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La activista, una de las más famosas de los años 60 y 70, protagoniza documental de Shola Lynch

No han cambiado mis principios ni mi compromiso político: Angela Davis

Lo que más me angustia es que hoy en Estados Unidos hay muchísimas más personas tras las rejas que hace 42 años, afirma

Existe también un racismo más fuerte que entonces, pese a que el presidente es afroestadunidense, dice esta figura icónica por su discurso, militancia en los Black Panthers y peinado afro

Luciano Monteagudo
Página/12
Periódico La Jornada
Jueves 20 de septiembre de 2012, p. a10

Toronto. No creo que mis principios hayan cambiado en todos estos años. Ni tampoco mi compromiso político. Quien habla es nada menos que Angela Davis, una de las activistas más famosas de los años 60 y 70, figura icónica no sólo por su discurso fuertemente revolucionario y por su prominente militancia en los Black Panthers, sino también por su célebre y desafiante peinado afro, que hizo furor en su época entre las mujeres negras.

Hoy, a los 68 años, esta intelectual y docente universitaria, formada en la Universidad de Francfort bajo la tutela de Herbert Marcuse, llegó al Festival Internacional de Cine de Toronto para apoyar el lanzamiento del documental Free Angela & All Political Prisoners.

Dirigida por Shola Lynch, la película da cuenta de la ordalía de Davis 42 años atrás, cuando fue involucrada por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) en el secuestro y muerte del juez Harold Haley, del condado de Marin, en California, cargo del cual finalmente fue absuelta, a pesar de la presión que puso en su momento el gobernador del Estado, Ronald Reagan, quien en 1969 ya había logrado expulsarla de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) por la abierta militancia de Davis en el Partido Comunista.

Uno de los fugitivos más buscados por la FBI

Prófuga de la justicia, de la que lógicamente desconfiaba, Angela Davis llegó a figurar, a los 24 años, en la lista de los 10 fugitivos más buscados de la FBI, hasta que finalmente fue detenida en octubre de 1970. Se desató entonces una campaña internacional por su liberación, que incluyó la solidaridad de John Lennon y Yoko Ono, quienes compusieron el tema Angela para su LP Some Time in New York City, y de los Rolling Stones, que grabaron el simple Sweet Black Angel, incluido luego en el álbum Exile on Main Street.

Nunca busqué ese grado de exposición pública y fue algo muy difícil de aceptar entonces, recuerda Davis en una entrevista con Página/12, en una suite del Soho Metrotel de Toronto. Mi aproximación original fue estrictamente política y ni siquiera en mis sueños más locos pensé que sería empujada en esa dirección. Pero al mismo tiempo fui consciente de que era algo con lo que iba a tener que aprender a vivir. Y que, por tanto, iba a tratar de usarlo, no tanto en mi nombre como en el de tanta gente que no tenía voz en ese momento.

–¿Se refiere a sus compañeros de militancia en los Black Panthers?

–Exactamente. Porque la campaña nacional por mi libertad se inició originalmente bajo la consigna Liberen a Angela Davis, pero yo consideré que debía ser Liberen a Angela Davis y a todos los presos políticos, que es la frase que eligió ahora Shola Lynch para su documental.

–En la película, usted menciona que la triple condena a muerte que pidió para usted el fiscal no se dirigía tanto hacia usted personalmente, sino hacia la construcción que usted encarnaba. ¿Puede ampliar esta idea?

–Me di cuenta muy pronto de que todo ese ensañamiento hacia mi persona excedía a mi figura y mi situación personal. En primer lugar, porque no me podían matar tres veces. Y me di cuenta también de lo seria que era toda la situación. Estaban decididos a matar a la construcción de este enemigo imaginario. Y yo era la encarnación de ese enemigo, por negra, mujer y comunista. Cuando la FBI comenzó a perseguirme, aprovechó para encarcelar a cientos de negras y jóvenes como yo. Aprovecharon la situación para intentar infundir miedo en toda la comunidad negra.

–¿Qué cambió desde entonces?

–Creo que cambiaron muchas cosas. Y pienso que cambiaron en gran medida gracias a la lucha que llevamos a cabo. Cuando tuve la oportunidad de asistir a la universidad, fui una de las poquísimas negras que tuvieron esa suerte. Hoy ya no es ni remotamente así, aunque hay que reconocer que todavía existe una enorme desproporción entre la cantidad de estudiantes blancos y negros. Lo que hoy me angustia mucho es que en aquel momento, cuando luchábamos por la liberación de todos los presos políticos en particular y contra la institución carcelaria en general, nos sorprendía la cantidad de gente que había en prisión en el país, pero hoy, en Estados Unidos, hay muchísimas más personas tras las rejas. Hoy en mi país hay dos millones y medio de personas encarceladas. Uno de cada 37 adultos está bajo el control del sistema penitenciario, lo cual es un porcentaje altísimo. Es el país con mayor población carcelaria del mundo.

–¿A qué lo atribuye?

–A los índices de pobreza, sin duda. La mayoría de los hombres jóvenes negros hoy están desempleados. Este es obviamente un problema político y también de racismo. Es verdad que los libros de texto ya no expresan abiertamente el racismo como sucedía antes y que oficialmente ya no hay segregación racial, pero en muchos sentidos la situación está peor hoy que hace medio siglo.

–¿Incluso con un presidente afroestadunidense, como Barack Obama?

–Sí, es triste decirlo, pero las cosas están peor con un presidente afroestadunidense en la Casa Blanca. Esa es la ironía, porque hace medio siglo hubiera sido impensable que alguna vez un hombre negro pudiera ser presidente de Estados Unidos, cosa que hoy es posible. Pero también hay que decir que hoy a nadie en la Casa Blanca le importa que un millón de hombres negros estén presos. Y esto tiene una relación directa con el desmantelamiento completo del sistema de bienestar social y con la desindustrialización que está viviendo el país, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo. Antes la población negra tenía fuentes de trabajo en las industrias siderúrgica y automovilística, así como en tantas otras industrias que ahora se han mudado a otros países donde la mano de obra es mucho más barata. Yo nací y me crié en Birmingham, Alabama, y allí la industria siderúrgica era la principal fuente de trabajo. Todavía lo sigue siendo, pero con muchos menos puestos de trabajo que antes. Y si a eso le sumamos la falta de contención social, la falta de educación, la falta de un buen sistema de salud pública, sucede que la cárcel se convierte en la solución por default de todos los problemas sociales que no se atienden políticamente.

La guerra contra el terrorismo sobrepasó a Obama

–Hablando de prisiones... ¿por qué piensa que Obama no cumplió con su promesa de cerrar la cárcel de Guantánamo?

–Eso es lo que debió hacer desde un primer momento, no bien asumió el gobierno. En muchos sentidos debemos decir que la llamada guerra contra el terrorismo lo sobrepasó. Pero también tenemos que reconocer que la primera razón por la cual no cerró Guantánamo es porque no salimos a la calle a reclamarlo. En muchas instancias, la gente que eligió a Obama no se mantuvo unida y alerta. Habría que haber creado un movimiento detrás de este tema para poner presión y que la cárcel de Guantánamo se cerrara. Y también para crear un mejor sistema de salud pública, mejor educación, etcétera. Y eso es todavía lo que tenemos que hacer.

–¿Para el próximo proceso electoral?

–Absolutamente. Tenemos que salir a ocupar espacios, adquirir una dimensión de lo que es posible y necesario hacer.