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La afición universitaria nunca perdonó el pasado amarillo del apodado Capello

Pumas perdió ante América y despide al técnico Mario Carrillo

Bravo falló un gol y Verón la hizo de delantero

Antonio Torres dirigirá a los auriazules los dos juegos que restan del torneo regular

Aún tenemos posibilidades de avanzar y buscaremos el pase: García Aspe

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El ataque americanista mantuvo activo al portero Patiño. En la gráfica, Benítez (al fondo) falla su tiroFoto Marco Peláez
 
Periódico La Jornada
Lunes 29 de octubre de 2012, p. 2

Hay relaciones destinadas al fracaso, en las que todo abona para el infortunio. Mario Carrillo y la afición de Pumas protagonizaron una de las más tormentosas que se recuerden en el futbol mexicano. Y la derrota de ayer ante América –apenas por una llegada clara, por un solitario gol– fue suficiente para acabar un vínculo en el que a estas alturas ya nadie creía.

Los colores del peor rival universitario pesaron más que nunca en el banquillo y la derrota felina culminó en el cese del técnico universitario, porque ayer no sólo la afición auriazul recordó a Carrillo su pasado amarillo; incluso los visitantes corearon que había estado en sus filas y los había hecho campeones.

Era difícil el escenario. Pumas, desmoralizado después de la goleada 5-0 que sufrió hace una semana ante Tigres, tenía que reparar el camino ante el enemigo más enconado, América, que llegaba en circunstancias bastante cómodas. Pese al confort en la tabla, las Águilas llegaron blindadas –literalmente– en camionetas especiales.

Se presentaba la posibilidad de que el cuadro universitario aún pensara sin sobresaltos en la liguilla o que las Águilas afianzaran su pase a la siguiente fase. También estaba en juego la cabeza de Carrillo.

Ocurrió lo último y ahora el conjunto de la UNAM tiene que ganar sus duelos pendientes y confiar en que la suerte abogue por ellos. Que los equipos contra los que hoy compite por avanzar jueguen sin entusiasmo ni puntería. Sólo así Pumas estará en cuartos de final.

Pero el resumen de la relación dramática entre Carrillo y la afición ayer lo representó el propio equipo universitario, que nunca terminó por encontrarse en los ocho partidos que dirigió el apodado Capello y que sólo pudo celebrar la victoria en tres ocasiones durante esta etapa.

Los felinos nunca pescaron una sola jugada ante América; no pudieron salir coordinados con la pelota en los pies ni mostrar el juego colectivo y ofensivo que exhiben en CU. Pumas nunca fue Pumas con Carrillo.

Tal vez el desenlace de esta historia sería distinto si la primera pelota clara que tuvo el equipo auriazul no la hubiera fallado Martín Bravo ante un arco descubierto, cuando apenas empezaba el partido. Hizo lo que se necesita para crear peligro: fue pícaro y robó el balón a la paquidérmica defensa americanista, encaró al arquero Moisés Muñoz e intentó bombearle el disparo.

Ahí es donde cometió el error que cambió todo. La pelota se fue por fuera y el delantero argentino sólo pudo llevarse las manos a la cabeza, incrédulo ante lo que acababa de desperdiciar.

Ese yerro pesó sobre Pumas y mató a Carrillo. Después el conjunto felino no pudo encontrar el espacio por donde salir a provocar peligro en el rival, y el descontrol era tan notorio que el capitán Darío Verón tuvo que subir encabezando el ataque. Fue un defensa obligado a recuperar balones y a pisar el área amarilla. Un zaguero disfrazado de delantero ocasional.

Sin grandes jugadas ni situaciones claras, el América llegó al área de Pumas. Rolfi Montenegro acechó fuera de la zona de peligro, lo hizo sin aspavientos, casi con pereza levantó la vista, midió el terreno y disparó al arco de Odín Patiño, quien sumó su lentitud a la ineficacia de su defensa. La pelota cruzó al segundo poste y el portero se lanzó de forma tan lamentable que más le valía haberse quedado tieso para evitar el bochorno de un gol sin gracia.

Estar abajo en el marcador fue la peor ofensa para los auriazules y la soga al cuello para un técnico a quien la afición nunca quiso. Los Pumas perdieron el control, y la ansiedad los hizo salir desesperados a buscar el arco rival, con jugadas alocadas y sin sentido o con disparos furiosos, pero sin tino.

Los gritos de fuera Carrillo del lado universitario, y de Carrillo azulcrema en la cabecera visitante, imprimieron un ambiente tenso en todo el estadio. El técnico aludido sólo permanecía impávido con los brazos en jarras, inexpresivo ante las burlas y los insultos.

En el segundo tiempo parecía más probable que el América hiciera el segundo tanto, que los locales consiguieran empatar el encuentro. Al terminar el estadio estalló; los americanistas se burlaban por la derrota infligida a un ex americanista y los universitarios respondieron con insultos.

El equipo felino se dirigió a los vestidores bajo una lluvia de objetos. Con paso lento Mario Carrillo caminó bajo esa tormenta. Después anunciaron su despido.

El vicepresidente deportivo, Alberto García Aspe, dio a conocer al final este desenlace e indicó que este lunes se darían más detalles. Sólo adelantó que Antonio Torres Servín dirigirá al equipo en los dos partidos que faltan en el torneo porque sabemos que todavía tenemos posibilidades de avanzar y en estos juegos intentaremos conseguir la clasificación.

Por otra parte, la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal reportó saldo blanco durante el encuentro Pumas-América.

Únicamente ocho personas fueron remitidas a un juzgado cívico por dedicarse a la reventa. Las autoridades informaron que en total se decomisaron 52 boletos.

El operativo comenzó a las siete de la mañana y finalizó poco antes de las cinco de la tarde. En el despliegue participaron 4 mil 141 uniformados.

Logró mantenerse el orden y se garantizó la integridad física y patrimonial de los asistentes. Se evitaron asentamientos viales alrededor del estadio Olímpico y en los distintos puntos donde se reunieron los grupos de animación, indicó la dependencia capitalina en un comunicadao de prensa.