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Isaí Moreno, Alberto Chimal y Daniel Espartaco hablan acerca del fenómeno tuiteratura

Escribir en Twitter es como hacer un misil: debe llevar potencia y puntería

Para el autor de 83 novelas y El viajero del tiempo la puerta de la creación en medios digitales ya está abierta y difícilmente se podrá cerrar

Hasta el momento no he leído algo más allá de la ocurrencia o el chispazo, afirma el ganador de Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2005

De la Redacción
 
Periódico La Jornada
Lunes 1º de abril de 2013, p. a12

Twitter se ha vuelto una fuente de información y noticias en 140 caracteres. Ahí el arte, que también utiliza la palabra de instrumento, cuenta con un importante espacio de difusión. Ejemplo de ello es el fenómeno, cada vez más popular en la red, conocido como tuiteratura.

Además de interacción y retroalimentación, algunos jóvenes escritores aprovechan esta plataforma como medio de experimentación literaria para hacer epigrama, poemínimo, microverso, poetuit, haikú, microcuento, aforismo, etcétera, mientras otros la ven como mero entretenimiento o se niegan a utilizarla de herramienta.

Para el escritor Alberto Chimal (@albertochimal), una vez que uno decide jugar de cierta manera con esta red social, y quiere utilizarla para crear en ella, los 140 caracteres se pueden convertir en una restricción, pero también en un estímulo creativo.

El proceso es ver cómo se puede dar la vuelta a esta limitación y aprovecharla para decir algo que sería difícil de decir en otro medio, o no sería tan eficaz o expresivo.

Alcance viral

El escritor Isaí Moreno (@isaimoreno) reconoce que hay quien lo utiliza para hacer escritura muy cuidada y literaria, pero considera que hay que tomar en cuenta que se trata de una red social, de un alcance viral, con una potencialidad increíble.

El desafío que implica escribir con tan pocos caracteres y revisar una y otra vez eso que has escrito, para que sea preciso y puntal, es como un misil: debe llevar potencia y puntería.

Sin embargo, para el poeta Christian Peña la extensión en la literatura no es el tema primordial, a diferencia de Twitter, que fue creado sólo para eso.

Puede hacerse literatura incluso en menos caracteres. Los haikús japoneses tienen una extensión de 47 caracteres. Ya Matsuo Basho escribía literatura en el siglo XVII con menos caracteres que la gente en Twitter hoy en día.

Sin una cuenta personal de Twitter, el ganador de la 18 edición del Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa ha decido no difundir o mostrar sus textos en esta red social, aunque considera que puede ser una gran plataforma para los autores, en la cual caben varios géneros y no uno en sí.

“Desde el microrrelato de  Augusto Monterroso ‘Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí’, con sus menos de 50 caracteres, hasta un verso de Rubén Darío, de no más de 20. Si lo que distinguiría a Twitter como un género es su brevedad, entonces hablamos de algo que no es cierto; hay literatura más breve desde antes que se inventaran los smartphones. Los poetas ya contaban versos desde antes de que la gente contara caracteres”.

Con 10.7 millones de cuentas, México se ubica entre los 10 países “más tuiteros”, junto con Estados Unidos, Inglaterra, Japón y Brasil. Además, de acuerdo con el Instituto Cervantes, el español es la lengua más utilizada en esta red social después del inglés, lo que incrementa el volumen de tuits.

Autor de 83 novelas y El viajero del tiempo, libros surgidos a partir de sus publicaciones en Twitter, Alberto Chimal sentencia que la puerta de la creación en medios digitales ya está abierta y difícilmente se podrá cerrar.

La historia demuestra que la literatura se adapta a medida que pasa el tiempo, y va utilizando todas las tecnologías que están a su disposición desde la escritura, la imprenta y ahora con las herramientas digitales.

Considera que hay que distinguir la herramienta de lo que se escribe con ella: Lo que da en particular las posibilidades y restricciones de Twitter no es algo que tendremos para siempre; será remplazado por otra cosa, ya lo hemos visto, no hay que creer que la literatura en redes o en línea depende de cierta red social.

Daniel Espartaco (@Despartacos) es un escritor que tiene pocos seguidores; sin embargo, Twitter ha significado un punto de fuga y, por tanto, de entretenimiento, cuando se dedica a escribir un libro que será publicado en papel.

Lo que me gusta de las redes sociales es que tienes que ser muy sintético; eso me ha servido para trabajar en la sintaxis y hacer un ejercicio de síntesis de ideas.

Recordó que hace varios años abrió una cuenta llamada sorjuanacontraloszombies, en la que hacía una especie de parodia de la tuiteratura, la minificción, la fiebre por los zombies y hasta de la propia Sor Juana Inés de la Cruz, cuyo nombre completo, asegura, bien podría ser un tuit.

Un berrinche de que me quitaba el tiempo, y de que los escritores debemos dedicarnos a cosas serias, me hizo eliminar la cuenta y cerrarla. Ya me resigné a darle su tiempo a las redes sociales; lo que hago es trabajar y para relajarme usar Twitter.

El ganador del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2005 dijo que hasta el momento no ha leído algo que le parezca profundo, más allá de la ocurrencia o el chispazo: Hay gente muy talentosa que escribe en Twitter, pero para mí es un pasatiempo.

Con cerca de 79 mil seguidores, Chimal, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, hizo hincapié en que para diseñar un proyecto de escritura en la red hay que tomar en cuenta su carácter inmediato, espontáneo, pero también muy fugaz, todo lo contrario a la publicación de un libro.

Creo que hay responsabilidades al usar cualquier medio. En la interacción diaria en Twitter tengo la idea de que hay que respetar al posible lector, tener cierta calidad mínima en lo que concierne a la redacción y ortografía, la expresividad, la imaginación. Mientras está la publicación en Internet, utilizar las posibilidades de comunicación del propio medio, y aceptar que puede haber retroalimentación y tratar de convertirla en una ventaja, no para fastidiar a la gente o fomentar la violencia.

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