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México SA

BMV, novela rosa

País concentrado

Paraíso bursátil

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Interior de la Bolsa Mexicana de Valores, cuyas ganancias avanzaron en el sexenio pasado 83 por ciento. En la última sesión de la semana que terminó este mercado ganó 0.16 por ciento, siguiendo la recuperación de los mercados globales tras la divulgación de alentadores datos comerciales en China, Alemania y Estados UnidosFoto Roberto García Ortiz
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llá por mediados de 1988 el entonces presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Agustín F. Legorreta Chauvet, aseguraba que la novela rosa de la Bolsa Mexicana de Valores había llegado a su fin. Nostálgico, daba el pésame meses después de que en la propia BMV se concretó uno de los mayores desplumaderos en contra de 350 mil pequeños y medianos inversionistas, a quienes Miguel de la Madrid responsabilizó del crac bursátil (octubre de 1987) y los acusó de codiciosos y bisoños en las artes de especular en el mercado bursátil.

El 19 de octubre de 1987 la Bolsa Mexicana de Valores reventó (y en la masacre Legorreta Chauvet fue uno de los escasos ganadores, por medio de su casa de bolsa Inverlat), y el de por sí limitado número de inversionistas que en ella participaban (bisoños o no) se desplomó a sólo 160 mil. En su mejor momento (antes del crac), tales inversionistas equivalían a 0.62 por ciento de la población total del país.

Transcurrieron los años, y el ex presidente de Banamex (el mismo que en 1988 juró que el salario mínimo en México resultaba más que suficiente para vivir cómodamente) fue desmentido tajantemente por la realidad, porque cinco lustros después de su nostálgica declaración la Bolsa Mexicana de Valores no sólo es más elitista que la de 1987 (lo que ya es decir), sino que se confirma como la mamá de las novela rosas en el mundo, toda vez que en ese lapso los inversionistas se redujeron hasta representar apenas 0.18 por ciento de la población nacional (tres veces menos que en 1987) y los valores por ellos acaparados representan el 40 por ciento del producto interno bruto del país. Si eso no es novela rosa, entonces ¿qué es?

La Jornada (Roberto González Amador) nos ilustra al respecto: “para el puñado de inversionistas que participa en el mercado accionario mexicano, los últimos seis años –periodo que para el resto de la población y el sector productivo estuvo marcado por la más profunda crisis económica en ocho décadas– fueron de multiplicación de ganancias. Un reducido grupo de inversionistas, equivalente a 0.18 por ciento de la población del país, posee acciones de empresas que cotizan en el mercado bursátil local por un monto que, comparativamente, representa 40 por ciento del valor total de la economía mexicana, estableció información de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores”. Todo, desde luego, libre de impuestos.

Al cierre de diciembre pasado, abunda La Jornada, 203 mil 254 inversionistas, número que equivale a 0.18 por ciento de la población total del país, poseían activos invertidos en el mercado bursátil mexicano, según los datos de la CNBV. En conjunto, esos valores sumaron 6 billones 384 mil 67 millones de pesos. Esta cantidad representa 40 por ciento del producto interno bruto; es decir, del valor a precios de mercado de todos los bienes y servicios producidos en el país durante un año. El PIB de México es actualmente de 15 billones 603 mil millones de pesos, de acuerdo con cálculos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, contenidos en los Criterios Generales de Política Económica 2013.

Y de cereza: entre 2007 y 2012 la economía de México registró un crecimiento promedio anual de 1.95 por ciento, de acuerdo con información oficial. En ese mismo periodo, el valor de los activos del grupo de inversionistas que participa en el mercado accionario mexicano aumentó seis veces más que el producto interno bruto, según los datos de la CNBV y del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

La anterior es la mejor muestra de cómo se democratiza el capital en México (Salinas-Aspe dixit) y de la inobjetable condición de economía-casino que ha adquirido el país en tres décadas (de Miguel de la Madrid a la fecha). Lo mejor del caso es que en el marco de la espeluznante concentración del ingreso y la riqueza que aquí se registra todavía cabe otra criba, que es el de los barones Forbes. Como apunta la Cepal, en México hay un multimillonario por cada 11 millones de habitantes, o si se prefiere, casi 6 millones de pobres por cada súper rico.

De acuerdo con la información de González Amador, 203 mil inversionistas bursátiles acaparan valores por 6.38 billones de pesos (equivalentes al 40 por ciento del PIB), pero en el detalle cabe mencionar que sólo los diez barones Forbes (0.000009 por ciento de la población total) concentran alrededor de 2 billones de ellos, es decir, cerca de una tercera parte del citado pastel (si se prefiere alrededor de 14 por ciento del producto interno bruto), y ya en el exceso la gruesa rebanada de uno de ellos, Carlos Slim (el 0.0000009 por ciento de esa población), se aproxima a un billón de pesos (6.7 por ciento del PIB para él solito).

El paraíso, pues, por mucho que en 1988 Agustín F. Legorreta Chauvet decretara el fin de la novela rosa del mercado bursátil mexicano. El otro lado de la moneda es lo que describe la Cepal: los recursos que México obtiene por impuestos a la propiedad o al patrimonio representan la tercera parte del 0.42 por ciento del PIB que obtienen en promedio el resto de los países de América Latina y casi la cuarta parte del 0.68 por ciento calculado para las naciones en transición. A escala mundial la media de este tipo de impuestos equivale a 1.04 por ciento del PIB y para los países de la OCDE, al que pertenece México, llega a 2.12 por ciento, es decir, 12 veces más que nuestro país, que se coloca en el tercer lugar latinoamericano de los que menos ingresos obtienen por estos impuestos, ya que desde los 90 equivalen a 0.18 por ciento del PIB.

Y el organismo regional remata así: los contactos políticos, el origen social, el trato favorable en materia tributaria y las regulaciones que benefician a los ricos también contribuyen a la acumulación de grandes fortunas sin una vinculación productiva evidente. Así, cualquier intento por elevar los impuestos puede dar origen a fuga de capitales y ahorros, y dado el poder de las élites económicas no se debe subestimar su capacidad de ejercer presión para evitarlo.

Las rebanadas del pastel

Y preparaos, mortales, que en este contexto ya viene otra novela rosa: la reforma fiscal de gran calado, que lo único que presagia es IVA a todo y para todos (para democratizar el consumo), obvio es que con el decidido impulso del PRI, el partido que, según dice su dirigente nacional, no arria banderas ni revierte posiciones; que nadie se confunda (César Camacho dixit). Ajá.