estos niños y al personal de los estacionamientos que tampoco reciben salario ni prestaciones, Wal-Mart los llama voluntarios, mientras que a sus empleados los cataloga como asociados.

Sin embargo, Prodesc sentencia que los menores tienen tantas obligaciones que es imposible distinguirlos de los empleados regulares, la única diferencia es que no les paga ni reciben los beneficios que la ley garantiza, ni siquiera la garantía de seguridad en el empleo, ya que los contratos que firman son temporales.

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