Opinión
Ver día anteriorDomingo 2 de diciembre de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Un collage familiar
L

as familias opulentas que en siglos pasados tenían sus casas de campo en Tacubaya y en San Ángel iban a esos lugares para mudar de temperamento, argumentaban, y para huir del ruido y el tráfico de la ciudad de México. Esa sensación sigue presente cuando nos alejamos de ella; lo acabamos de comprobar en un gratísimo viaje a la ciudad de San Luis Potosí.

Sus casonas señoriales, templos, plazas, museos, buena comida y un ritmo plácido, verdaderamente nos cambiaron el temperamento. El motivo fue asistir a la inauguración de Un collage familiar, original exposición que muestra obra de Alberto Gironella, de su hijo Emiliano, de la madre, Carmen Parra, y del abuelo, el arquitecto Manuel Parra.

La muestra es notable por su dimensión y calidad y el sitio que la aloja es impresionante. La antigua prisión de la época porfirista que semeja una fortaleza, con torreones, un enorme patio y filas de crujías en forma de estrella, se remodeló para convertirla en el Centro de las Artes. Aquí, el talentoso curador Pablo Rico, quien entre otros ha sido curador de las bienales de San Paulo, Brasil, y de Croacia, aprovechó las antiguas celdas como espacios de exposición, bajo un cuidado discurso museográfico que incluye pinturas, instalaciones, fotografías, documentales, esculturas y planos.

Después de dos visitas a la antigua prisión para apreciar a placer tanto la exposición como el edificio, nos dedicamos a conocer algunos de los museos y plazas de la hermosa ciudad. Una construcción en estilo neoclásico que se edificó en 1907 para que fuese la Escuela Modelo alberga hoy al Museo Federico Silva, dedicado a la escultura contemporánea.

Situado en el Jardín de San Juan de Dios, admira igual que en el caso anterior la excelente restauración que, respetando el edificio original, lo adapta con intervenciones modernas para su nuevo uso. En la planta baja se aprecia la escultura monumental de Silva y en la alta ahora tienen una exposición temporal de Matías Goeritz. El complemento es un paseo por la terraza para gozar con las cúpulas de coloridos azulejos de los templos.

De ahí nos trasladamos al Parque Tangamanga, vasto espacio verde que tiene albercas, canchas, un planetarium, biblioteca, teatro al aire libre y el Museo Interactivo Laberinto, obra del recién fallecido arquitecto Ricardo Legorreta, que muestra su característica arquitectura de amplios espacios geométricos, luz y vivos colores. La museografía estuvo a cargo de Marinela Servitje, la creadora del Museo del Niño Papalote, así es que es un agasajo para los infantes.

De regreso a la ciudad había que visitar la Plaza del Carmen y el templo que la bautiza. Su fachada barroca se conoce como La hermosura del Carmelo, que nos prepara para maravillarnos con la Portada de los Arcángeles, que enmarca el acceso a la capilla conocida como el Camerín de la Virgen. El extraordinario retablo tallado en madera recubierta con hoja de oro se encuentra rematado por una enorme concha dorada. Aquí están los restos de Francisco de la Maza, el sobresaliente historiador que muchos consideran el redescubridor de las estructuras secretas del barroco.

A unos pasos de la Plaza del Carmen se encuentra el Teatro de la Paz. La construcción de cantera rosada, en estilo neoclásico, con amplia escalinata y vistosas columnas, guarda todo el carácter de los teatros de las postrimerías del porfiriato. Enfrente, una mansión ecléctica que perteneció a un rico minero acoge el Museo de la Máscara que muestra una rica colección de todo el país.

Una plaza encantadora para sentarse a reposar es la de San Francisco, cuyo templo preside el espacio y tiene el atractivo adicional de que en el callejón lateral hay una cervecería que hace cerveza artesanal; se acompaña con sabrosas tortas y tiene una terraza con una vista excepcional. Ya no hay espacio para hablar de la gastronomía, pero hay muy buenos restaurantes. No hay que perderse las enchiladas potosinas y los cabuches.