Opinión
Ver día anteriorDomingo 27 de enero de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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La crisis y la desigualdad
Antonio Gershenson
E

n Europa hay problemas. Aunque todavía no está publicada toda la información, hay datos por ejemplo de Alemania. Es el país más fuerte de Europa occidental en lo económico, y su crecimiento anual en 2012 fue de 0.7 por ciento. Su crecimiento del producto anual el año anterior, 2011, fue de 3.1 por ciento. O sea que el año que termina creció poco menos de una cuarta parte que el anterior.

Así quedarán los otros, que habían sido en 2011: 0.7 por ciento en Gran Bretaña, 1.7 en Francia, y otros incluso cifras negativas, que el año recién terminado se extendieron. España todavía era de cifras positivas en 2011: 0.7 por ciento, pero ya para 2012 tuvo cifra negativa de menos 1.3 por ciento, con números negativos en todos y cada uno de los trimestres. Sólo están peor Grecia y tal vez Portugal.

En cambio, China tuvo un repunte. Después de crecimientos cada trimestre más bajos, en el último de 2012 aumentó. Claro, son porcentajes que ya quisiéramos hasta el peor para nosotros. Después de su crecimiento más lento en el tercer trimestre: 7.4 por ciento, después de trimestres cada vez más lentos, en este último repuntó, subió el ritmo a 7.9 por ciento. El indicador anual todavía fue más bajo para China que en el año anterior, 7.8 por ciento.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de publicar pronósticos, sobre todo para los años siguientes, 2013 y 2014. Para México prevé 3.5 para cada uno de estos dos años. Para el año recién terminado, otras fuentes internacionales económicas estiman alrededor de uno a 3.5 por ciento.

El FMI prevé para los próximos dos años 3.5 y 4.0 para Brasil, cuyo promedio de los últimos seis años (a falta de suficientes datos recientes) es de 3.6 por ciento. Para Estados Unidos, el mismo FMI prevé para esos dos años 2 por ciento, y estima para el recién terminado, tres décimas de punto menos, o sea 1.7 por ciento.

No tenemos aún cifras completas para el año pasado, pero por los datos anteriores algunos otros países con mayor crecimiento, además de China y Brasil, son India, Vietnam, Argentina, Mongolia, Rusia y también Indonesia.

Nuestro trato comercial con el exterior no es, evidentemente, con los países de más crecimiento. Europa occidental, nuestro segundo cliente, está por los suelos, y Estados Unidos tiene crecimiento lento, del que dependemos para nuevas caídas. Los anuncios, por ejemplo, del futuro de Pemex, dependen también principalmente de ese crecimiento. Además, tanto en Pemex como en la CFE, dependen mucho de los monopolios españoles. Repsol tiene un ámbito especialmente grande, más aún en el sector eléctrico.

Otro elemento de dependencia, muy delicado, es la importación de gas natural, del cual depende nuestra economía en varios sentidos. Varias industrias se han quedado varias veces sin abasto de gas natural. Ahora, en vez de producir más, de quemar menos gas, de contaminarlo menos, se impulsa la importación desde Estados Unidos. Lo había impulsado ya la CFE, pero ahora también Pemex tiene planeado un gran gasoducto desde la frontera con Estados Unidos hasta el centro del país.

Ya hemos mencionado los contratos de la CFE con empresas, sobre todo de Estados Unidos, para construir gasoductos a los principales lugares mexicanos en el norte y con el noreste. Llegan hasta Mazatlán en el Pacífico, y hasta Jiménez del lado del Golfo. Tardarían buen número de años.

La reunión del PRI de Nayarit agrega el planteamiento de una mayor inversión privada en Pemex. Dice que es absurdo que estemos exportando crudo a Estados Unidos e importando gasolina.

El problema es que en esto está sumando las dos afirmaciones: la primera que es la de una mayor inversión privada en Pemex, que las nuevas refinerías sean de empresas trasnacionales.

También repiten lo ya dicho por el PRI, que suban el IVA y se agregue a alimentos y medicinas. A aumentar la miseria de los miserables, y a enriquecer a los empresarios.

Ya dijimos anteriormente que el PRI en 2008, cuando se discutían la nuevas leyes petroleras, dijo que las refinerías debían ser de la nación. Y dijimos que estaban tirando al suelo sus propios principios.

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