Opinión
Ver día anteriorDomingo 27 de enero de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Reforma migratoria, promesa pendiente
Jorge Durand
E

l detective neoyorquino Nero Wolf, además de sibarita y sedentario era profundamente pesimista. Y justificaba su actitud diciendo que es mucho mejor ser pesimista que optimista, porque los segundos sufren decepciones a cada rato, mientras que los primeros, de vez en cuando tienen una buena noticia por la cual alegrarse.

En otras oportunidades he escrito sobre el tema de la reforma migratoria y me mostraba optimista. Hoy se abre una nueva ventana de oportunidad, con la promesa de Obama y la puesta en marcha de comisiones para retomar el asunto. Sin embargo, no quiero o no puedo ser optimista, después de tantas ilusiones perdidas y tantas agresiones y frustraciones sufridas por los migrantes radicados de manera irregular en Estados Unidos.

Y el pesimismo viene precisamente por la constatación del trance que acaba de sufrir Obama para librar a su país del abismo fiscal. La ultraderecha estadunidense sigue fijando la agenda e impidiendo, dificultando y posponiendo a toda costa cualquier tipo de arreglo. Ya no se diga a favor de los migrantes, sino de su propia gente, de la recuperación económica del país o la restricción al uso de algunas armas de combate.

Antes de entrar en debates migratorios deben pasar otras dos negociaciones importantes: la del control de armas y la de ampliar el techo de la deuda para no caer en suspensión de pagos. Sobre esta última ya se pospuso la discusión para el mes de mayo, pero sigue pendiente el problema y el futuro de la economía mundial.

En cuanto al control de armas, Obama se dejó de discursos, pésames y lamentos y puso al vicepresidente Biden a negociar y proponer una solución. Pero los fabricantes, amantes y poseedores de armas resistirán a cualquier cambio en el Congreso. Para eso financian a los políticos de ambos partidos y la Asociación Nacional del Rifle tiene al mejor lobby en Washington para defender sus intereses.

Los decretos ejecutivos de Obama son un primer paso, que denota el hartazgo del presidente ante la inoperancia del Congreso. Pero es allí donde se resuelven los asuntos relevantes y se formalizan legalmente.

Si Obama gana estas dos partidas (la anterior del abismo fiscal fue empate), entonces podría pensarse que hay indicios para ser optimistas. Sin embargo, el tema de la migración irregular no tiene que ver con la economía del país, ni con un asunto relacionado con un derecho constitucional. La migración es un asunto particular de una minoría, aunque sean 11 millones de personas en situación irregular y que muchos estadunidenses consideran ilegales.

La migración irregular no afecta negativamente a la economía, todo lo contrario. Pero pone en cuestión la legalidad un tema sagrado para los estadunidenses. En efecto, se podría pensar que un ataque directo a los migrantes podría afectar la economía local y los intereses de muchas personas. Pero no parece ser así.

En Arizona, donde se ha dado la mayor persecución de migrantes y se han aplicado las medidas más represivas y persecutorias en contra de la población de origen hispano, sigue ganando elecciones el sheriff Joe Arpaio. Y su puntada racista y denigratoria de vestir a los migrantes capturados con calzones de color rosa (se pueden ver las fotos en Google Imágenes) es celebrada con gran entusiasmo por la prensa y sus seguidores.

Con todo, es en el campo electoral donde posiblemente se encuentre la solución. A escala nacional el electorado latino ha resultado muy sensible a las posturas en contra de los migrantes y en las últimas dos elecciones su peso se ha manifestado claramente a favor de los demócratas. Más aún, la demografía electoral ha puesto de manifiesto que el voto latino seguirá creciendo de manera importante y en el futuro, si se quieren ganar las elecciones, habrá que dar señales claras de que se atienden sus problemas, se respetan sus intereses y se les hacen concesiones.

Y sin duda la concesión más importante para la comunidad latina será una reforma migratoria. Más allá de la regularización y todos sus requisitos, el principal grupo beneficiado a corto, mediano y largo plazos serían los latinos, con cerca de 9 millones de irregulares. Dos millones de jóvenes que vivieron la angustia de ser irregulares y que podrán votar en el mediano plazo ya se foguearon en la lucha política siendo dreamers. Los familiares, especialmente hijos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos, podrían dar su voto a un representante o candidato que abogó por concederles tranquilidad a sus familiares y amigos.

Las campañas electorales con trasfondo antimigrante ya no dan los mismos resultados. Y van a regresar a sus casas muchos de los extremistas del Tea Party que promovían el endurecimiento in extremis de la política migratoria. Por otra parte, las fuentes estadunidenses señalan una baja muy sensible de la migración irregular: se afirma que se ha llegado a un saldo migratorio cero. Curiosamente, algunos académicos mexicanos se mantienen aferrados a las cifras del pasado y siguen con la cantaleta de que pasan 400 mil mexicanos al año.

Como quiera, el asunto es político y en la política, como en los negocios se pueden hacer todo tipo de alianzas. La legalización de la mariguana finalmente se resolvió con medidas políticas: de nada valieron los 50 años de demonización de la hierba. Incluso los enemigos más recalcitrantes se pueden sentar a negociar una vez que cada quien haya demostrado su peso y su fuerza. El peso y la fuerza a favor de una reforma se centra en la demografía electoral.

Hay motivos para ser optimista, pero ya son varias las ventanas de oportunidad que se han cerrado y no se ha logrado nada. Las organizaciones de migrantes vuelven con fuerzas renovadas, y con el compromiso de Obama de apoyar una reforma se espera que algo suceda este año. Pero el tema migratorio siempre pasa a tercer lugar en la agenda presidencial y a quinto en la del Congreso. Habrá que esperar otras señales para pasar a las filas de los optimistas.

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