Opinión
Ver día anteriorLunes 6 de agosto de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El presente por venir
Gustavo Esteva
E

l 27, en Oaxaca, llegaron pocos a la marcha de los jóvenes del 132. Muchos desistieron, unos días antes. Hasta aquí llegué, se decían quienes habían participado con entusiasmo en la marcha anterior.

Se habían apegado a un código de conducta acordado previamente. Pasaron sin dificultad frente al PRI. En Soriana, tras actividades en el interior, empujaron carritos al estacionamiento y se llevaron rodando hasta el zócalo cuatro o cinco de ellos, llenos de letreros alusivos. Realizaron en paz su acto. Se iban ya cuando alguien les gritó: “¡Se llevan a un par de compas!” Por pura solidaridad, espontáneamente, corrieron al cuartel de la policía municipal, a dos cuadras de distancia, adonde estaban sus compañeros. Les dieron con la puerta en las narices. Un par de jóvenes la pateó y algún otro arrojó piedras a un camión de la policía ahí estacionado. Eso bastó. Se abrió la puerta y salió un montón de policías cortando cartucho, tirando bala y arrojando gases lacrimógenos. Los jóvenes huyeron en desbandada. Algunos se refugiaron en casas vecinas. En unas casas los protegieron hasta que todo pasó; en otras los entregaron a la fuerza pública, que inició una razia irracional y ciega. Levantaron a dos turistas que pasaban por ahí, a un joven que estaba en la plaza con su novia, a unos más que tomaban un cafecito. Golpearon a todos, a algunos muy severamente. Ya en el cuartel los sometieron a torturas y amenazas.

Parecía que la ciudad de Oaxaca había tocado fondo en manos de los operadores de Ulises Ruiz. Por eso despertó esperanzas el joven empresario panista que ocupó la presidencia municipal. No duró mucho tiempo el gusto. El descontento aumentó continuamente. Pero esta vez rebasó el límite de lo tolerable. Se sabía de su molestia porque los jóvenes no se atenían al guión preparado para los turistas, pero golpearlos y torturarlos a cien metros de su oficina es un exceso inaudito. El estilo Ulises de gestión ha vuelto por sus fueros.

Algunos jóvenes abandonaron la lucha, intimidados. Pero otros, golpeados, humillados y ofendidos, prepararon un largo escrito que aún se discute en asambleas para definir la postura del Somos # 132 de Oaxaca. Me han permitido reproducir aquí un par de fragmentos que aún están revisando.

“Frente a la guerra del Estado declaramos el inicio de nuestra revolución cultural pacífica, conscientes de que es nuestra cultura lo que ha permitido mantener una lucha constante desde hace más de 500 años.

“Policías y militares son nuestros iguales, no sólo porque son seres humanos con familia, como nosotros, no sólo porque quienes engrosan las filas de ambos cuerpos son también de los pueblos más pobres de nuestro estado y de nuestro país, sino porque también nosotros hemos usado violencia en el pasado y no podemos seguir repitiendo ese patrón.

“Decidimos tomar las riendas de nuestro destino y aventurarnos en un camino que sabemos lleno de dificultades, al caminar contra muchas inercias y corrientes. No sólo queremos acabar con la realidad neoliberal impuesta, sino también con el destino impuesto de la lucha armada. Demostraremos que existen muchos otros caminos, aprendiendo lo que nuestros pueblos nos han enseñado, la resistencia. A partir de ahora miraremos hacia nosotros mismos y no hacia fuera, miraremos hacia nuestros pueblos, hacia nuestras colonias… En medio de esta guerra (no vamos) a ocupar los espacios donde el gobierno es fuerte… Es una lucha a largo plazo; no pretende tener fin, sino simplemente sembrar una semilla, para que los que vienen sepan que tienen el poder de construir ellos mismos su propio mundo.

“Pretendemos hacer de esta lucha, como nuestros pueblos nos han enseñado, un acto cotidiano, reflejado en cada uno de los aspectos de la vida… donde no necesitemos del capitalismo para vivir. Será una lucha desde todos los espacios, desde el arte, desde la música, desde la danza, un acto de mirarnos a nosotros mismos y de mirar a otros reconociéndonos como seres humanos libres de elegir lo que queramos elegir, para comenzar verdaderamente a construir el mundo donde caben todos los mundos…

No queremos que ardamos juntos, no queremos que arda nadie. Queremos seguir iluminando esta oscuridad, para que un día todos los oaxaqueños y todos los mexicanos vivamos en un mundo verdaderamente libre.

Decía Carlos Fuentes que el PRI nos había acostumbrado a hacer del presente un porvenir siempre pospuesto. Los jóvenes, hoy, parecen decididos a empacar tanto el pasado como el futuro en un presente ampliado. Han roto la separación entre medios y fines, para que la lucha misma sea imagen del resultado y constituya un presente por venir.