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La idea del libro surgió de una charla donde las copas se multiplicaron de manera terrible

¡A huevo, Kuala Lumpur!, novela de aventuras clandestinas de López Páez

Se pone en marcha la máquina cerebral y enseguida vienen las ideas, contó en entrevista

 
Periódico La Jornada
Domingo 28 de octubre de 2012, p. 3

Una serie de aventuras e historias clandestinas suscitadas en diversos lugares de México y de Europa conforman los escenarios donde habita Enrique, personaje central de la novela ¡A huevo, Kuala Lumpur!, del escritor Jorge López Páez.

La obra publicada por el Fondo de Cultura Económica (FCE), describe la vida del pequeño Enrique, quien con la muerte de sus padres ve desaparecer su mundo infantil; desde entonces es testigo mudo de los avatares del destino que lo trasladan a momentos tan inolvidables como peligrosos.

La historia del niño huérfano, explica López Páez en entrevista, surgió a raíz de un comentario vertido por un conocido en una reunión donde las copas se multiplicaron de manera terrible.

Después de la idea obtenida tras esa charla, las aventuras y los personajes que describo en la novela son totalmente ficción, añade el autor oriundo de Huatusco, Veracruz, quien a finales de noviembre cumplirá 90 años.

López Páez narra con destreza, ironía y picardía una serie de historias que forman parte de la realidad: las pasiones ocultas, el abuso infantil, los problemas familiares así como las incidencias en torno al abandono y la soledad.

Temas difíciles de aceptar

A lo largo de la trama, el pequeño Enrique pasa de la custodia de su abuela y de su tía Lidia a la protección de su benefactora Leonorcita del Pino, por quien conoce a Víctor Zaragoza Limón, personaje inmerso en la política que lo deslumbrará y encaminará hacia una pasión desenfrenada.

El libro tardó mucho tiempo en publicarse, porque el título y los temas que abordan no son fáciles de aceptar, explica el escritor, quien tiene tres obras más aún sin publicar.

Para desarrollar la trama de ¡A huevo, Kuala Lumpur!, oí algo y pregunté algo; a partir de ahí todo empezó a entretejerse: personajes, lugares e incidentes sorpresivos.

Cuando uno pone en marcha la máquina cerebral, enseguida vienen las ideas unas tras otras, añade.

Pese a la trayectoria literaria que lo ubica como uno de los grandes narradores veracruzanos, Jorge López Páez prefiere escuchar a su interlocutor que hablar o ser entrevistado.

Foto
El autor veracruzano durante la entrevistaFoto Cristina Rodríguez

Durante la charla, el escritor devela la razón. Su proceso creativo se inicia cuando una historia, un detalle o un personaje llaman su atención.

Después interviene su oficio –que suma ya varias décadas–, la gran imaginación y la infinidad de anécdotas que posee luego de haber recorrido el mundo y haber tratado a lo largo de su vida con personajes emblemáticos de todos los ámbitos.

Siempre me ha gustado viajar y cuando escribo me voy a Acapulco, explica el escritor quien ha sido distinguido con los premios Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura (2009), Internacional de Cuento La Palabra y el Hombre de la Universidad Veracruzana ( 1992), Xavier Villaurrutia (1993) y Mazatlán de Literatura ( 2003), entre otros.

Para esta novela, dice López Páez, cabe retomar la frase: El hombre público no tiene vida privada.

Incluso, en la dedicatoria del libro, el autor enfatiza: Cualquier semejanza con la realidad se debe a la coincidencia o a la concomitancia encabronada de los hechos.

Durante la charla, el narrador prefiere hablar sobre política, literatura, música, cine, familia y plantas, que son –admite– uno de sus pasatiempos. Además, se complace en enseñar a sus visitantes las obras del artista Juan Soriano, las cuales son parte esencial en su departamento de la colonia Juárez.

Jorge López Páez estudió derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, y antes de los 30 años de edad publicó su primera obra, La última visita. También es autor de Hacia el amargo mar (1965), Mi hermano Carlos (1965), Silenciosa sirena (1989), Ana Bermejo (1996), Mi padre el general (2004), así como cuentos, entre los que figuran, Doña Herlinda y su hijo y otros hijos (1993) y De Jalisco las tapatías (1999), entre otras obras.

También ha coordinado talleres literarios y fue becario del Fonca en 1989, y de la Fundación Simon Guggenheim en 1983 y 1984. Además, fue integrante del Sistema Nacional de Creadores desde 1994 y creador emérito a partir de 1999.