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Corazón del Cielo. Corazón de la Tierra muestra la irrefrenada globalización destructora

Advierte filme que 2012 no es el fin, sino el tiempo para cambiar

El documental de Frauke Sandig y Eric Black relata la resistencia de seis jóvenes mayas a las amenazas a su cultura y entorno

Obtuvo mención especial en el reciente Festival Docs DF

Foto
Fotograma de la cinta Corazón del Cielo. Corazón de la Tierra
Javier Molina
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 25 de noviembre de 2012, p. 7

San Cristóbal de Las Casas, Chis., 24 de noviembre. No había nada que estuviera en pie, sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo, son las primeras palabras del Popol-Vuh: las antiguas historias del Quiché, con las que se inicia el documental Corazón del Cielo. Corazón de la Tierra, de Frauke Sandig y Eric Black, que se exhibió en esta ciudad, antes de participar en el reciente Festival Docs DF, donde obtuvo mención especial como mejor largometraje documental internacional. Antes obtuvo, este mismo año, el premio Pukañawi en el Festival de Cine de Derechos Humanos, en Bolivia, y el primer premio en el Planet in Focus Festival Toronto.

Al principio se ve una imagen cósmica, la forma de unas nubes que presagian tormenta o calma. Luego se contemplan imágenes de la naturaleza (pájaros, el agua limpia de la selva), los caminos, las ciudades del mundo maya... se escuchan la música y los rezos ancestrales. Y la brutal devastación, la destrucción de los bosques, la contaminación de las aguas, el exterminio de los pueblos.

La destrucción de la naturaleza y de la cultura de los pueblos indígenas es una historia universal muy vieja, en todas partes del mundo. Cuando las grandes empresas encuentran recursos naturales en estos pueblos, son maltratados y expulsados otra vez, afirma Sandig.

La película acompaña a seis jóvenes mayas en su vida cotidiana, sus ceremonias y su resistencia frente a los peligros que amenazan a su cultura y su entorno. Chan K’in recuerda el relato de su abuelo y el principio del fin de las maderas preciosas en la selva. Chepita, joven de los Altos de Chiapas, habla del racismo que encontró al llegar a San Cristóbal sin saber todavía el castilla; con pena recuerda el maltrato de los patrones coletos. Refiere su lucha por la conservación del maíz primigenio –la semilla que está en el origen de la civilización maya–, ante la manipulación genética de Monsanto y su importación de Estados Unidos; entonces sus hermanos ya no pueden vender su maíz, abandonan los campos de cultivo y se van al norte afrontando los peligros de cruzar la frontera.

Flori habla de las masacres en Guatemala; recuerda la huída de ese país a México: Caminando, porque todas las carreteras estaban vigiladas; platica del regreso a su pueblo para ayudar en la resistencia contra la mina de oro canadiense que envenena el ambiente dejando rastros de violencia. También está el testimonio de los zapatistas que declararon la guerra el mismo día que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio.

A lo largo de la película se intercalan fragmentos del Popol-Vuh, los diversos momentos de la formación del hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo.

El documental hace recordar el primer fragmento de Heráclito de Efeso: Todo es uno. La unión del uno en el todo, el alma de la naturaleza, y la cosmovisión de los mayas, donde todo es sagrado y está unido entre sí.

Ahora, al fin y al principio de un nuevo ciclo en la cuenta larga del calendario maya, los cineastas hacen notar que la patria de los casi 9 millones actuales de mayas en México y Guatemala es un microcosmos perfecto para mostrar cómo la irrefrenada globalización destruye la Tierra y los pueblos indígenas con drásticas consecuencias para todos.

En una secuencia vemos al comandante David, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, pronunciando estas palabras en un festival realizado en Oventic: “Nosotros, los zapatistas, tenemos la obligación de hacer algo y no permitir que los ambiciosos de poder y de dinero acaben con la naturaleza y con la vida de la humanidad.

Si nosotros no hacemos nada, los poderosos, los malos gobiernos y los neoliberales no van a parar sus planes de destrucción y de muerte.

El fin del gran ciclo del calendario maya en 2012 es usado en la película como metáfora para hablar del fin de la selva, del maíz, del agua limpia. Afirma Frauke Sandig: 2012 no es el fin del mundo, pero es tiempo para cambiar.