Opinión
Ver día anteriorSábado 28 de julio de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El Presidente del IFE
Javier Jiménez Espriú
I

nusitado, increíble, pasmoso, fuera de lugar, en fin, varias calificativos podrían aplicarse a la participación del consejero presidente del IFE, quien ayer, en memorable sesión, se constituyó en el oficioso Defensor de Oficio de las encuestas del pasado proceso electoral y de su cotidiano y más conspicuo promotor, el diario Milenio.

Aunque no corresponde al IFE calificar las encuestas, su consejero presidente se arrogó la potestad, se envolvió en la bandera de su defensa y decidió que no influyeron en la decisión de los electores –dejando por decreto fuera todas las consideraciones científicas de quienes de esto saben– y defendiendo con demagógico chantaje sentimental a los mexicanos, quienes –¡nomás eso faltaba!–, no se dejan influir por esas nimiedades que con cotidiano celo estampó Milenio en su portada durante 101 días, ¡sólo para informar y de ninguna manera para influir! Si de verdad eso piensa, aunque no lo creo, se demostraría que es uno de los que sucumbió a su influencia.

Todavía más, en una actitud de no me aguanto, el consejero presidente del IFE” tomó y retomó la palabra para increpar y preguntar con irónica sorna al representante del PRD, qué opinaba del cintillo que bajo el de la elección presidencial, el “disculpante Milenio” publicaba, diariamente también, sobre la elección del jefe de Gobierno capitalino.

Yo le contesto: el sondeo sobre la elección del jefe de Gobierno, asunto siempre más claro que el agua, fue la coartada de los encuestadores, que sí saben hacer encuestas, para poder señalar que la de la Presidencia fue un caso atípico de error inexplicable.

Inexplicable error que explico: Las encuestas se hicieron con gran conocimiento de causa y gran conocimiento de la manera de hacer encuestas. Y no sólo mantuvieron el objetivo –que era su función– de mostrar una enorme diferencia de preferencias entre el primero y segundo lugares para inducir el voto por el que va a ganar –le atinaron a la prelación, dice el PRI, y yo digo que cumplieron con la PRIlación–, sino que además, indujeron a la gente a pensar que entre el segundo y tercer lugares, según ellos, había empate técnico, lo que evitaría la tentación del voto útil en contra del PRI, del contingente que agrupa, cuando menos, sin contar a quienes votaron por Monex o por Soriana, a 63 por ciento de los votantes.

¿Se ha percatado el consejero presidente que la diferencia final entre el primero y el segundo, de los votos contados, es la misma que entre el segundo y el tercero? También se equivocaron en el empate técnico, qué puntería de las equivocaciones. Qué precisión, qué coincidencia.

Pero según el consejero presidente, las encuestas no influyeron en los votantes.

El consejero presidente del IFE; mostró Usted el cobre –otros ya mostraron el cobro–, pero Usted tiene una responsabilidad mayor, porque esas posturas y esas pasiones incontenidas, esclarecedoras, de sus altos representantes, es lo que conduce a que se lleve el diablo a las instituciones.

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