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Homenaje nacional en el Palacio de Bellas Artes culminó con el Himno Nacional

Las cenizas de Carlos Fuentes, a Montparnasse, junto a sus dos hijos

Funcionarios, escritores, familiares y amigos encabezaron las primeras guardias de honor

A la llegada y salida del féretro, Silvia Lemus recibió muestras de afecto de cientos de lectores

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Felipe Calderón, Cecilia Fuentes Macedo, Rosalinda Bueso, Consuelo Sáizar, Silvia Lemus, Margarita Zavala, Marcelo Ebrard y José Ángel Córdova montaron la primera guradia de honor ante el féretro con los restos de Carlos FuentesFoto Francisco Olvera
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José María Pérez Gay y Silvia Lemus acompañan a Carlos Fuentes durante el homenaje que se rindió al literato en el Instituto Politécnico Nacional, el 20 de noviembre de 2008Foto Yazmín Ortega Cortés
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Durante una entrevista con La Jornada en su casa de San Jerónimo, el pasado 17 de enero, junto a las fotografías de sus hijos Natasha y CarlosFoto Carlos Cisneros
Ángel Vargas y Carlos Paul
 
Periódico La Jornada
Jueves 17 de mayo de 2012, p. 2

Las cenizas de Carlos Fuentes, quien falleció el martes a los 83 años en la ciudad de México, serán trasladadas a París, Francia, para ser sepultadas en el cementerio de Montparnasse al lado de los restos de sus hijos Carlos y Natasha.

Así lo informó ayer su viuda, Silvia Lemus, quien explicó que de esa manera se cumplirá un deseo expreso del escritor, si bien aceptó que todavía no se ha precisado la fecha.

Al término del homenaje que el gobierno federal rindió a Carlos Fuentes en el Palacio de Bellas Artes, Silvia Lemus agradeció las muestras de afecto del pueblo de México para su marido.

Acompañada por Cecilia Fuentes Macedo –hija del autor de Aura y la actriz Rita Macedo–, la periodista comentó que las últimas palabras del autor fueron sí, güerita –como le decía a ella de cariño–, cuando le planteó ir al hospital, donde finalmente falleció.

Discurso y gazapos

En su turno al habla, el último dentro del protocolo, el presidente Felipe Calderón enfatizó que con Fuentes fallece uno de los más grandes escritores mexicanos de todos los tiempos, quizá, el más reconocido y el más admirado en este siglo XXI.

En un extenso discurso, que no estuvo exento de algunos gazapos, entre ellos rebautizar la novela La región más transparente como La región más transparente del aire, el jefe del Ejecutivo destacó que son varias las generaciones de mexicanos las que han disfrutado de la prosa de este autor, de su imaginación, la claridad de su lenguaje, su reflexión puntual y erudición, así como de sus enseñanzas, consejos y críticas.

Entre otros aspectos, Calderón evocó lo dicho por el autor de Aura acerca de que mediante la novela el hombre es reintroducido a su destino, a su lenguaje; y, a manera de rúbrica, subrayó que el mejor homenaje para aquél será leerlo.

Él vivirá en sus obras, en su palabra, en varias generaciones de mexicanos, enfatizó. Ni su pensamiento, ni sus libros, ni su crítica, morirán jamás. Carlos Fuentes ha muerto, para ser amado más.

La ceremonia comenzó en punto del mediodía, luego de que la carroza que transportó los restos del Premio Príncipe de Asturias en 1994 se estacionó frente la entrada principal del Palacio de Bellas Artes. En ese momento fue anunciada la llegada del Presidente y su esposa, Margarita Zavala.

Tomada del brazo por Consuelo Sáizar, titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), Silvia Lemus había descendido un par de minutos antes por la alfombra roja que fue dispuesta a lo largo del vestíbulo, las escalinatas y hasta la entrada del recinto.

Un grupo de trabajadores de la agencia funeraria bajó el ataúd de fina madera de la carroza para introducirlo al inmueble, donde fue colocado en medio del vestíbulo principal, cuya pared frontal yacía cubierta completamente por un lienzo negro. Justo a la mitad de éste, una manta blanca destacaba el nombre de Carlos Fuentes y los años de su nacimiento y muerte, 1928-2012.

El cortejo ingresó al edificio, con Silvia Lemus a la cabeza, acompañada por Felipe Calderón, Margarita Zavala, Bertha Fuentes (hermana del escritor), Cecilia Fuentes Macedo, José Ángel Córdova Villalobos, secretario de Educación Pública; la presidenta del CNCA, así como el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, y su esposa, Rosalinda Bueso.

Casi de inmediato, una bandera de México fue colocada encima del féretro, a cuya cabeza se encontraba dispuesta una fotografía en gran formato, blanco y negro, con el rostro sonriente del autor de La región más transparente, en su estudio.

Ocho coronas fúnebres, entre ellas una de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, y varios arreglos florales níveos completaron la postal. También había una corona enviada por Josefina Vázquez Mota, aunque fue puesta en un lugar poco visible, en uno de los costados de la cafetería del palacio.

Correspondió a Consuelo Sáizar pronunciar el primero de los cuatro discursos de los que constó la ceremonia, la cual duró casi una hora y a la que, en principio, sólo tuvieron acceso familiares y amigos del escritor, entre ellos varios personajes de la cultura nacional, como los escritores Elena Poniatowska, La China Mendoza, Emmanuel Carballo y Víctor Flores Olea; el pintor José Luis Cuevas, el ex rector Juan Ramón de la Fuente y el rector José Narro Robles, el historiador Enrique Florescano, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma y el político Porfirio Muñoz Ledo

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La escritora Elena Poniatowska junto al féretro de su amigo en el recinto de avenida JuárezFoto Francisco Olvera
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José Luis Cuevas al realizar una guardia de honor al autor de En esto creo en el Palacio de Bellas ArtesFoto Francisco Olvera
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El autor de La región más transparente durante una visita al Museo de Antropología e HistoriaFoto Paulina Lavista

A ellos se sumaron políticos, funcionarios públicos y decenas de periodistas de radio, televisión y prensa, además de un inocultable dispositivo humano de seguridad.

Antes de que el escritor y ensayista Federico Reyes Heroles, Marcelo Ebrard y Felipe Calderón, en ese orden, pronunciaran sus discursos, el chelista Carlos Prieto interpretó la sarabanda de la Segunda suite para violonchelo solo, que escribió Johann Sebastian Bach con motivo del fallecimiento de su esposa.

Era un silencio estridente el que imperaba en el lugar, sólo roto por el molesto rumor de los interminables clics y flashazos de los fotoperiodistas, así como los aparatos de intercomunicación de las decenas de guaruras dispuestos en todo el edificio.

Afuera, resistiendo de forma estoica el despiadado calor del mediodía, se encontraban decenas de lectores y seguidores de Carlos Fuentes, tras las vallas metálicas que el Estado Mayor Presidencial dispuso en torno de Bellas Artes. Fue una espera, para muchos, de más de dos horas, ya que el recinto abrió sus puertas al público en general 15 minutos después de la una de la tarde.

Breve, Marcelo Ebrard improvisó su participación, durante la cual definió a Fuentes como abogado de la esperanza mexicana, debido a que de forma constante expresaba su indignación por la escandalosa desigualdad social que priva en el país.

“Lo vi preocupado, pero nunca decepcionado de la grandeza mexicana, siempre confiado; siempre esperando el futuro mejor, progresista y liberal, nacionalista, patriota, resaltó.

Carlos, no te has ido, no te vayas, estás con nosotros, ésta es tu ciudad, es tu país, nos has formado a muchos, a muchas. Tus obras van a perdurar y, sobre todo, tu pasión y militancia por el futuro de México que sembraste va a seguir con nosotros y al final se demostrará que siempre tuviste razón: Que es un gran pueblo, una gran civilización, una gran cultura .

Tras pedir un minuto de aplausos, el gobernante local participó en la primera guardia de honor que se montó ante el féretro, al lado de Silvia Lemus, Felipe Calderón, Margarita Zavala, Consuelo Sáizar, Cecilia Fuentes Macedo, Rosalinda Bueso y José Ángel Córdoba Villalobos.

La intervención de Federico Reyes Heroles se dio a nombre de la familia Fuentes Lemus, por la cercanía y amistad que tuvo con el escritor.

En su discurso, el escritor y ensayista destacó la generosidad del autor para con los jóvenes escritores, su tiempo para ser hombre de letras, hombre de pensamiento y hombre crítico.

Una vez que el palacio fue abierto al público, en medio de mala organización y desorden, las centenas de personas que aguardaron pacientes el término del acto oficial comenzaron a entrar en tandas de tres o cuatro decenas.

Algunos se santiguaban ante el ataúd, otros bajaban la cabeza en señal de respeto; había quienes portaban retratos, mantas con fragmentos de la obra de Fuentes o vivas para él.

Fue un tránsito humano interminable de más de seis horas, durante las cuales se escucharon innumerables ovaciones, aplausos, gritos de Viva y Carlos, Carlos, porras, goyas universitarias. Los lectores, de todas las edades, y el autor, en una temporal despedida.

Al filo de las seis de la tarde, llegó al Palacio de Bellas Artes una orquesta de aproximadamente 30 integrantes para tocar el Himno Nacional mientras hacían la última guardia Silvia Lemus, la titular del CNCA y el jefe de Gobierno del DF.

Luego de ese reconocimiento, alrededor de las 18:30 horas el féretro con los restos de Carlos Fuentes fue sacado del Palacio de Bellas Artes y subido de nueva cuenta a la carroza, entre aplausos y vivas de decenas de personas que yacían en la explanada del céntrico recinto.

El vehículo partió en medio de esa emotiva despedida rumbo a la agencia Gayosso, donde el cuerpo fue reducido a cenizas. Su próximo destino: el cementerio de Montparnasse.

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