Opinión
Ver día anteriorJueves 27 de septiembre de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Previsiones y acciones
D

os instancias diferentes han señalado que las expectativas para el cierre de este año se siguen deteriorando. El FMI advirtió que las incertidumbres europeas y de Estados Unidos están debilitando el crecimiento global, lo que les llevará a reducir por segunda vez en el año sus estimaciones para 2012 y 2013. El G 20, por su parte, planteó que los riesgos financieros globales no sólo permanecen sino que están incrementándose, lo que impedirá que se alcance el crecimiento previsto este año para la economía mundial de entre 3 y 3.5 por ciento.

Estas apreciaciones sobre el futuro inmediato tienen un aspecto más dramático si se atiende al problema del desempleo. Los registros más recientes en la Europa del euro indican niveles escandalosos que alcanzan el 12 por ciento, con registros cercanos al 20 por ciento para España, Grecia, al tiempo que en Estados Unidos se mantiene arriba del ocho por ciento. Este escenario se explica en buena medida porque los gobiernos han decidido centrar sus acciones en el control del déficit fiscal y del endeudamiento público.

La situación de Europa y Estados Unidos, sin embargo, es diferente. En el primer caso estamos frente a condiciones recesivas con altísimos niveles de desempleo y en el otro frente a una reducción del crecimiento esperado con un desempleo alto, pero lejano al europeo. La explicación de estas diferencias está relacionada con la manera en la que han actuado sus bancos centrales. Constituyen, en consecuencia, un extraordinario ejemplo vivo de las funciones del banco central, que debiera servir de base para que la legislatura que inicia sus actividades se proponga reconsiderar el mandato del Banco de México.

El Sistema de la Reserva Federal (Fed), de septiembre de 2007 a diciembre de 2008, redujo la tasa de los fondos federales a prácticamente cero, alcanzando su límite efectivo. Instrumentó, además, acciones para dotar de liquidez a los mercados financieros, coordinándose con muchos otros bancos centrales. Pese a esto, la recesión prosiguió elevando la tasa de desempleo en ese país del 6 por ciento en abril de 2008 al 10 en octubre de 2009.

Frente a este deterioro del mercado de trabajo, el Fed a finales de 2008 anunció la compra de 600 mil millones de dólares de activos financieros respaldados con hipotecas, la que expandió en abril de 2009 a 1.25 billones de dólares. Estas compras de activos financieros constituyen el programa de relajamiento cuantitativo I (QE1, por sus siglas en inglés).

En noviembre de 2010, ante niveles de desempleo persistentemente elevados, el Fed instrumentó un segundo paquete de relajamiento. monetario, esta vez por 600 mil millones de dólares, el QE2. A finales de agosto de este 2012, frente a las dificultades y a un mercado de trabajo estancado el Fed instrumentó el QE3, esta vez sin establecer un monto límite sino indicando que adquiriría 40 mil millones de dólares mensuales en activos financieros respaldados con hipotecas, hasta que hubiera indicios sólidos de que los propósitos de este programa se hubieran alcanzado.

El Banco Central Europeo (BCE), responsable de la política monetaria en la zona que ha concentrado las mayores dificultades desde mayo de 2010, no ha actuado de la misma manera. Limitado legalmente desde el momento de su creación a mantener estabilidad de precios, con reticencia instrumentó compras de deuda soberana de países periféricos, pero solamente en el mercado secundario, al tiempo que otorgaba financiamiento barato y de mediano plazo a bancos europeos.

Recientemente, ya bajo el mando de M. Draghi, anunció que haría todo lo que fuera necesario para salvar al euro, lo que se tradujo en el anuncio posterior de que podría comprar títulos de deuda soberana de países en dificultades, siempre y cuando estos países lo solicitaran y se apegaran a un estricto plan de austeridad.

Las diferencias son fundamentales. Tienen que ver con propósitos legales que señalan objetivos distintos. Corresponde a los legisladores resolver si en el momento actual conviene que nuestro banco central mantenga su objetivo único o si, como indica la experiencia reseñada, es oportuno ampliar ese propósito.