Opinión
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Sobre la secretaría de ciencia, tecnología e innovación
L

a idea de crear una secretaría de ciencia no es algo nuevo. Han transcurrido por lo menos 18 años desde que escuché esta propuesta por primera vez. Recuerdo que el argumento principal en contra de esa idea era que contribuiría muy poco al avance científico y significaría más burocracia.

Esta palabra (burocracia) tiene una connotación tan negativa que es capaz de ahuyentar a cualquiera. Han pasado casi 20 años, el país no es el mismo y el papel que deben desempeñar la ciencia, la tecnología y la innovación en nuestro desarrollo es inaplazable. El temor a la burocratización se convierte hoy en algo vacío, un lugar común, frente a los impedimentos que plantea la legislación vigente, la cual hace casi imposible que estas tareas adquieran un papel relevante en el futuro del país. En las condiciones actuales predominan la inacción, la falta de rumbo, los saltos de una esfera a otra y el ninguneo.

Una secretaría de ciencia, tecnología e innovación tiene hoy un sentido muy diferente al que pudo haber tenido en el pasado y adquiere gran importancia en la configuración de nuestro país en los próximos años. La idea de crearla está viva. Tan es así, que figura entre las propuestas que fueron presentadas la semana pasada al presidente electo, Enrique Peña Nieto, por un grupo de 65 instituciones y organizaciones liderado por el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles.

La propuesta forma parte del documento titulado Hacia una Agenda Nacional en Ciencia, Tecnología e Innovación, que constituye, a mi juicio, el programa más avanzado creado hasta ahora para este sector. Si bien incluye diversos aspectos como financiamiento, legislación, descentralización, etcétera, los cuales están articulados formando una unidad, yo me voy a referir por ahora solamente a algunos temas relacionados con la secretaría.

De acuerdo con la Ley de Ciencia y Tecnología vigente, la cabeza de este sector es el Consejo General de Investigación Científica, en el que participan nueve secretarios de Estado que deben ser convocados por el presidente de la República. En teoría suena muy bien, pero en la práctica esta estructura garantiza que este consejo se reúna muy pocas veces… o nunca, lo que hace imposible la definición de objetivos de largo alcance y la coordinación intersectorial. El resultado final es la parálisis.

También la responsabilidad sobre este sector se desplaza continuamente entre distintas secretarías de Estado. Así, un día amanece formando parte de la Secretaría de Hacienda o de Economía, y mañana bajo el cobijo de la Secretaría de Educación Pública. Es como si se lanzara una pelota de un lado a otro. Estas oscilaciones indican falta de claridad y de rumbo.

Desde luego el documento no trata estos temas en los términos que los estoy planteando, pues está redactado de manera formal, pero queda claro que también está presente el problema de las jerarquías. Por ejemplo, la recomendación que pudiera hacer en beneficio del país el más alto funcionario en el área científica puede no ser escuchada si un secretario de Estado y aun un funcionario menor decide no tomarle la llamada (y esto sí es burocracia).

La estructura actual corresponde muy bien con el atraso científico y tecnológico del país, cuyo tamaño puede medirse con recursos que no sobrepasan 0.4 por ciento del producto interno bruto.

La propuesta de secretaría en el documento referido revela que detrás de ella hay mucho trabajo y una reflexión muy profunda. Plantea dos opciones, una de las cuales incluye dentro de la estructura de la nueva dependencia a la educación superior. Se trataría así de una secretaría de educación superior, ciencia, tecnología e innovación, lo que implicaría, no sólo la creación de una nueva instancia administrativa, sino una transformación radical en la estructura de la educación y la ciencia, que no tiene precedente en la historia de nuestro país.

En mi opinión, una mayor atención en términos presupuestarios a la ciencia, la tecnología y la innovación, a la que por cierto se comprometió en la reunión citada el licenciado Enrique Peña Nieto, debería corresponderse con una nueva estructura del sistema de ciencia y tecnología, dentro de la cual una nueva secretaría de Estado podría garantizar el manejo adecuado de los recursos, además de la definición de prioridades, objetivos y un rumbo.

Aunque algunos consideran que esta propuesta no prosperará, pues el licenciado Peña Nieto expresó algunas reservas hacia la idea de una nueva secretaría, no está cancelada del todo, pues también aceptó públicamente que requiere de un mayor análisis, que seguramente se realizará dentro del equipo de transición.