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Sin pretenderlo, fotos suyas se han convertido en obras de arte: Rodrigo Moya

Adiós al último de los fotorreporteros clásicos; su voz era la imagen

Salió a la calle a buscar al pueblo, en manifestaciones, obreros, estudiantes, huelguistas, afirma Raquel Tibol

México pierde una luz que lo iluminaba todo: Cristina Pacheco

Él no escuchaba la vida, no lo llenaban la palabras: lo suyo sólo podía ser relatado en imágenes, dice Jorge Padilla

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La célebre imagen de David Alfaro Siqueiros, El Coronelazo, Lecumberri, México, DF, 1960Foto Héctor García
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HÉCTOR GARCÍA EN IMÁGENES. Manifestación de estudiantes, maestros y trabajadores ferrocarrileros. México, DF, 1958
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HÉCTOR GARCÍA EN IMÁGENES. Bayoneta calada, el Ejército en Tlaltelolco. México, DF, 2 de octubre de 1968
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HÉCTOR GARCÍA EN IMÁGENES. Niño en el vientre de concreto. México DF, 1953
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Adolfo Sánchez Vázquez, Héctor García, Elena Poniatowska y Luisa Josefina Hernández Lavalle durante la entrega del Premio Nacional de las Artes, que recibió el fotógrafo en 2002Foto Cristina Rodríguez
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Camerino callejero, México, DF, 1950Foto Héctor García
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HÉCTOR GARCÍA EN IMÁGENES. Entrada de artistas. México, DF, 1958
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HÉCTOR GARCÍA EN IMÁGENES. Volando sobre la ciudad, Gloria Mestre. México, DF, 1956
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HÉCTOR GARCÍA EN IMÁGENES. ¡Córrele!. México, DF, 1947
Arturo Jiménez, Ángel Vargas Merry MacMasters y Reyes Martínez
 
Periódico La Jornada
Domingo 3 de junio de 2012, p. 5

Con la muerte de Héctor García, desaparece el último de los grandes fotorreporteros clásicos del país. Su trabajo marcó una pauta dentro de la fotografía mexicana, en la que se sobrepasó el límite de la foto documental para convertirse en pieza artística.

En lo anterior coinciden diversos personajes de la literatura, la crítica de arte y la fotografía nacional, los cuales destacan, asimismo, la consciencia y el compromiso sociales que guiaron siempre el quehacer de aquel profesional.

A continuación, algunas de las reflexiones y opiniones recabadas por La Jornada:

Raquel Tibol, crítica de arte: Héctor García, junto con Nacho López, pertenece a la generación que, sin ser específicamente reporteros de temas policiacos, salió a la calle a buscar al pueblo, en manifestaciones, obreros, estudiantes, huelguistas.

Por la cámara de ambos pasó la huelga de ferrocarrileros, la de médicos y todo el movimiento del 68. El que más fotografió el movimiento del 68 fue Héctor García, es decir, no tuvo miedo.

De la generación anterior, los que fotografiaron a Nahui Olin, el manifiesto fotográfico de Tina Modotti es el que abre la consciencia para un nuevo tipo de fotografía pública comprometida.

Sentido de época

Es la generación de Héctor García y Nacho López la que echará a andar esa cuestión, después ya vienen muchos, pero ellos son puntos claves de la evolución. Se tiene una consciencia de clase, consciencia espiritual, sentido de época, etcétera, algo diferentes, pero estaban en algo similar, cubrían un vacío que todavía no se había empezado a llenar.

¿Qué pintores escribieron sobre Héctor García? Nada menos que Diego y Siqueiros. ¿Cuál es la fotografía más divulgada de Héctor García, quien tomó en la cárcel muchas fotos de Siqueiros?

Está, por ejemplo, cuando está pintando el retrato de Alfonso Reyes, pero la más divulgada, porque Siquieros hizo un cartel con ella, es cuando está agarrándose de la reja, que publicó con el poema de Neruda, Aquí te dejo con la luz de enero el corazón de Cuba libertada, y no olvide Siqueiros que te espero en mi patria volcánica y nevada... Es la fotografía que recorrió el mundo y todavía se sigue publicando.

Rodrigo Moya, fotógrafo: Héctor es uno de los pilares del fotoperiodismo en México. Su tenacidad: 60 años de cubrir la información periodística siempre con esa línea, el fotoperiodismo sin pretensiones de ser artista. Sin embargo, fotos suyas se han convertido en obras de arte, han sobrepasado el límite de la foto documental para convertirse en piezas artísticas. Su trabajo marca una pauta, un jalón en la fotografía mexicana. Es el último de los grandes fotorreporteros clásicos.

Cristina Pacheco, escritora y periodista: Con la muerte de Héctor García México pierde una luz que lo iluminaba todo.

Víctor Flores Olea, escritor, fotógrafo y diplomático: Claro que es una pérdida muy sensible para la fotografía mexicana la partida de Héctor García, sobre todo para lo que se ha llamado fotoperiodismo, del que fue uno de sus representantes más conspicuos, uno de los más notables al lado de Nacho López y de otros jóvenes de gran talento. ¿El fotógrafo de la ciudad de México? Sí, otra vez al lado de Nacho López, sin olvidar que fue también fotógrafo de grupos y tra-diciones indígenas, en sus ilustraciones por ejemplo de varios libros de Fernando Benítez, principalmente Los Indios de México. En su obra Héctor García nos recuerda algo fundamental: que la fotografía es sobre todo, digamos, una ilustración de vida. Y nos dice que los grandes fotógrafos han de sumergirse, sí, decididamente en los objetos o sujetos que procuran captar, sin regateos de ninguna especie. Y que de ello depende la calidad, la fuerza de sus imágenes. Y en esto Héctor García fue absolutamente ejemplar, de allí la intensidad excepcional de buena parte de su obra. Decía hace un momento: ilustración de vida, esto es, vida en un instante de Héctor García que nos ha entregado en imágenes notables, que nos hacen pensar y soñar en otras vidas, las que ha capturado para siempre con su lente y que también nos enseñan, nos enseña Héctor, lo que ha sido México y lo que es México. ¡Muchas gracias Héctor!

Enrique Villaseñor, fotógrafo y director de proyectos de la Galería Fundación Héctor García: “Héctor es un coloso de la fotografía y para mi significó, además de eso, un gran amigo y maestro. Le debo aparte de su amistad y su confianza, el haberme permitido compartir muchos trechos de la vida y haber caminado algunas cosas junto con él. Héctor ha significado una enseñanza de lo que es amar la vida, vivir la vida intensamente, pero además, dar a otros lo que nadie es capaz de dar, por su talento y por su generosidad. Siempre estaba abierto a compartir lo suyo, aceptaba lo de uno y se interesaba en los demás, los amigos. Hicimos muchos proyectos juntos. Seguramente nos va a estar retratando con su Leica desde arriba.

Creo que su trabajo ha sido suficientemente reconocido, ahora mismo, con la fundación museo que tiene. Siempre fue reconocido. En cierta forma fue un fotógrafo de Estado, ligado al Estado. Y no se puede decir que haya sido olvidado o marginado. No es un crítica. Es una observación. Murió en pleno reconocimiento.

Coincidimos en algunos trabajos. fuimos amigos no muy cercanos porque yo me retiré de la foto de prensa hace años, luego coincidimos en eventos culturales.

Pablo Ortiz Monasterio, fotógrafo y editor. Quizá fue el primer fotógrafo que conocí en mi vida, a principios de los años 70, a través de Alberto Gironella. Me cayó muy bien, era muy simpático, vital, bien parrandero, se ponía unas borracheras tremendas con Gironella. Yo era un jovencito que miraba a estos dos monstruos. Desde ahí le tomé mucha admiración y cariño.

De su trabajo hay un momento climático, en 1958, cuando publica en la revista Ojo, que valía un peso y de la que sólo salió ese número, un reportaje sobre el movimiento de los ferrocarrileros de Demetrio Vallejo y las manifestaciones estudiantiles vinculadas a esa protesta. Es un hito en la fotografía mexicana y en la manera de publicar la fotografía. Ahí se ve el oficio de Héctor, de andar en la calle, del fotoperiodista que detecta lo importante, desde dónde mirarlo y cómo contarlo y comunicarlo.

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HÉCTOR GARCÍA EN IMÁGENES. Nuestra señora sociedad. México, DF, 1947
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HÉCTOR GARCÍA EN IMÁGENES. Tláloc. En la esquina de las calles Pedro Moreno y Zaragoza, colonia Guerrero. México, DF, 1960
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HÉCTOR GARCÍA EN IMÁGENES. La ayudante del circo. México, DF, 1950

Me parece que junto con Nacho López, son las dos figuras fundamentales de mitad del siglo XX, que de alguna manera llevaron el fotoperiodismo a un nivel que no es sólo la referencia de lo que sucedió sino una mirada sobre la realidad política y social de México a través de la fotografía. Por ello, lograron que al final del siglo XX sus imágenes no sólo estuvieran en los archivos de los periódicos, sino en el Museo de Arte Moderno, los museos y galerías.

Héctor deja una obra importante en libros. Hay dos en los que yo colaboré con él: Escribir con luz (FCE), con un texto muy divertido de su amigo Juan de la Cabada, un compendio del México rural, los vallejistas, la vida nocturna, los artistas, Diego, Siqueiros, Orozco. El otro libro es Héctor García (Turner Ediciones), más reciente. Siempre que trabajaba con él era divertido e interesante. Recuperaría también un libro que hizo con Salvador Novo, Nueva grandeza mexicana, que diseñó Vicente Rojo. Tiene otros ocho o diez libros más.

José Antonio Rodríguez, crítico de fotografía y director de la revista Alquimia. No creo que sea la mejor persona para opinar sobre Héctor García, porque creo que se forjó a lo largo de décadas como un mito. No hay más allá de 120 fotografías de él que hemos visto persistentemente.

Creo que él se forjó dentro de una generación de intelectuales como Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis y Fernando Benítez, quienes le dieron el espaldarazo como fotógrafo. Realmente no hay mucha tela de donde cortar en la obra de Héctor García. Conozco muy bien toda su trayectoria. El fue sensible a ciertos temas fotográficos como la niñez, la pobreza, pero no hizo nada extraordinario que no haya hecho de manera superior alguien como Nacho López.

Marco Antonio Cruz, fotógrafo: Con el fallecimiento del maestro García muere uno de los grandes fotógrafos del siglo XX. Su obra es muy importante para la memoria de nuestro país.

A él le toca cubrir, en términos periodísticos, momentos muy importantes, lo cual hizo con visión y compromiso. Entre esos movimientos, está el de los ferrocarrileros de finales de los 50 del siglo pasado y el estudiantil de 1968.

Él tiene una visión como periodista, pero fue mucho mas allá de su tiempo, al retratar la vida cotidiana de las décadas de los 50, 60 y 70, que son parte de la memoria histórica de este país.

Legado invaluable

Su pensamiento es muy importante para futuras generaciones de periodistas, entre los que me incluyo. Yo aprendí de Héctor García, como mucha gente lo hizo; su legado es invaluable.

Fue extraordinario haberlo conocido, compartido con él, pero sobre todo haber aprendido. No sería lo que soy, si no lo hubiera conocido. Fue mi maestro

Jorge Padilla, fotógrafo: En estos tiempos de instagram y flickr, smarthphones y cámaras que captan la sonrisa del modelo para asegurar un buen shot, la red, la vida misma se ha visto inundada de imágenes, las más de las veces, instantáneas de la cotidianeidad o la evidencia que hará de una presunción una realidad, casi, palpable. Yo estuve ahí, comí esto, me topé con aquel. Hoy la fotografía es una forma de compartir.

No faltan, en la red, principalmente, los de ínfulas artísticas que nos obsequian con fotos que toman al peso del momento y una probable imaginación. En sus fotos pretenden relatar, profundizar, pero las más de las veces, solo consiguen caricaturizar. Su modelo a seguir es, sin lugar a dudas, el maestro Héctor García.

Cuando uno observa su trabajo, tal parece que él andaba de paseo y en un momento se sintió conmovido. Parecería también que organizaba a los actores, los instruía, cuadraba, iluminaba, pedía silencio, mientras su staff maquillaba, ponía rostros tristes, caras de asombro.

Pero ni lo uno ni lo otro: No era un oportunista de la lente ni tampoco un productor: Era parte de su cotidianeidad. Él no era juez, ni tampoco estudioso. Él compartía las aflicciones, los momentos, las alegrías, los encantos, desencantos, injusticias. Él lo sabía, no lo pensaba, no lo discurría. Era parte de su espíritu. Retrataban sus recuerdos, sus ayeres, sus angustias, su barrios, lo que tanto temía. Retrataba el hambre de su niño interno, el dolor de vivir, las nostalgias de su barrio.

Ya estoy en el paraíso

Héctor García era fotógrafo porque no poseía el don de la palabra, su voz era la imagen. Él no escuchaba la vida, no lo llenaban la palabras, lo suyo sólo podía ser relatado en imágenes: 1.- La mujer valiente, cual sufridera, se arma de valor y levanta el pecho, no con desdén, sino con aplomo;2.- El niño entre dos autos de lujo, su sombrero, sus pies descalzos, la imagen habla por sí sola, no hay huaraches pa´los niños, solo llantas pa´los autos.

Tres. Un hombre mira con lascivia las hermosas curvas de una mujer en delicada ropa interior. La mujer es un maniquí, el deseo del hombre es real; 4.- Un niño payaso carga un monito, una hermosa niña lo observa. A su alrededor la pobreza es marco. Imagen profética para un nuevo milenio; 5.- Hace muchos años, La Jornada publicó la foto de Pedro Infante bañándose. Ahí conocí a Héctor García, me impactó por una sola razón: ¿Cómo pudo un hombre retratar de un verdadero ídolo, su lado humano, imperfecto? ¿Cómo carajos le hizo para que la cámara captara la humanidad de un ser?

Carlos Martínez Rentería, director de la revista Generación. Héctor y su esposa María se convirtieron en cómplices de Generación y en los últimos años del fotógrafo convivieron con cientos de jóvenes en el Foro Alicia, en el decadente Bull Pen o en el cabaret Bombay, en donde le hicimos un antihomenaje cuando cumplió 80 años. Hizo un par de portadas para la revista: 1968 y Cantinas. En su antihomenaje le organizamos su última sesión de desnudos con cuatro jóvenes espontáneas. Héctor no dejaba de sonreír y repetía: Ya estoy en el paraíso.