Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 12 de agosto de 2012 Num: 910

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Dos poetas

En recuerdo de
Severino Salazar

José María Espinasa

Hardy, el burlón
Ricardo Guzmán Wolffer

La realidad y la momificación de la poesía
Fabrizio Andreella

Lectura vs televisión
Ricardo Venegas entrevista con Rius

1907: la primera
primavera mexicana

Marcos Daniel Aguilar

El cielo de Paul Bowles
Raúl Olvera Mijares

Leer

Columnas:
Jornada de Poesía
Juan Domingo Argüelles

Paso a Retirarme
Ana García Bergua

Bemol Sostenido
Alonso Arreola

Cinexcusas
Luis Tovar

La Jornada Virtual
Naief Yehya

A Lápiz
Enrique López Aguilar

Artes Visuales
Germaine Gómez Haro

Cabezalcubo
Jorge Moch


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Allí los ríos caudales

Alejandra Atala


Invocación de Eloísa,
Gonzalo Lizardo,
Ediciones Era/ Dirección de Literatura, Coordinación de Difusión Cultural, UNAM,
México, 2011.

Nadie, nos dice la francesa George Sand, puede renunciar a la fuente de su ingenio. Seminarista, químico, diseñador, filósofo, el escritor Gonzalo Lizardo (Fresnillo, Zacatecas, 1965), en un espacio de 182 páginas divididas en tres partes, a través de su libro, Invocación de Eloísa, nos lleva de la mano y en primera persona al mundo que habita el joven adolescente instruido en la fe católica, quien no sólo no la rechaza, sino que la toma como elemento primigenio de su relato, del hilo conductor que nos irá guiando por la intensa alucinación que entraña el despertar de un ser humano hacia su propia libido y, por ello, a habitarse, a ejercer su existencia por cuenta propia, momento en la vida en la que alma y cuerpo hacen alquimia chisporroteante, que conducida al ámbito literario y/o poético, arriba a la ensoñación que es relámpago y que es el espacio que abre esa luz potenciada, desde donde se va gestando la tercera novela del zacatecano acreedor de algunas becas otorgadas por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

Entre la narrativa y la poesía fluctúa la pluma de Lizardo, pues si bien Invocación de Eloísa está escrito en prosa, su onírica entraña parece hecha del tejido de la poesía, de esa plástica musical que canta en palabras que van dando sentido a los versos que se cumple más, en este caso, en el fondo que en la forma.

Llama la atención que el “muchacho” protagonista de esta novela no tenga nombre, no un nombre de pila, ni siquiera apellido, ¿será por eso que la obra del zacatecano lleve por título Invocación de Eloísa y no Invocación a Eloísa? Sin duda, es Eloísa quien ejerce esa fuerza misteriosa sobre el mancebo imberbe y es esa corriente eléctrica de fascinación la que conduce la trama en la voz de un joven que no se explica las cosas y que, en cambio, las vive con suma intensidad, como es por caso lo que sucede en mujeres que ignoran qué puede suceder si se avienen a un hombre y luego son presas del arcano de los síntomas del embarazo. Si así fuera, si en realidad la Eloísa tan hechicera como santa fuera la que llama, entonces la posibilidad apreciativa sigue curso singular, ése en donde la voz tanto tácita como manifiesta, sobre todo en la segunda parte del libro, abre sus cauces a la poesía que se encuentra con la de aquella poeta puertorriqueña, Julia de Burgos (1914-1953), quien le canta al Río Grande de Loíza y que ama en su vertiente la viva presencia de su real y único compañero: “Llegó la adolescencia. Me sorprendió la vida/ prendida en lo más ancho de tu viajar eterno;/ y fui tuya mil veces, y en un bello romance/ me despertaste el alma y me besaste el cuerpo.” Mientras que la bella Eloísa de Lizardo nos dice: “Ciega, muda y sin voluntad, sentí que el río se volvía espeso, que sus moléculas se aglutinaban, formando millares de labios y dedos que me acariciaban al mismo tiempo, pronunciando frases sin sentido, confundidas tras el rumor de burbujas, el pulso enfebrecido de mi amante”


Lo que esconde el pasado

Jorge Alberto Gudiño Hernández


Purga,
Sofi Oksanen,
Almadía,
México, 2012.

Leer es una de las mejores oportunidades para descubrir nuevos mundos. En ocasiones, están bajo tantas capas que resulta inevitable no comprenderlos en su totalidad. Por muy reales que sean, existen hechos que nos distancian de manera natural de ellos. Desde condiciones políticas específicas que pueden resultarnos imposibles de entender, hasta formas de vida tan particulares que la identificación se vuelve complicada. Aun así, en circunstancias tan adversas como se quiera imaginar, estos nuevos mundos ofrecen cosas que alimentarán al nuestro. Incluso si parece que la distancia interpuesta entre ambos resulta insalvable.

Sofi Oksanen (Finlandia, 1977) nos regala una novela cuyo planteamiento inicial da la impresión de ser simple aunque oculta demasiadas cosas. Aliide Truu es una anciana que vive en una zona rural de Estonia, donde la forma de vida se ha trastocado a fuerza de padecer casi un siglo de regímenes totalitarios y anexiones. Un día se encuentra en su jardín a Zara, una veinteañera rusa que ha sido víctima de la trata de blancas. Está lastimada y a Aliide no le queda más remedio que acogerla pese a toda su reticencia. A partir de ese momento, la relación entre ambas se irá profundizando para descubrir que tienen más cosas en común de las que imaginamos en un primer momento.

Pero el planteamiento esconde muchas más cosas. Estonia misma es un elemento que no puede dejarse de lado. No sólo por su papel de país víctima durante la segunda guerra mundial sino por haber sido anexado a la Unión Soviética sin que sus habitantes lo autorizaran. Tampoco por su reciente independencia. Sí, en cambio, porque las intrigas que generaron todos los vaivenes entre regímenes hicieron que sus habitantes, Aliide entre ellos, vivieran condenados a la paranoia y a la suspicacia.

Son tantas las heridas que dejó una guerra en la que no participaron del todo que, varias décadas más tarde, el encuentro de una anciana y una joven se vuelve el pretexto ideal para sacar a la luz lo que se había callado. Así nos enteraremos que la relación entre estas dos mujeres no es casual. Las une un pasado oscuro y pedregoso que requiere explicaciones. Sobre todo, porque el miedo ha sido una constante en sus existencias. Tanto como las traiciones cometidas con tal de salvar la vida, el amor fingido, las ilusiones puestas en un frasco de conservas.

Sofi Oksanen nos regala una novela compleja en la que cada una de las capas cobra un sentido particular conforme se avanza en la lectura. Es verdad, en un primer momento no todo queda claro para un lector ajeno al drama social de esos parajes. Sin embargo, pronto se verá en medio de la vorágine de una trama tan sorpresiva como conmovedora. De ésas que consiguen despertar el odio y el deseo de que los personajes paguen por cada uno de sus pecados. Algo, sin duda, nada sencillo de lograr y que nos involucra aunque nos haya parecido distante.


Herida luz

Ricardo Yáñez


Espiga antes del viento,
Carmen Villoro,
Gobierno de Jalisco,
México, 2011.

Incuestionablemente Carmen Villoro es una de las figuras señeras del movimiento literario tapatío, no solamente, claro está, y siempre entre otros nombres (para ceñirnos sólo a los poetas, Ricardo Castillo, Jorge Esquinca, Laura Solórzano, Luis Vicente de Aguinaga… de bien fincada trayectoria). Con esta bella edición, de la que sin escatimar créditos puede decirse que es coautoría de Jorge Orendáin, antologador y prologuista; Avelino Sordo Vilchis, diseñador; Rubén Orozco, fotógrafo; Mariuca Etienne, pintora, y ya entrados en gastos la propia Secretaría de Cultura de Jalisco, Carmen se nos presenta, por así decir, de una y definitiva vez, por lo menos hasta donde vamos.

Textos seleccionados de ocho libros y material sólo hasta ahora reunido en ese formato, Espiga antes del viento es un libro cuya claridad no pesa (ese es su peso). ¿Hablo en enigmas? Probablemente. Pero si uno recuerda, y no hay remedio: uno los recuerda, poemas como “Futbol”, “La casa”, “La chancla de hule”, “14 de febrero” y ahi parémosle, todo queda tan claro, tan ligero, tan leve –y todo, es mi sentir, con su peso específico. Menciono únicamente poemas en verso, pero los hay en prosa que no se echan para atrás ante los mencionados, como no pocos de Jugo de naranja, originalmente publicados en el periódico Público y luego en un volumen bajo el sello de Trilce, entre los cuales traigo a cuento “Un gorrión fue derribado…” y “Durante la noche…”, y una cita (de “Una llave es una palabra mágica…”): “Muchas llaves juntas hacen ruido, pero una llave sola habla en secreto”, que podemos extrapolar a una reunión de poetas (o, más en general, artistas)/ un poeta (un artista) solo.

Claridad y peso es el mensaje mismo de la portada, fragmento de Horizonte (1992), cuadro de Etienne: amplio rectángulo de pausado, sereno gris, sobre otro negro cuya dimensión equivaldrá a la mitad del primero, un negro calmo, definido, cimental.

Con tino de editor, que lo es, Jorge Orendáin, presenta a Villoro a través, principalmente, de su propia voz en diálogo con otros. Una de esos otros es Nadia Contreras, quien afirma de Carmen que es “la poeta que pinta con la luz”. “La luz” y “Herida luz” son nombres de dos de los textos en este libro recogidos. Sobre el segundo citemos a la propia escritora según es citada por su prologuista: “un poema muy fuerte, muy doloroso, […] difícil para mí. Creo que es lo mejor que he escrito […] Ante una situación sumamente dolorosa, surgió algo muy fuerte, […] quizá no pueda yo volver a escribir algo así”. Del segundo, el final: “y yo que miro todo esto/ no la veo”.

No está de más asentar que, siendo Carmen Villoro originaria de Ciudad de México, esta antología es parte de la colección Clásicos Jaliscienses, lo cual implica un reconocimiento oficial (el otro lo tiene mucho ha) a su bien haber echado raíces en tierras tapatías; ni tampoco que el libro va dedicado para “Estela y Luis, que me concibieron en Guadalajara, en la esquina de Unión y Vidrio” y el alteño, “maestro y amigo Hugo Gutiérrez Vega”



La abeja que no podía volar/ El aeroplano y el jet/ La araña fumadora/ Las bailarinas de la brisa/ El conejito saltarín/ La changuita en apuros/ Pepe vuela/ La pulga floja/ Roncón ratón/ El sueño,
Arturo Orea (textos),
Mar L.H. (ilustraciones),
Asociación Mexicana para la Prevención de Insuficiencia Cardíaca, A.C,
México, 2012.

De formato pequeño y en ningún caso de extensión mayor a las veinticuatro páginas, los diez cuadernillos que conforman esta colección tienen como principal cualidad una que a veces pareciera escasa: la sencillez. Concebidos claramente pensando en los lectores infantiles, las historias aquí contadas quieren, sin valerse de complicaciones, retruécanos ni mayores pretensiones estilísticas, transmitir alguna enseñanza útil para la vida cotidiana de los pequeños, especialmente referidas a temas de salud, verbigracia el tabaquismo, la diabetes, el consumo excesivo de golosinas y comida chatarra, etcétera.