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La educación es indispensable para evitar que se normalice ese ilícito

El modelo cultural vigente justifica la explotación sexual de mujeres y niñas

Los gobiernos federal y locales deben diseñar estrategias para evitar la trata de personas, recomiendan

Elizabeth Velasco C.
 
Periódico La Jornada
Miércoles 20 de marzo de 2013, p. 19

Detrás de la trata de mujeres y niñas se encuentra un mercado de consumidores de servicios sexuales, varones en su mayoría, en los que prevalece un notable desarraigo emocional; una reproducción, en múltiples y diversas maneras, del discurso popular que legitima la percepción de las mujeres como cuerpos-objetos de deseo de los hombres, así como el imperante discurso que naturaliza el instinto sexual irrefrenable entre los varones, lo que los obliga a recurrir a servicios sexuales, sostiene Mauro Antonio Vargas Urías, director general de la asociación Género y Desarrollo.

En el estudio Hombres que compran cuerpos. Aproximaciones al consumo asociado a la trata de mujeres con fines de explotación sexual, a cargo de Vargas Urías y Melissa Fernández, se advierte que masculinidad y consumo sexual están íntimamente relacionados con una cultura hegemónica en la que se legitima el consumo de cuerpos femeninos como mercancía, a grado tal que los establecimientos donde se ofrecen servicios sexuales son tan naturales, como la tienda de la esquina.

En el amplio estudio –elaborado a partir de una serie de entrevistas con varones de Tlaxcala, estado que es un centro de generación de tratantes y que registra altos niveles de explotación sexual, y de San Luis Potosí–, se precisa que el problema de la trata no sólo es de pobreza estructural, escasa educación, delincuencia y tráfico; es, sobre todo, un problema cultural y de educación sexual.

Un aspecto fundamental es entender que detrás de este problema subyace un entramado cultural, marcado por la dinámica patriarcal en la que vivimos, que genera desigualdades al colocar siempre al hombre en una pretendida situación superior que trasmina a todas las instituciones y ámbitos sociales, dice Vargas Urías a La Jornada.

En entrevista, destaca que la trata de personas es una de las expresiones más terribles de la violencia sexual, desde el ámbito del género, y lo que debemos entender es que esto no va a cambiar si nosotros, como hombres, no avanzamos hacia un ejercicio de responsabilidad como seres humanos para entender que es importante compartir los espacios y respetar los cuerpos.

En el estudio se señala como indispensable impulsar políticas públicas que construyan una educación sexual masculina, basada en vínculos eróticos-afectivos, en contraposición a la genitalidad y sometimiento de la mujer, aspectos que prevalecen en la cultura que construye las masculinidades.

En este ámbito, los gobiernos federal y locales tienen mucho que hacer a nivel educativo para modificar los estereotipos de la cultura patriarcal y el discurso y visión masculina hegemónica que normaliza el que existan establecimientos donde se explota sexualmente a las mujeres y niñas, asunto que se toma como parte del paisaje urbano cotidiano.

Propone también, entre otros aspectos, modificar esa visión que naturaliza la explotación sexual, porque no abona a la conciencia de que la trata de personas es un delito, ni al cuestionamiento (en el trato) del cuerpo femenino como mercancía.

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