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El grupo Gangster Fury cantó con éxito ante 200 reclusos

Pandilleros presos de la M-18 festejan a ritmo de rap tregua con la MS-13
Afp
 
Periódico La Jornada
Martes 8 de mayo de 2012, p. a13

Quezaltepeque El Salvador, 7 de mayo. Tres pandilleros de la Mara 18 (M-18) recluidos en una cárcel de El Salvador formaron la banda Gangster Fury, que pese a su temible nombre sólo canta a ritmo de rap a la relativa paz, surgida de una tregua entre las dos grandes maras del país.

Integramos el grupo para animar este proceso de paz con nuestras interpretaciones, declaró Mario Hernández, joven de 20 años preso en el hacinado centro penal de Quezaltepeque, al norte de San Salvador, al igual que sus compañeros de banda, José Menjívar, de 25, y Óscar Montano, de 22.

La idea de crear este grupo surgió antes del 9 de marzo pasado, cuando las principales pandillas salvadoreñas, la M-18 y la Mara Salvatrucha (MS-13), acordaron no atacarse mutuamente en su larga guerra por el control de territorios.

La tregua, mediada por el vicario castrense Fabio Colindres y el ex diputado y otrora comandante guerrillero Raúl Mijango, ha sido doble. No sólo terminó el enfrentamiento entre estas maras, sino que también disminuyó la violencia contra la sociedad.

Esto se reflejó en una reducción del número de homicidios, que de un promedio diario de 14 pasó a cinco.

En un nuevo gesto de conciliación, las pandillas prometieron el miércoles el cese del reclutamiento forzoso de jóvenes y declararon las escuelas zonas de paz, pero dijeron que no pueden renunciar a las extorsiones a la población mientras el gobierno no les abra oportunidades laborales.

El miércoles, en un salón de 40 metros cuadrados frente a unos 200 pandilleros profusamente tatuados, y con una temperatura a la sombra de 36 ºC, los Gangster Fury cantaron sus primeras tres composiciones: Reflexión, Niños pobres de la calle y Madre mía.

“Yo, Ganster Fury, sí somos gente/ y vamos p’alante tirando la semilla/ y cosechando la verdad,/ quitando las barreras que nos puedan estorbar,/ pues lo hago por mi gente que quiere vivir en paz”, dice una de las estrofas de Reflexión.

Los internos, ataviados la mayoría con camisetas blancas, aplaudieron emocionados, identificados con el mensaje y el contagioso ritmo del rap.

El recinto, construido para 200 internos pero que alberga 812 hombres, 84 mujeres y 19 niños (hijos de las reclusas), es ejemplo del grave hacinamiento que caracteriza a las cárceles salvadoreñas.

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