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Presentaron el libro más reciente del investigador y académico

Enrique Florescano plantea un mapa del pensamiento histórico
Carlos Paul
 
Periódico La Jornada
Jueves 27 de septiembre de 2012, p. 8

Hacer historia es una manera de hacer política. La historia legitima el poder y cumple un papel irremplazable en la creación de ciudadanos, son algunas de las tesis que Enrique Florescano desarrolla en su libro más reciente, La función social de la historia (Fondo de Cultura Económica).

El volumen fue comentado el martes por Carlos Marichal, Clara García, Javier Garciadiego y Lorenzo Meyer, en la librería Rosario Castellanos.

Se trata de una vasta síntesis de fácil y amena prosa que cubre la historia de México y la historiografía occidental.

La investigación es la culminación de una serie de reflexiones del autor sobre la historia, por lo que el volumen no sólo es un análisis de la historia y sus usos en diferentes épocas, sino también una amplia reflexión sobre el desarrollo del pensamiento del propio historiador, apuntó Clara García.

Es un libro que se ocupa de la naturaleza, el sentido, la causa e importancia de los cambios en la historia. Asimismo, analiza qué pasó en un momento y lugar determinado, junto con sus efectos hacia el futuro.

Con base en lecturas cuidadosas de fuentes y desde la distancia, Florescano utiliza sus razonamientos y perspectivas para recrear diversos tiempos pasados, en un intento de ser objetivo dentro de su misma subjetividad, explicó García.

Entre los temas figuran: cuándo se comienza a hacer historia, cómo se hace, la fundación de un canon histórico fundamental, la función ejemplar o moral de la historia, esa disciplina como fuente de arquetipos, delinea también el desarrollo de la vertiente científica, la plantea como memoria del poder, como formadora del bien común, al tiempo que ofrece una mirada crítica hacia el pasado.

Valor de la memoria colectiva

“Florescano –abundó Clara García– resalta la importancia de la historia oral, que al transitar hacia la escrita marginó a los pueblos sin historia.”

Además, describe al mito y su relación con la historia, examina la relación entre historia y ficción, así como la ruptura entre la memoria y la historia. Subraya la importancia de la memoria colectiva y discute los retos actuales de los historiadores y la profesionalización de la historia.

Florescano reconstruye el canon historiográfico occidental que mueve al mundo hacia un futuro moderno y lo entreteje con el canon mexicano cíclico, con sus recurrencias y adaptaciones, transiciones y continuidades. El resultado no es una historia de la historia, sino una obra rica en reflexiones, así como un mapa del pensamiento histórico.

Lorenzo Meyer destacó, entre otras cuestiones, la tesis de Florescano sobre hacer historia es una manera de hacer política y dijo que la obra del historiador finalmente es un instrumento de educación política y en la actualidad es medio para formar ciudadanos responsables y conscientes.

Por esa razón, señaló Meyer, la historia puede ser empleada exactamente en el sentido opuesto, como un instrumento, no para formar ciudadanos, sino súbditos.

Para Meyer, la idea de la historia como formadora de ciudadanos para entender la realidad y actuar en consecuencia, es un objetivo más válido que nunca, pero dada la naturaleza del mundo contemporáneo, y en particular el mexicano, creo que esta función social de la historia, en la realidad, está más cerca de la utopía. Es obligación del historiador tratar de hacerse relevante, pero será muy difícil que lo logre, nos dice Florescano, mientras el historiador profesional preocupado más por la cantidad que por la calidad, publique más para sus colegas que para la gente común.

Para concluir, Enrique Florescano, tras explicar el contenido del volumen, destacó que no se trata de un libro para los especialistas en historia, sino que quiere ser un libro que informe al lector común de los distintos usos, manipulaciones, elucubraciones y concepciones fabricadas por los pueblos, los individuos y diversas corrientes de pensamiento.