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Ver día anteriorMartes 27 de noviembre de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Chile: el agua, la minería y la energía
Joan Martínez Alier
D

os grandes proyectos energéticos han sido desechados en Chile en 2012: Hidro Aysén, en el sur, y la termoeléctrica Castilla, en Copiapó. El proyecto Hidro Aysén fue suspendido en mayo de 2012; era una joint venture de 10 mil millones de dólares entre Colbún y Endesa para construir cinco represas en los ríos Baker y Pascua, en la Patagonia, lugares bellísimos. Mientras, la Corte Suprema en agosto 2012 determinó que hacía falta evaluar de nuevo el proyecto termoeléctrico Castilla en Copiapó, propiedad del empresario brasilero Eike Batista y la alemana E.On, y también el puerto adjunto. Hubo en ambos casos oposición popular contra los proyectos.

En conjunto, entre Castilla e Hidro Aysén producirían casi 5 mil megavatios (MW). También está en duda la central de carbón de Punta Alcalde, de Endesa, de 740 MW y mil 400 millones de dólares.

¿Para qué tanta electricidad? Chile dispone ya de una potencia instalada de 16 mil MW, para 16 millones de pobladores. Es decir, un kilovatio de potencia por persona. ¿Más electricidad aumenta la felicidad? ¿Por qué esos planes del presidente Sebastián Piñera de tener nada menos que otros 8 mil MW? La respuesta es obvia: para dar electricidad a la minería de exportación. Esta tropieza con falta de agua y con falta de electricidad, o de ambas a la vez cuando pretende desalinizar agua del mar.

Las grandes firmas mineras son Codelco, empresa nacionalizada, pero también la Barrick, la Teck, que empujan y empujan. Eso llevó en los gobiernos anteriores a aprobar pestilentes termoeléctricas de coque de petróleo en Huasco, Las Ventanas, Tocopilla. Ahora las mineras siguen empujando para traer energía del sur por autopistas eléctricas y para construir más centrales de carbón.

A 120 kilómetros de Punta Arenas, en las islas Guafo y Riesco, donde hay una gran riqueza pesquera, donde las ballenas se pasean, quieren sacar el carbón. En Riesco avanzan los proyectos. Uno de sus propietarios, Dag von Appen, defiende tanto las hidroeléctricas como la minería de carbón, diciendo que Chile es pobre, no puede ser tan ambientalmente exigente como Estados Unidos o Alemania. Su socio en Riesco es la compañía Copec, de la que el presidente Piñera es uno de sus accionistas principales. Ese carbón se embarcaría para centrales termoeléctricas al norte para suministro de la minería.

Hay en Chile, como en Sudáfrica, un complejo minero-energético. En Sudáfrica se construye una enorme central de carbón, Medupi, con créditos del Banco Mundial (¡Viva el dióxido de carbono, viva!), para dar electricidad para las mineras. El exceso de energía eléctrica que se quiere producir en Chile no es para consumo de la población, sino para las mineras y eventualmente en beneficio de los importadores de cobre u oro, que no pagan los costos ambientales.

En Chile hay grandes batallas por el agua entre agricultores y compañías mineras, y también entre la agricultura comercial y la campesina, como en la región de Valparaíso, donde las empresas de producción de palta (aguacate) acaparan los derechos de agua, lo que motivó el surgimiento del Movimiento de Defensa del Agua, la Tierra y el Medio Ambiente (Modatima).

En la minería, la compañía canadiense Teck, muy presente en Chile, contamina terriblemente en Andacollo y se apresta a atacar también las lagunas del valle de Elqui, bello refugio de resonancias místicas donde nació Gabriela Mistral. Traerá, si puede, agua de Argentina, agitando conflictos trasnacionales.

La ministra de Medio Ambiente es la ingeniera María Ignacia Benítez, ex consultora de GAC, empresa que asesora a compañías mineras. En noviembre de 2012, el presidente Piñera decía a los empresarios mineros que hacía falta avanzar más rápidamente en las inversiones eléctricas. Vamos a tener que duplicar nuestra capacidad de producción de energía en los próximos 10 años. Ha caído muy mal en los círculos mineros la paralización de los grandes proyectos de generación eléctrica, pero Piñera los anima, asegurando que no faltará electricidad ni tampoco agua barata: la inversión en materia de embalses nos va a permitir duplicar la capacidad de almacenamiento en nuestro país, en un periodo de 14 años.

Lo mismo en Chile que en Perú o en Sudáfrica, más electricidad y más agua para las mineras, para exportar más y más, a costa de la destrucción ambiental. ¿Hasta cuándo? ¿Hace falta todo esto para el buen vivir, para el sumak kawsay? ¿Qué piensan los estudiantes chilenos de esa ruta de la economía extractivista? ¿Qué piensa la ex presidenta Bachelet, que tal vez será candidata otra vez? ¿Será ella una más de esos presidentes latinoamericanos de izquierda que no ceden a los de derecha en fervor antiecologista?

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