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Obra contemporánea cubana protagoniza la decimoprimera edición de la cita cultural

La Bienal de La Habana es patrimonio de una sociedad que ya no teme a los museos

A 28 años de su creación ha transformado la geografía del arte en el mundo, dice funcionario

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En el complejo El Morro-Cabaña se presentan más de 100 proyectos con diversos discursos, materiales y objetivos, pero con un mismo hilo conductor: su empatía con los visitantesFoto Mónica Mateos-Vega
Mónica Mateos-Vega
Enviada
Periódico La Jornada
Lunes 21 de mayo de 2012, p. 7

La Habana, 18 de mayo. El arte contemporáneo cubano, con obras que sacuden la imaginación por su ironía y voluptuosidad, es el protagonista principal de la 11 Bienal de La Habana, en la cual participan, además, artistas invitados de 43 países.

Se trata de una de las citas más esperadas en la ciudad, con una enorme cantidad de público local disfrutando de ella: niños, jóvenes y adultos que, a diferencia del que acude a otros encuentros similares en Europa y Estados Unidos, no son iniciados o expertos, sino simplemente personas instruidas, que han perdido el miedo a los museos, a las galerías, pues saben que la bienal es, ante todo, patrimonio de la sociedad, señala Rubén del Valle, presidente del Consejo Nacional de Artes Plásticas en Cuba.

Desde su fundación, en 1984, el encuentro artístico ha tenido la perspectiva de desbordar las galerías y museos para tomar las calles e ir a la búsqueda y encuentro de públicos, añade el funcionario en entrevista con La Jornada.

Pero nunca como ahora tendrán lugar tantas acciones en espacios abiertos, derivados de, al menos 10 proyectos colectivos realizados por 178 artistas, sin contar las exposiciones en recintos cerrados.

Puertas que conducen a mundos imaginarios, un galeón cuyas velas plasman las ideas de los niños acerca de la tolerancia o la edificación de una utópica ciudad generosa en un amplio solar, son algunas de las piezas con las que propios y extraños se topan en su andar por La Habana, en estos días bajo el encanto fantasmagórico de una pertinaz lluvia.

Tan sólo sobre el emblemático malecón se ubican 15 obras que hacen las delicias de quienes pasean ahí: espejos que reflejan el mar, columnas de orejas atentas al rumor de las olas, rehiletes blancos acariciados por la brisa.

Pero la bienal también llega a los barrios alejados del centro histórico de la capital y a las provincias, pues si el arte no va a Mahoma, Mahoma va al arte, ese es el espíritu. Hablamos de arte de vanguardia, con un discurso contemporáneo que interactúa en el espacio propio del espectador. Si bien no diría aún que el público cubano es experto, pienso que ya está entrenado en cuestiones de sucesos culturales, se involucra, añade Del Valle.

Esto se puede apreciar, principalmente, en el complejo El Morro-Cabaña, donde se presenta la producción artística cubana reciente: más de 100 proyectos con diversos discursos, materiales y objetivos, pero con un mismo hilo conductor: su empatía con los visitantes.

Las bodegas y cuartos del que fuera el complejo militar más grande de América en 1774 muestran la diversidad del arte cubano que, hoy por hoy, señalan los críticos, está marcando pauta: frágiles y poderosos grabados en vidrio, cuerpos de lodo que se derriten lentamente, dinero de madera a punto de desmoronarse, demonios impúdicos, lo kitsch disfrazado de elegancia, críticas a una actualidad convulsa, sobre todo, propuestas alejadas de la moda y los designios del mercado del arte que se encuentra más allá del mar.

Ahí están los artistas hablando con las madres de familia que se hacen un tiempo mientras los hijos están en la escuela, con los muchachos que tal vez se decidan a estudiar pintura, con las abuelas que preguntan cómo se confeccionó tal pieza, con los más de mil turistas estadunidenses que han ingresado a la isla sólo para conocer el arte cubano.

No pide nada a la de Venecia

La Bienal de La Habana, especialmente esta edición, no tiene nada que envidiar a la de Venecia, porque el encuentro italiano es más un mercado de arte en donde ya no hay nada que descubrir. Todo lo contrario pasa en Cuba: aquí hay propuestas, es un ejemplo para otras bienales, señala Gilbert Brownstone, presidente de la fundación que lleva su nombre, una de tantas instancias privadas que apoyan económicamente la realización del encuentro.

Añade que mientras en otros lugares “el mercado está matando al arte, mientras aquí se integra con la sociedad. Claro, los artistas cubanos necesitan vender sus obras afuera de la isla, pero no es ese su objetivo al crear.

“Además, considero que no hay otro país en el mundo donde el público esté mejor preparado para apreciar el arte que en Cuba, porque aquí se ha hecho más que ningún otro para la masificación cultural. Con cualquier habanero en la calle se puede hablar de filosofía, de libros; eso no pasa ni en Estados Unidos

La fundación, y yo personalmente, no podemos sino admirar, con el esfuerzo que presupone observar de frente la radiante luz, todo lo que Cuba, una pequeña isla bloqueada, trata y logra construir para su pueblo.

Una de las primeras instalaciones que sorprendió a la ciudad fue el barco de la tolerancia, proyectado por Ilya y Emilia Kabakov, artistas nacionales formados en Rusia.

La embarcación está enclavada en una de las calles de acceso a La Habana vieja, sus velas muestran dibujos hechos por niños con mensajes en favor de la paz y la convivencia. Durante la construcción del barco se realizó un encuentro de estudiantes de música cubanos, rusos y estadunidenses, con una multitudinaria afluencia de público.

Dice el especialista mexicano Cuauhtémoc Medina que el espectador cubano es el sueño de cualquier curador porque existe, y es cierto, destaca Rubén del Valle.

El presidente del Consejo Nacional de Artes Plásticas explica que ello se debe la gran inversión que el gobierno de Cuba ha hecho siempre a los temas educativos, con la convicción de que “uno de los pilares para el desarrollo de una sociedad es la cultura. Por ello, se impulsó un programa de formación de instructores de arte en todo el país, con más de 30 mil participantes que han recorrido la isla, además de escuelas de arte en todas las provincias.

“También han contribuido los medios, que no obstante tener una tendencia a ser banalizadores de la cultura, con todo y sus contradicciones, han servido para poner a las grandes masas en contacto con las propuestas de vanguardia. Todo eso es resultado de una voluntad política, pues más allá de los problemas que tenemos, de la falta de recursos o de los errores políticos, es indiscutible que la cultura ha estado siempre en el proyecto de nación que defiende la Revolución Cubana.

La Bienal de La Habana (inaugurada el pasado 11 de mayo, con duración de un mes) es resultado de esas ideas, y hoy día, a 28 años de su creación, es el acto que logró transformar la geografía del arte en el mundo, los dicen los críticos en todos lados. Nuestro reto, por tanto, es no dejar de existir, concluyó el funcionario.