Opinión
Ver día anteriorMiércoles 29 de agosto de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México: economía apagada

Cepal: flores y bombones

¿Que 30 años no son nada?

M

uy cerca ya –felizmente– de concluir la administración calderonista, la Cepal ha ratificado su pronóstico 2012 (el anterior lo hizo público en febrero pasado) sobre el crecimiento mexicano: 4 por ciento, dado el dinamismo moderado de su economía. Con mucho entusiasmo y ganas de echarle una mano a la administración saliente y un empujoncito a la entrante, la secretaria general de ese organismo, la bióloga Alicia Bárcena, afirmó que una nueva administración federal representa una enorme ventana de oportunidad para que se aprueben las reformas estructurales pendientes que den al país mejores condiciones para superar la desigualdad social.

Sin embargo, por muchas flores que lancen esa institución y su máxima representante, dos hechos llaman la atención, con base en las estadísticas y proyecciones de la propia Cepal. En el caso de las primeras, el dinamismo moderado por ella reconocido no alcanza para cubrir, ni lejanamente, la promesa del actual inquilino de Los Pinos referente a un crecimiento anual promedio de 5 por ciento en el sexenio. Con base en las segundas, desde la reciente campaña electoral el organismo advirtió que las propuestas de los cuatro candidatos al hueso mayor no implicarían cambios radicales en el modelo económico, de tal suerte que la desigualdad social, lejos de superarse, se agudizaría (con cualquiera de ellos como ganador), simple y sencillamente porque esa cuarteta representaba más de lo mismo.

Para el primero de los casos citados, lo que podría ser un pronóstico medianamente halagüeño (un crecimiento de 4 por ciento en 2012) rápidamente se torna en espeluznante panorama, cuando se considera, íntegro, el resultado sexenal del calderonato en materia de crecimiento, toda vez que en ese periodo la tasa anual promedio a duras penas alcanzó 1.9 por ciento, ocupando así la segunda posición en el medallero de los últimos 30 años (léase el periodo prianista neoliberal), sólo superado por el inenarrable Miguel de la Madrid, cuyo exitoso crecimiento se tradujo en 0.34 por ciento anual. Cómo estará la cosa, que hasta Vicente Fox alcanzó algo más que Felipe Calderón, con una tasa anual promedio de 2.3 por ciento.

Entonces, sí, ese dinamismo moderado puede leerse afuera como una gran señal de que la economía mexicana va viento en popa (aunque con 60 millones de mexicanos en la pobreza no son muchos los que coinciden con esa lectura), pero de nada sirve regalar bombones y pronunciar entusiasmados discursos, como la señora Bárcena comprenderá, cuando el problema sólo se aborda parcialmente y para ello se selecciona la parte menos peor del espectáculo, como dirían los clásicos, pues bajo esa óptica también podría presumirse que en cinco de los seis años del susodicho en Los Pinos se registró crecimiento, por mucho que éste fue raquítico.

México requiere un crecimiento anual (sostenido y real) no menor de 6 por ciento para comenzar a salir del hoyo. En las últimas tres décadas, el promedio anual en este renglón a duras penas alcanzó 2 por ciento, es decir, tres veces menos del mínimo necesario, algo que, por lo demás, no da sustento a la tesis del dinamismo moderado. Lo concreto es que en el calderonato la economía mexicana creció (cifras de la propia Cepal) menos que la haitiana, y casi al mismo ritmo que la nicaragüense, lo que ya es decir y da cuenta de la terrible realidad que aparentemente no registran en otras latitudes. Con todo y dinamismo moderado, según la citada presunción, en 2012 la economía mexicana ocuparía el escalón número 12 de 20 posibles, de acuerdo con la estadística de la Cepal, organismo que para el mismo año estima un crecimiento de 6 por ciento en Haití.

Compárese el dinamismo moderado de la economía mexicana con Felipe Calderón en Los Pinos con sus antecesores neoliberales, y la única conclusión sólida a la que se llega es que sexenio tras sexenio el crecimiento de México resulta cada vez menor, al grado de llegar al citado 1.9 por ciento. Así, al cierre de López Portillo la tasa anual promedio de crecimiento fue de 6.55 por ciento; con De la Madrid a duras penas alcanzó 0.34 por ciento; Salinas reportó 3.9 por ciento; Zedillo, 3.5 por ciento, y Fox, 2.3 por ciento. Tres décadas de reformas estructurales han llevado al país a crecer 3.5 veces menos que 30 años atrás. Así, lo que México crecía en un sexenio antes de esas reformas, ahora lo hace en casi tres, y el dato no es menor por las profundas cuan severísimas implicaciones sociales que conlleva.

Según la Cepal, la película completa para el año va así: en 2012 se espera que la subregión de Centroamérica, República Dominicana y Haití tenga un crecimiento promedio de 4.5 por ciento, sobre todo debido a que Panamá (8 por ciento) y Haití (6 por ciento) se mantendrían como las economías con mayores tasas de crecimiento del PIB en la región, seguidas por República Dominicana. Los países más integrados financieramente a la economía mundial (Brasil, Chile, Colombia, México y Perú) tendrían un crecimiento conjunto anual promedio de 4.4 por ciento, con una recuperación parcial en Brasil (2.7), pero con tasas mayores en Perú (5.7), Chile (4.9), Colombia (4.5) y México (4). Les seguirían, con un crecimiento medio de 4.1 por ciento los exportadores de hidrocarburos (Bolivia, Ecuador, Trinidad y Tobago y Venezuela, asistidos por los precios favorables de los combustibles. Habría un menor crecimiento (1.8 en promedio) del grupo de países exportadores de productos agroindustriales de América del Sur (Argentina, Uruguay y Paraguay), reflejo de la desaceleración del crecimiento de los dos primeros y, sobre todo, de la contracción en Paraguay (-1.5 por ciento).

Queda el asunto de la enorme ventana de oportunidad que representa el advenimiento de una nueva administración federal, la cual empujaría (todo el concepto es de la Cepal) las reformas estructurales pendientes que den al país mejores condiciones para superar la desigualdad social. Aquí de nuevo se atora el citado organismo, pues el problema es que en los hechos las reformas pendientes sólo profundizarán la desigualdad social, toda vez que la composición del poder político-económico en el país no ha variado un milímetro, es decir, los mismos que han hundido a México a lo largo de 30 años, hoy prometen que lo van sacar del hoyo con esas reformas. ¿Dónde quedó el análisis cepalino?