Opinión
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Paisaje: aereofotografía y pintura
Teresa del Conde
E

l libro Transformaciones del paisaje urbano en Mexico: representación y registro visual correspondiente a la exposición en el Museo Nacional de Arte, fue ideado y escrito en lo medular por el investigador Peter Krieger y está antecedido por un ensayo de Ana Garduño que da cuenta sucinta de lo que vino a denominarse Museo Patria, a partir de su lejano origen en la calle de Moneda, en 1865.

El meollo de la publicación, ilustrada con imágenes pareadas corresponde al autor principal que ya con anterioridad había enfocado el problema del agua en nuestra ciudad, bajo un ángulo ecológico, mismo que priva en este trabajo, si bien por su misma índole y propósito, el deterioro vinculado necesariamente a la urbanización de la mega ciudad queda algo paliado, con todo y que las aereofotogra-fías no son recientes, que si lo fueran, tanto el deterioro como el caos serían mucho más evidentes.

A lo largo de su texto hay puntos que intentan crear consciencia respecto de la necesidad de preservar lo preservable, no así plenamente en lo que concierne a la frase representación y registro visual, porque creo que el material ilustrativo pictórico, por su misma índole, no puede dar cuenta cabal de eso, la pintura tiene sus propios parámetros, irreductibles a lo que podría considerarse un testimonio verosímil, efecto que la fotografía sí se propone deparar.

El diseño del libro hace que el lector se vaya encontrando ante enigmas adivinatorios. Por ejemplo, la ilustración en la página legal, carece de pie de foto, se trata del acercamiento en detalle a una pintura de Clausell, y quien conoce obras del pintor campechano, se pregunta si es o no de él, cosa que viene a dirimirse hasta la página 116 con la siguiente apreciación: Estética de un paisaje lunar. Belleza sublime s.f., en la que aparece ilustrada completa la pequeña pintura, tipo tarjeta postal como las que confeccionaron tanto Clausell como José María Velasco. La composición de 21 x 15 hace contraparte en la página siguiente a la que corresponde a la Fábrica de cemento Apasco, tomada durante un vuelo efectuado en 1942, es decir, apenas siete años después de la fecha más tardía a la que podría corresponder la pinturita, ya que Clausell murió en 1935.

Dos páginas después, otra pequeña composición del mismo pintor compagina la aereofotografía Ciudad en crecimiento con límites topográficos como imagen de progreso. La línea de horizonte que marcan las montañas es la que fundamentalmente sirve de eje para ir pareando las ilustraciones. La zona de la fotografía, según la ficha, se ubica con certeza al norte del Paseo de la Reforma en un vuelo realizado en 1956. Se advierte que ya entonces no había vestigio alguno de la vegetación representada en la pintura, lo que insinúa que la mancha urbana en 1935 o algo antes no llegaba hasta allí.

El lector que se adentra en el libro sin conocer gran cosa sobre pintura regional, naive, idealizada, etcétera, se sorprende al encontrar la escena en la que aparecen tres figuras de pastores o campesinos. La muchacha de vestido rojo y su compañero más joven parecen apresar una mariposa gigante en un escenario campestre en el que pastan ovejas, se ven arrieros en la lejanía y una sola casa que puede corresponder a la granja, el horizonte está limitado por colinas y peñascos. El lector sigue adentrándose hasta asegurarse, páginas adelante, que la escena completa corresponde al pintor Ezequiel Negrete Lira, quien fue muy prolífico en este tipo de gratas composiciones. Su kitsch involuntario hace pensar en el poeta Juan de Dios Peza y la escena pudo haberse inspirado en un escenario que corresponde a las afueras de Xochimilco o Tlalpan. La escena se confronta con la que posiblemente es la más antigua de las aereofotografías ilustradas del fondo ICA, que corresponde a las Lomas de Chapultepec, en un momento en el que ya se perciben algunas residencias con jardines y lotes delimitados, prestos a la venta.

El libro, excelentemente impreso en España, es grato de revisar y de leer, precisamente por las sorpresas que va deparando a través de la selección tanto de los aereopaisajes, como de las pinturas elegidas y también de los grabados, como la ladrillera de Amador Lugo en madera de pie que quizá corresponda a un trabajo que su autor realizó en Taxco en 1954 o como la también madera de pie efectuada el mismo año por Manuel Echauri. Ambos grabados ofrecen contrapunto con la foto aérea de Cementos Anáhuac, datada apenas un año después, de modo que ese complejo industrial todavía convivía con el ladrillo producido en pequeña escala.

Krieger advierte que no es justo medir la calidad (y cantidad) de los vestigios de lo que fue y ya no es, tal y como sucede con en las vistas aéreas de ICA parangonándolas con las obras de arte, es decir: pintura y grabados, así como algunas excelsas y muy conocidas fotografías de Tina Modotti, y tiene sobrada razón, las intenciones en uno y otro caso son distintas.

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