Opinión
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Gringos blancos y viejos
Miguel Marín Bosch
C

on su relección, el presidente Barack Obama ha asegurado que su paso por la Casa Blanca será visto como un éxito en la evolución política y social de Estados Unidos. De haberse limitado a un solo mandato, algunos hubieran interpretado su presidencia como un fracaso, como un accidente histórico.

Es más, con Obama se ha completado un ciclo que en muchos aspectos se inició en 1960. La vida de Obama (nació en 1961) ha coincidido con ese ciclo que empezó cuando John F. Kennedy se convirtió en el primer presidente de su país que no era protestante ni anglosajón. Con ello desquició en gran parte la idea del mundo de los WASP, es decir, de los blancos protestantes y anglosajones. Obama logró quitarle lo blanco al WASP.

La década de 1960 definió en gran medida lo que hoy es Estados Unidos. Fue un decenio turbulento que cambió para siempre a ese país. Fue una década violenta. John F. Kennedy y su hermano Robert, Martin Luther King y Malcolm X fueron asesinados.

Piensen en los grupos que votaron mayoritariamente por Obama el pasado 6 de noviembre: los jóvenes, las mujeres, los negros y otras minorías como los hispanos y asiáticos, los pobres y otros grupos que dependen de la ayuda que les ofrece el Estado, y la población gay. Hace medio siglo dicha coalición hubiese sido impensable.

Me tocó vivir buena parte de los años 60 en Estados Unidos. Pasé cuatro años becado en la Universidad Yale estudiando una licenciatura en historia, y luego un doctorado en Columbia. En 1960 Yale aún conservaba muchas de las características que motivaron su fundación en 1701: una institución de educación superior para hombres blancos, protestantes y de familias pudientes. Para finales de esa década había cambiado mucho.

Cuando llegué todavía era una institución bastante anticuada, por no decir retrógrada. Casi todos los profesores eran hombres y el enfoque de quienes impartían las clases de historia de Estados Unidos reflejaba una visión un tanto distorsionada del pasado de ese país.

En Yale los alumnos de licenciatura eran hombres. No fue sino hasta 1969 que admitieron a las primeras mujeres. El número de negros en cada generación podía contarse con los dedos de una mano. Había una veintena de latinoamericanos, casi todos hijos de ricachones. Los judíos eran relativamente pocos y los católicos un poco más numerosos. La gran mayoría eran blancos y protestantes. Pero las cosas empezaban a cambiar. Se abrían grietas en el mundo de los WASP. El cambio fundamental fue consecuencia de la lucha de la minoría negra y sus aliados dentro de la mayoría blanca por lograr el cabal respeto a sus derechos humanos. La sociedad estadunidense era (y en muchos aspectos sigue siendo) muy racista. Y el cambio se logró mediante la desobediencia civil y la no violencia.

El gobierno federal jugó un papel fundamental y venció a no pocos gobernadores reacios. Desde Washington el presidente Lyndon Johnson promovió unas leyes que cambiaron al país. Logró que el Congreso aprobara la Civil Rights Act y la ley del derecho al voto. También modificó las leyes sobre inmigración.

En el renglón social, Johnson luchó contra la pobreza e introdujo Medicare y Medicaid, el antecedente de la reforma del sistema de salud de Obama. Logró así fortalecer el papel del gobierno federal. Empero, al mismo tiempo, la guerra de Vietnam dividiría al país y acabaría con la carrera política del propio Johnson.

Los cambios sociales y políticos empezaron a reflejarse en las universidades. Por primera vez en décadas los estudiantes se politizaron. Y las instituciones de enseñanza superior se fueron adaptando a la nueva realidad.

La lucha por los derechos civiles empoderó a la población negra y aparecieron las carreras de black studies. El feminismo surgió como un movimiento sociopolítico importante y las universidades incorporaron cursos sobre temas de la mujer. A raíz de la revolución cubana, hubo un interés por el estudio del español y los asuntos latinoamericanos también se convirtieron en una licenciatura.

Junto con la población joven, esos son los grupos que llevaron a Obama a la presidencia. El Partido Republicano se ha quedado sólo con los hombres blancos ya mayores. Tendrá que reflexionar mucho ese partido si quiere volver a ganar la presidencia. Los herederos de los WASP cada día son menos y no parece que las tendencias demográficas les favorecerán en el futuro.

Los republicanos tendrán que redefinirse y dejar atrás al Tea Party, que agrupa a muchos de los elementos más reaccionarios de la sociedad estadunidense. Mitt Romney tuvo que darles por su lado para conseguir la nominación de su partido y luego se vio obligado a distanciarse de ellos para buscar el apoyo de los sectores más moderados de la población.

Hace ya tiempo que los estadunidenses se acostumbraron a ver caras negras en el Congreso, la Suprema Corte de Justicia y el gabinete presidencial. Johnson fue el primero en nombrar a un negro en el gabinete y en décadas recientes su presencia ha aumentado: Hazel O’Leary, Colin Powell, Condoleezza Rice y Eric Holder, por nombrar sólo algunos.

La elección de Obama en 2008 fue la culminación de un proceso que adquirió fuerza y forma hace medio siglo. Curiosamente los demócratas en 2008 tuvieron que escoger entre una mujer y un negro como candidato a la presidencia. Nadie en 1960 pudo imaginar tal disyuntiva.

Recuerdo muchas conversaciones con Magnus Mörner, uno de mis profesores en Columbia. Estudioso del mestizaje en América Latina, analizaba el problema de las minorías en Estados Unidos. En alguna ocasión llegamos a la conclusión de que antes que un negro llegaría un político de origen hispano a la Casa Blanca. Nos equivocamos.

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