Opinión
Ver día anteriorDomingo 3 de junio de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Entre piratas y puritanos
E

l tema migratorio en Estados Unidos es de vital importancia. Requiere una solución política. Pero este camino se ha cerrado, porque los medios han explotado el tema y polarizado a la sociedad. Se ha llevado el asunto al campo de la moral y la legalidad, donde no hay concesiones, y muchos lo han aprovechado para sus campañas electorales.

Para los medios masivos de comunicación la migración es un tema candente, que hay que reportar y sobre el cual opinar. Una cadena supuestamente liberal, CNN, tenía como comentarista estrella a Lou Doobs, el más insidioso y nefasto comunicador, quien opinaba sobre los extranjeros ilegales y ponía en ridículo a los políticos que se atrevían a hablar en su favor. Finalmente fue despedido por una campaña que comenzó un profesor universitario, apoyado masivamente en las redes sociales y por el público latino. CNN en español se daba el lujo de pasar a Carmen Aristegui, pero no retransmitía las opiniones de Doobs en su canal en español. El doble discurso finalmente acabó.

Día tras día la prensa, la radio y, sobre todo, la televisión de la nación de migrantes por excelencia han logrado convertir una mayoría en furiosos antimigrantes. Los demás han aprendido a callarse. Los republicanos proclaman que son verdaderos conservadores, pero ningún liberal se atreve a decir que son liberales y a mucha honra.

El resultado ha sido la polarización del tema migratorio entre el público estadunidense, pues muchos consideran que lo dicho en la tele es verdad. El planteamiento maniqueo llega al extremo de negar una realidad evidente: nadie se queja de tener lechugas baratas en el supermercado, pero la mayoría califica de invasores e ilegales a quienes las recogen.

Al respecto, el premio Nobel John Steinbeck, originario de Salinas, California, y autor de El invierno de mi desazón, escribe que la cultura estadunidense se debate entre el espíritu del pirata y el alma puritana. Así se forjó esta nación, con una doble moral que permite aprovecharse del trabajo barato y condenarlo por ilegal.

Este doble rasero se hizo ley en 1952, cuando se promulgó la llamada Texas Proviso, que condenaba a los indocumentados por trabajar sin permiso pero exoneraba explícitamente a los empleadores que los contrataran. La hipocresía ha sido parte consustancial de la política migratoria estadunidense. La ley vigente (IRCA), que corrige la Texas Proviso, plantea sanciones a quienes contraten indocumentados, pero en la práctica no se aplica. Por el contrario, se penaliza al migrante que no puede aprobar el nuevo sistema de control laboral conocido como E-verify, (Employment eligibility verification). De las sanciones a empleadores nadie habla, y la cuerda se rompe por lo más delgado cuando el trabajador tiene que demostrar su legalidad.

La doble moral se manifiesta también en los impuestos que los migrantes deben pagar y de los cuales no obtendrán ningún beneficio. El gobierno y la seguridad social tienen una bolsa especial de contribuciones de traba- jadores no autorizados que alcanza un trillón de dólares. Los piratas se quedan con el dinero y los puritanos los acusan de no estar autorizados para trabajar, pero sí para pagar impuestos.

Finalmente la migración ha entrado en el campo electoral, considerándose asunto federal y no de competencia estatal, pero en 1996 una ley promulgada por el demócrata y liberal Bill Clinton permitió que se legislara a escala estatal sobre política social y se definiera localmente si se apoyaba o no a los migrantes. Esto dio pie a la ley de Arizona SB-1070 y a varias miles de propuestas antimigrantes.

A partir de esta norma (IraIIra) los políticos locales conservadores han encontrado en el tema migratorio un argumento para sus campañas electorales. Pero muchas veces detrás de aquellos que acusan a los migrantes de ilegales se esconden los nativistas, racistas, fascistas y xenófobos que propugnan por el english only y la supremacía blanca. Todos se ufanan de ser defensores de la legalidad y justifican así su intransigencia.

La politización del tema migratorio, discutido con argumentos de la moral puritana y proclamada a los cuatro vientos por los medios, ha cerrado el camino a cualquier reforma migratoria. La política es la ciencia de hacer posible lo necesario. Es urgente, no sólo necesario, sacar a 11 millones de personas de las sombras que sólo reclaman el derecho a trabajar, integrarse y ser parte, con derechos plenos, de la sociedad en que viven y trabajan.

Hay migrantes que llevan más de 20 años viviendo y trabajando honestamente en Estados Unidos. Pero una falla en el coche, una calavera dañada y un policía intransigente, amparado por los acuerdos legales con la migra (285g), tiran toda una vida por la borda. No importa que tengan tres hijos, que sean estadunidenses, que la familia sea fundamental para la sociedad. El migrante ha pecado, es ilegal. Se le puede explotar, pero no perdonar.