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Puntos sobre las íes

En recuerdo de un muy grande

1984

U

na lluviosa mañana de febrero, llegó a los talleres donde imprimíamos El Redondel y otros varios rotativos mi estimado amigo don Mariano Alberto Rodríguez (orgullosamente saltillense como él se decía) para comentarme que el libro que durante un buen tiempo había estado escribiendo sobre su fraternal amigo y compadre don Fermín Espinosa Saucedo Armillita Chico estaba concluido y que me pedía que por favor lo imprimiera a lo que le contesté que nuestras instalaciones podían imprimirlo, pero no doblarlo y menos encuadernarlo y empastarlo, pero que, con mucho gusto, lo pondría en contacto con don Gabino Lombana Pardo, socio en aquel entonces de la imprenta Unión Gráfica. Me pidió que le hiciera el avío a lo que con mucho gusto accedí y, tras algunas negociaciones (estiras y aflojas), se llegó a un acuerdo a satisfacción.

Muchos días pasamos, revisando lo escrito por don Mariano, seleccionado fotografías y acordándonos del gran hombre y matador de toros, que había fallecido el 6 de septiembre de 1978, dejando un hueco imposible de llenar y, tras de sí, una estela de glorias taurinas que merecieron se le conociera como el Maestro de Maestros.

Porque eso fue.

Y de aquel libro, cuyo prólogo tuvimos la dicha de escribir, vamos a referirnos brevemente (el espacio manda) a un hecho que no ha tenido continuación y, tal vez, a algunos otros pasajes tan bien narrados en Armillita el Maestro.

Y fue así.

* * *

1934

Fermín, en España, apenas un joven matador que podía ya con todo y con todos, escribió con doradas letras un triunfo tal, que fue premiado como nunca jamás ha vuelto repetirse en ninguna plaza de toros del mundo y de haber sucedido así, no tenemos conocimiento de ello y, por lo mismo, tampoco memoria.

Plaza de toros de Barcelona: cartel Juan Belmonte, Marcial Lalanda y Fermín Espinosa Armillita, toros de don Vicente Martínez y ahí aconteció lo que en las líneas anteriores hacemos referencia.

Contaba el de Saltillo con sólo 23 años de edad (había nacido el 3 de mayo de 1911) y lo que hizo con capote, banderillas, muleta y estoque fue de tal magnitud que los catalanes, enardecidos, pidieron para él las orejas y el rabo, pero no satisfechos, exigieron la pata del burel, a lo que siguieron las otras tres y cómo no cesaban los clamores del público, la autoridad decretó se le dieran las criadillas de Clavelito, mientras Fermín recorría la arena una y otra vez ya que, según un rotativo barcelonés, la forma en que había toreado Fermín por naturales no se había visto antes en aquel coso.

Y de ahí pa’l real.

* * *

No lo paraba nadie.

Don Tomás Ortiz Ramos, conocido periodista español, que solía firmar sus escritos con el seudónimo Uno al Sesgo, escribió varios anuarios taurinos y en el correspondiente al año de marras, apuntó lo siguiente: “Dijimos en el pasado 1933 había sido el de la mejor temporada de Fermín en España desde que tomó la alternativa. ¿Qué decir de esta? Más corridas, 63 en total con 123 toros estoqueados, mayores éxitos, con más categoría de triunfos clamorosos. No me queda otro remedio que decir que este año ha sido mucho mejor para este torero que está colocado entre los cuatro ases de nuestra baraja taurina. Espero que el próximo será todavía con más triunfos, porque Armillita está imponente. Ha llegado a un dominio y a un arte que, por inverosímil que parezca, por descontada doy, hoy, su superación”.

Tran tran.

* * *

Y vino de lo otro.

Puntualicemos, pues, nosotros.

1935, fue otro año de gloria, arrollaba Fermín por doquier y los públicos lo reclamaban en los carteles y fue tal cosecha que, al terminar el ciclo taurino de ese año, el de Saltillo dejaba 80 corridas firmadas para 1936, lo cual, tenía que ser, despertó abundantes celos de varios coletudos hispanos y, apenas comenzada la temporada, decretaron un boicot contra los toreros mexicanos (?) la verdad era que en contra de Fermín, lo que desató severas críticas de varios críticos hispanos: Corrochano, Clarito y Alcázar y fue entonces que el matador Marcial Lalanda llamó a Armillita para decirle que olvidara eso de la libre contratación que había mencionado el de Saltillo y que también lo hiciera de los mexicanos que andaban por España, a lo que nuestro compatriota se negó rotundamente. Y vino, entonces sí, con más fuerza el odio contra Fermín. En la corrida de Beneficencia, en Madrid, Manolo Bienvenida, Luis Gómez El Estudiante y Victoriano la Serna, lo dejaron solo en el patio de cuadrillas, ya que se negaron a torear con él; entonces el público, al darse cuenta de lo sucedido, abroncó feamente a la autoridad, pero no hubo de piña. El periódico La Gaceta se hizo eco de los protestantes y, de nueva cuenta, en la capital hispana, Marcial Lalanda, Luis Fuentes Bejarano y Manuel Navarro se negaron a alternar con el de Saltillo. A poco, Domingo Ortega, que tan resentido estaba con México, ya que aquí no pudo refrendar la fama que traía de España, se unió al grupo de toreros-porros y cuando Valencia II, torerito al que había protegido aquí Rodolfo Gaona, se negó a torear con el de Saltillo y muy a su pesar, decidió entonces Fermín que lo mejor era poner tierra de por medio, pero antes de volver a México acudió, en calidad de espectador, a la plaza Monumental de Las Ventas del Espíritu Santo, de Madrid, en la que había alternado el día de su inauguración y sucedió que el público, al reconocerlo, lo desagravió ovacionándolo clamorosamente.

Al tal señor…

* * *

1945

Ese año, vendría por vez primera a México, precedido de una gran fama, a la que supo corresponder, Manuel Rodríguez Manolete y al que los toreros mexicanos supieron dar pelea, con el gran Fermín a la cabeza de todos, pero, tal y como decíamos, el espacio se agota y habremos de continuar, en nuestra próxima entrega, con más de la vida de don Fermín Espinosa Armillita Chico.

Que tan grande fuera.

(AAB)