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Recoge un libro la obra intimista de la pintora y escultora

Busco la parte subjetiva de lo objetivo, sostiene Lucinda Urrusti

En el arte, el camino para encontrar es la intuición, expresa a La Jornada

Cada día es otro reto y otra aventura, pues cada cuadro es como empezar de nuevo, explica

El volumen incluye textos de Carlos Fuentes, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Alaíde Foppa y Alí Chumacero

Merry MacMasters
 
Periódico La Jornada
Viernes 22 de febrero de 2013, p. 2

Lucinda Urrusti (Melilla, Marruecos español, 1928), poseedora de una obra calificada como intimista, manifiesta ir a dos caballos, entre el impresionismo y lo abstracto.

“Este último –explica–, nunca me ha satisfecho totalmente, porque se puede hacer sin saber dibujar, sin construirlo, la búsqueda de materia y de color, y eso no me acaba de llenar nunca. Pero sí esa aproximación de la realidad, de interiorizar más.

Mi punto de partida todavía es el realismo y lo figurativo, pero busco la parte subjetiva de lo objetivo.

De la creadora se publicó el libro Lucinda Urrusti: pintura, escultura y dibujo (DGE/Equilibrista, 2012), que será presentado próximamente.

El volumen reúne obra temprana de 1959 hasta el año pasado, y recoge textos escritos a lo largo de los años por personajes, como Carlos Fuentes, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Toby Joysmith, Margarita Nelken, Antonio Rodríguez, Enrique F. Gual, P. Fernández Márquez, Jorge Juan Crespo de la Serna, Alfonso de Neuvillate, Alaíde Foppa, Alí Chumacero y Gabriel Rábago Palafox.

Otra manera de ver el mundo

De las pocas fotografías que incluye, el libro reproduce un recorte periodístico de los años 60, del siglo pasado, en el cual Lucinda Urrusti posa con sus colegas de generación.

Perteneciente al movimiento de la Ruptura, la entrevistada asevera: “Aquí están los amigos y colegas de toda la vida: Vicente Rojo, Manuel Felguérez, los Coronel. Nos reuníamos de vez en cuando, después ya no fue mucho. No había como un programa de grupo ni un manifiesto, pero poco a poco fueron denominándonos el grupo de la Ruptura. Desde luego, no rompimos ni un plato, porque ya estaban, empezando por Rufino Tamayo, Ma-thias Goeritz, Carlos Mérida, tantísimos, que sí representaron un cambio.

“Claro, éramos una generación que ya no pertenecimos a la escuela mexicana de pintura, sino que teníamos puesta la vista en todo, en Europa, Estados Unidos; era otra manera de ver el mundo. En eso sí había como un sentimiento común.

“Además, ese México de entonces en que nos podíamos reunir y ver, porque después, cada quien en su cueva, a trabajar y buscar su camino. Ya nadie ve a nadie o muy de vez en cuando.

“Este es un trabajo, como todo en el arte, de búsqueda constante. La diferencia con la ciencia, por ejemplo, que precisa de la explicación, es que en el arte el camino para encontrar es por medio de la intuición. No es que eso facilite más, porque provoca más duda, pero, bueno, quizá empecé –o muchos de nosotros– cerca del figurativismo, claro, nunca una reproducción, sino buscando una transformación.”

Foto
Lucinda Urrusti en su juventud, en imagen incluida en el libro coeditado por DGE/ EquilibristaFoto Rogelio Cuéllar

El libro documenta que Urrusti no es una pintora que ha dado saltos de una cosa a otra y búsquedas disparadas, sino que hay una línea, una continuidad. “He buscado más lo interior, lo subjetivo que lo objetivo, ahondando en ello y queriendo llegar a intimar con el objeto.

“Como dicen en España, pinchar hueso, no quedarse en la piel, llegar a lo hondo. Es lo que busca también el escritor, sobre todo el poeta. La poesía nunca es la realidad directa, sino lo que hay detrás de todo.

“Y que lleve un paralelo con el sentimiento de uno y la representación. Claro, luchar con la técnica, el oficio y el material.

Siempre he sido exigente con mi trabajo, sin decir perfeccionista, pero algo en paralelo de no estar satisfecha, de exigirme más, aunque lleve tiempo y esfuerzo. En esas sigo, porque cada día es otro reto y otra aventura, cada cuadro presenta problemas y planteamientos distintos. Cada obra es como empezar de nuevo.

Escultura reciente

Lucinda Urrusti llegó a México con su familia en el verano de 1939, con el exilio español. A los 18 años se naturalizó mexicana. Como alumna del Instituto Luis Vives, el director y un profesor se dieron cuenta de sus facultades para dibujar y pintar.

La artista consideró estudiar arquitectura, pero lo que le gustaba de esa carrera era la parte plástica, no la teórica.

En la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda le permitieron cursar tres talleres libres: dibujo en desnudo, con Jesús Guerrero Galván; óleo, con Agustín Lazo, y fresco, con Federico Cantú.

Por las tardes trabajaba en el recién fundado Salón de la Plástica Mexicana, donde trabó contacto con muchos artistas mexicanos.

Aunque la línea de Urrusti suele difuminarse en su pintura, por otro lado es una reconocida retratista. Basta ver el cuadro que en 2008 le hizo al escritor Carlos Fuentes, amigo de toda la vida, que en algún momento se pensó se quedaría en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En fechas recientes ha creado escultura en bronce y piedra, incluso objetos que parecen ser construidos: A la escultura quizá le falta el color, pero tiene el volumen, la luz, el espacio, en fin, la forma.

Montar una exposición de Urrusti, en el Museo de Arte Moderno, sigue pendiente.

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