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Señalan que los promotores del proyecto les ocultaron información y sobornaron a comisario

Oaxaca: huaves rechazan creación de parque eólico en la isla Pueblo Viejo

El sistema de aerogeneradores sería el más grande de América Latina y el segundo del mundo

Contrato leonino permitirá a empresa multinacional usar mil 643 hectáreas por 30 años

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Para la comunidad huave, la construcción del parque eólico en el municipio de San Dionisio del Mar, Oaxaca, será un despojo de tierras y provocará daños a la biodiversidad. En imagen, la isla Pueblo Viejo, donde se pretende instalar los generadoresFoto Octavio Vélez
Octavio Vélez Ascencio
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 23 de agosto de 2012, p. 32

Isla Pueblo Viejo, San Dionisio del Mar, Oax., 22 de agosto. La empresa Energía Eólica Mareña, de capital japonés, australiano y holandés, construirá en este pueblo ikojts el parque eólico San Dionisio, el mayor de América Latina y el segundo más grande del mundo, pero sin consultar a la población, sin dar información y con actos de corrupción, denunció Jesús García Sosa, uno de los representantes de la Asamblea General del Pueblo de San Dionisio.

El 8 de noviembre de 2004, la compañía hizo firmar un contrato a Álvaro Sosa, ex presidente del comisariado de bienes comunales, mediante sobornos y engaños, para usufructuar por 30 años mil 643 hectáreas y establecer el parque eólico en esta ínsula y en la isla Tileme, lugar sagrado de los ikojts o huaves.

Prácticamente es una segunda conquista española; vienen otra vez a arrebatarnos nuestro territorio, señaló.

Expuso que el contrato es leonino y violatorio de sus derechos como pueblo indígena, pues no se realizó una consulta, como estipulan la Constitución y el convenio 162 de la Organización Internacional de Trabajo, ni se proporcionó información para tomar decisiones sobre el uso de las tierras.

Se han violado nuestros derechos a la información, a la consulta, al consentimiento libre e informado, a la libre determinación y a la autonomía, al imponernos este contrato leonino de usufructo, asentó.

Explicó que el pueblo ikojts se enteró del contrato suscrito por el comisariado de bienes comunales en diciembre pasado, cuando se dio a conocer el cambio de uso del suelo firmado por el presidente municipal, el priísta Miguel López Castellanos, a cambio de 20 millones 500 mil pesos, sin tomar en cuenta a la comunidad.

Destacó que el pueblo huave se declaró en resistencia e integró la Asamblea General del Pueblo de San Dionisio y resguardar el palacio municipal, que abandonó el alcalde priísta.

Un presidente municipal no puede decidir sobre todos nosotros ni poner en peligro nuestra existencia. Ahora estamos en defensa de lo nuestro, porque hasta la isla Tileme, lugar sagrado para nosotros, está en riesgo, agregó.

Los inconformes informaron que el nuevo comisariado de bienes comunales interpuso un recurso ante el tribunal unitario agrario del distrito 22, con sede en Tuxtepec, para anular el contrato.

La queja señala que el pueblo huave se opone a la construcción del parque eólico y de cinco puertos de atraque. Sostienen que el proyecto implica un despojo de tierras, daños a la biodiversidad (en la zona hay manglares, selva, lagunas, peces y aves), la profanación de sus centros religiosos y, sobre todo, la pérdida de su fuente principal de sustento, la pesca.

Para nosotros el mar es sagrado. En esta isla, en la laguna Superior y en la barra Santa Teresa, hay una alta productividad pesquera que da de comer a los ikojts y a los zapotecos de San Dionisio del Mar, San Mateo del Mar, Santa María del Mar, San Francisco del Mar, Unión Hidalgo, Chicapa de Castro, Juchitán de Zaragoza y Santa María Xadani. Si se construyen los puertos de atraque, o más bien de atraco, y se instala el parque eólico, nos estarían cortando la yugular, apuntó.

García Sosa advirtió que el pueblo ikojts ha determinado defender su territorio y el mar por todos los medios posibles y luchar por la cancelación del parque eólico San Dionisio.

Estamos dispuestos a todo, y si ahí se va la vida, ni modo. Si hay una consulta y el pueblo dice que sí, adelante, pero si dice que no, que respeten nuestra decisión. El pueblo tiene la última palabra, terminó.

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