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Chávez en la avanzada
E

l artículo de Gabriel García Márquez El enigma de los dos Chávez, publicado en La Jornada el último viernes, nos disparó también, como presencia ineludible, a la patria grande latinoamericana, a sus hombres de pensamiento, a sus problemas sociales, a las cuestiones de su presente y futuro. Claro está que las exequias en Caracas de Hugo Chávez, también héroe latinoamericano, y la asistencia de un sinnúmero de presidentes de esta región, dieron plena razón a quienes han exaltado con buenos argumentos la gestión de Chávez. En este sentido, nos felicitamos por la presencia de Enrique Peña Nieto en Caracas.

Por mi parte subrayaré sobre todo un aspecto del mandato de Chávez al frente del gobierno venezolano, y de su significado latinoamericano: la labor incomparable que llevó a cabo en favor de la unidad de América Latina, lo cual estimula la admiración continental por este líder que luchó incansablemente, comenzando por Venezuela, por lograr la plena independencia económica y política de nuestros países. Para ello se empeñó en establecer una democracia de clara participación popular, incluido el referendo y otras medidas radicales de democracia participativa; una economía autosostenible; un gobierno con principios éticos puesto al servicio del pueblo; una distribución justa de los recursos petroleros y la utilización de esos fondos en proyectos de beneficio social; además, una lucha sin cuartel en contra de la corrupción y la pobreza.

Chávez admitió que antes del intento de la oligarquía por derrocar a su gobierno, en 2002, no estaba decidido ideológicamente en favor del socialismo. Sin embargo, esos hechos y la insensibilidad del gobierno de Estados Unidos para entender los problemas de Venezuela y de América Latina lo llevaron a concluir que no existe la posibilidad de una tercera vía y que, por necesidad, la revolución debía ser antimperialista, con solidaridad hacia los otros pueblos, en el sentido de una democracia revolucionaria hacia el socialismo del siglo XXI. Chávez sostiene que este nuevo socialismo debe poseer fundamentalmente una actitud ética de solidaridad y cooperativismo, aplicando la autogestión.

Desde que Chávez está en el gobierno la oposición ha buscado diferentes caminos para eliminarlo, sobresaliendo el fallido golpe de Estado en 2002, así como una permanente y agresiva campaña contra el presidente por conducto de los principales medios de comunicación, nacionales e internacionales. Debe también decirse que, desde que Chávez llegó al poder, tuvo ásperas relaciones con México (con el ex presidente Vicente Fox, entusiasta promotor del ALCA de George W. Bush, idea a la que Chávez se oponía tajantemente). Por supuesto, la gran mayoría de los países latinoamericanos siguieron a Chávez y rechazaron la penetración del capital corporativo y globalizado en América Latina, como pretendía Bush bajo la forma del ALCA.

Reproduzco aquí, con cierta extensión, el escrito de Noam Chomsky El desafío de América Latina, ( La Jornada, marzo 2009), sobre las batallas latinoamericanas de los últimos años, especialmente para lograr su completa independencia del imperialismo y las transformaciones que le son indispensables:

“Ahora Bolivia –nos dice Chomsky– junto con buena parte de la región, desde Venezuela hasta Argentina, ha resurgido. La conquista y su eco de dominio imperial en Estados Unidos están cediendo el paso a la independencia y a la interdependencia que marcan una nueva dinámica en las relaciones entre el norte y el sur. Y todo eso tiene como telón de fondo la crisis económica en Estados Unidos y en el mundo.

“Durante la pasada década, América Latina se ha convertido en la región más progresista del mundo. Las iniciativas a través del subcontinente han tenido impacto significativo en distintos países y en la lenta emergencia de instituciones regionales.

Entre ellas el Banco del Sur, respaldado en 2007 por el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, y la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe, que podría demostrar ser un verdadero amanecer para América Latina. Por supuesto, la orientación última depende de la participación de los pueblos latinoamericanos.

En el plano interno, el gobierno de Chávez expropió terrenos agropecuarios improductivos en manos de terratenientes y trasnacionales, para repartirlos entre campesinos pobres y ponerlos en producción. Esta política de expropiaciones es considerada por Chávez como una profundización de la revolución bolivariana para afianzar la seguridad alimentaria de Venezuela.

Hay quien ha resumido de la siguiente manera los principales objetivos políticos de Hugo Chávez como presidente: socialismo democrático (al que ha denominado socialismo del siglo XXI) e integración de América Latina, que tiene el doble significado de afirmar la autonomía latinoamericana en sus líneas de desarrollo y la emancipación de la tradicional tutela del imperialismo estadunidense.

Por lo demás, el Plan Bolivariano como ideología popular y nacionalista del gobierno de Chávez incluye la construcción intensiva de carreteras, hospitales y misiones de salud, viviendas, escuelas y universidades, reforma agraria, etcétera, no obstante que se vio obligado por razones políticas a frenar algunas nacionalizaciones que tenía previstas. Las diversas elecciones que han llevado a Chávez a la Presidencia, y que lo han confirmado en ella, han sido avaladas por distintos organismos nacionales e internacionales, entre ellos el Consejo Nacional Electoral y el Centro Carter, que han expresado que tales elecciones representan legítimamente la voluntad del pueblo.

Chávez ha formulado leyes que han impulsado el bienestar de la población y disminuido drásticamente la tasa de la mortalidad infantil, un seguro social gratuito extraordinariamente amplio y la implantación de la educación gratuita hasta el nivel universitario. Durante su mandato Chávez lanzó una serie de misiones (por ejemplo, la Robinson, para liquidar el analfabetismo de Venezuela) que tenían el propósito de fortalecer la ayuda al pueblo y que le otorgaron a su presidencia una popularidad extraordinaria.

Aun cuando sea breve este repaso, me parece que contribuye a despejar la incógnita de los dos Chávez a que se refiere García Márquez en su artículo, y que sitúan al presidente fallecido en una situación de afirmación popular y democrática en América Latina, no vista desde hace mucho tiempo.

Mil felicidades a Gabriel, por sus 86