Opinión
Ver día anteriorViernes 1º de febrero de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Penultimátum

Habilidad camaleónica

E

l caso recuerda a Zelig, película en la que Woody Allen recrea la figura de un personaje con hilarante habilidad camaleónica. Pero se trata de una historia verdadera que puso al descubierto los manejos irregulares en la Fundación Ideas, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que hasta finales de 2011 gobernó en España.

Sucede que durante dos años Ideas le pagó a quien se hace llamar Amy Martin más de 65 mil dólares por 14 colaboraciones y otros servicios. Recibía casi 4 mil dólares por cada uno de sus textos, en los que aborda diversos temas: desde el cine en Nigeria, la medición de la felicidad o la central nuclear de Fukushima. Sólo eran publicados en la web de la fundación, cuyos empleados nunca vieron a la favorecida con pagos tan espléndidos y llegaron a creer que era de origen estadunidense o que los textos los escribía el director de la institución, Carlos Mulas, para aumentar su raquítico sueldo de 6 mil 500 dólares mensuales.

Mientras, se descubrió que los recibos por las colaboraciones los expedía la agencia literaria que representa los intereses de la ex esposa de Mulas y de otros escritores reconocidos, como Javier Marías y Juan José Millás.

Ideas y las demás fundaciones de los partidos políticos españoles reciben dinero público y se distinguen por no rendir cuentas de las subvenciones estatales, repartidas discrecionalmente por sus dirigentes. Ideas recibió los recientes cuatro años unos 15 millones de dólares del gobierno español.

Al no aparecer por lado alguno Amy Martin, el PSOE tuvo que destituir a Carlos Mulas, cuya actuación le resultó inconcebible tanto por su solvencia intelectual y su excelente currículo académico. Le exigió, además, devolver los miles de dólares pagados a la columnista desconocida. El PSOE aclaró que en esos y otros pagos hechos a familiares y allegados a los dirigentes del partido no existe ningún tipo de ilegalidad porque fueron trabajos que se hicieron y de empresas y personas muy solventes.

Y como en toda buena película de Woody, al final se develó el misterio: la escritora fantasma existe. Se llama Irene Zoe Alameda, ha escrito varios libros y dirigió el Instituto Cervantes en Estocolmo. Ella rescató el nombre de Amy Martin de una de sus novelas. En sus ratos libres anima un grupo musical electro pop y, vaya coincidencia, fue compañera sentimental de quien le pagó tan espléndidamente sus artículos, el destituido Mulas.

En escena digna de Almodóvar, Irene explicó qué abandonó su estado fantasmal al ver que la figura de su ex marido se ha visto vilipendiada de forma insólita e irracional, aplastada por una especie de enorme bola de furia que pone de manifiesto la sed de sacrificios de nuestra herida sociedad.

Y se quedó corta, porque la historia no tendrá final de película.