Opinión
Ver día anteriorJueves 14 de junio de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El caso Georges Simenon
Margo Glantz
A

pasionada soy de Georges Simenon, leo todas los libros que puedo conseguir sobre el comisario Jules Maigret y veo las series televisivas donde el actor recién fallecido Bruno Cramer representa a este personaje inventado por el escritor belga hacia 1929 y sobre el cual escribió más de 75 novelas y muchos cuentos, convertidos en clásicos de la literatura y del cine policiacos. Sería imposible deslindar en mi imaginario al Maigret descrito por Simenon del Maigret actuado por Cramer.

Así lo describe en uno de sus libros, lo tomo de una biografía que publicó Pierre Assouline en 1992: “Se rasca constantemente la cabeza a contrapelo; no baila, no juega a las cartas, no sabe manejar, no le gustan las cosas dulces (...) Balbucea algunas palabras en alemán, comprende el inglés y el bretón. Su expresión favorita es ‘no tengo opinión’ ‘Nada de nada’ (...) Se lava derramando agua a diestra y siniestra; le da horror escribir sobre una mesa de mármol; su escritura es muy pequeña, en realidad, una serie de manchas. No le gusta estar en París sin su mujer. Es un hombre de rituales (...) Lo hirieron tres veces durante su carrera y a veces sus colegas lo consideraban un iluso, a causa de sus métodos de trabajo (...) Conforma una especie de bloque que la gente de su medio suele resistirse a aceptar (...) Tiene un gran aplomo y sin embargo no es orgulloso. No se parece a los detectives anteriores a él, popularizados en la literatura. No usa bigote ni zapatos de suela gruesa. Su ropa es de lana fina y bien cortada. Se rasura todas las mañanas y sus manos están bien cuidadas. Su porte es plebeyo; es enorme y huesudo; sus fuertes músculos se adivinan debajo de su chaqueta y deforman hasta los pantalones que acaba de estrenar. Tiene una manera peculiar de plantarse en cualquier parte que a menudo molesta hasta a sus propios colegas...”

La primera vez en que probablemente este personaje hizo su aparición en su ya vasta obra de más de 200 libros y miles de artículos de periódico y de revistas fue en su novela, Pietr Le Leton, así lo asegura en sus Memorias:

Me veo a mí mismo, una mañana asoleada, sentado en un café. He bebido una, dos o tres ginebras aderezadas con algunas gotas de bitter. Lo cierto es que una hora después empieza a aparecer ante mí la masa potente e impasible de un señor que, pensé, haría un papel verosímil como comisario. Le fui agregando poco a poco algunos accesorios, una pipa, un bombín, un grueso abrigo con cuello de terciopelo. Y como hacía un frío húmedo añadí, para colocarla en su oficina, una vieja estufa...

Simenon va construyendo su inmenso personaje (1.80 m de altura, 110 kilos de peso), antes aun de que lo llame Maigret, y poco a poco, a cuentagotas, le va dando su fisonomía definitiva, le otorga luego una fecha de nacimiento (1884), en Saint Fiacre, cerca de Matignon (lugar y personajes que pueblan su novela El caso Saint Fiacre, 1932); Evariste, su padre, fue mayordomo durante tres décadas del castillo del lugar”; queda huérfano a los 14 años, empieza a estudiar medicina, abandona la carrera y por un azar del destino se vuelve policía, como lo cuenta en una novela posterior, La primera investigación de Maigret (1949), en ella como en muchas otras aparece Louise, su mujer, a la que a diferencia de Simenon, le es totalmente fiel, a pesar de las múltiples oportunidades que su profesión le brinda:

Estaba rasurándose frente al espejo, en el comedor. Era una de sus manías, perseguir a su mujer todas las mañanas, arreglándose por todos los rincones del departamento, quizá porque era ese el momento de su mayor intimidad. La señora Maigret tenía una gran cualidad, estaba tan fresca, tan entusiasta al despertarse como al mediodía. Abrían las ventanas, respiraban el aire fresco, el sonido de un martillo sobre la fragua, el ruido de los camiones, el relinchar de los caballos y de repente les llegaba el olor a estiércol cuando se hacía el aseo en las caballerizas de la empresa de mudanzas, al lado de su edificio...

@margo_glantz