Opinión
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Consecuencias del bullying
Simón Vargas Aguilar*
E

l bullying, de acuerdo con el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS, por sus siglas en inglés), es un comportamiento no deseado y agresivo entre niños en edad escolar que implica un desequilibrio de poder real o percibido, el cual se repite en numerosas ocasiones. Dicho comportamiento tiene tres variables: acoso verbal, social y físico, las cuales contemplan el uso de la fuerza física, el acceso a información comprometedora o la popularidad para controlar o a lastimar a otros, además de acciones como las amenazas, la difusión de rumores, los ataques físicos o verbales, y la exclusión.

Según estudios del HHS, las víctimas del bullying llegan a experimentar depresión y ansiedad, cambios en los patrones de alimentación y sueño, aumento de sentimientos de tristeza y soledad, ausentismo escolar, además de pérdida de interés en actividades que anteriormente disfrutaban.

En tanto, los niños que acosan a otros son propensos al abuso de alcohol y drogas en la adolescencia y la adultez; a participar en peleas o pandillas; a comenzar su actividad sexual en edades tempranas, y a presentar comportamientos abusivos hacia su pareja, cónyuge o hijos, así como a involucrarse en episodios criminales una vez que son adultos.

En ese sentido, un estudio realizado por la Universidad Duke, coordinado por el doctor William Copeland y publicado a finales de febrero pasado en la revista Jama Psychiatry, reveló que los problemas sicológicos y secuelas producto del bullying pueden durar al menos hasta los 20 años.

Las estadísticas señalaron que 24 por ciento de las víctimas y 32 por ciento de los hostigadores sufrieron trastornos de ansiedad, y estos últimos resultaron más propensos a sufrir ataques de pánico, depresión o intentos de suicidio. Ello demuestra que el acoso escolar no es sólo un rito del crecimiento que todos los niños padecen y pueden soportarlo.

El pasado 25 de marzo, el secretario de la Comisión de Puntos Constitucionales del Senado, José María Martínez, informó que el año pa­sado se registraron 5 mil 190 muertes a causa del bullying: 80 por ciento fueron hombres, y 20 por ciento mujeres. Dicha cifra representa 162 muertes en promedio por estado.

De acuerdo con cifras de la ONU, en México 65 por ciento de los niños y niñas en edad escolar han declarado haber sufrido bullying en alguna etapa de su vida escolar, mientras los resultados de la Encuesta sobre las condiciones de trabajo de los profesores y el ambiente educativo de las escuelas, realizada por la OCDE en 2007, refieren que 61.2 por ciento de los estudiantes mexicanos han experimentado intimidación verbal y abusos, y en 57.1 por ciento de las escuelas se presentan agresiones físicas entre alumnos.

Por otra parte, un estudio que elaboró la Cepal en 2011 señala que 25.3 por ciento de los alumnos de primaria y secundaria han sido insultados o amenazados; 16.7 por ciento han sido golpeados, y 44.4 por ciento han vivido algún episodio de violencia en la escuela.

En este contexto, sólo los estados de Nayarit, Puebla, Tamaulipas, Veracruz y el Distrito Federal cuentan con una ley específica para prevenir el acoso escolar, y, pese a que el 27 de abril de 2011 se aprobó en el pleno de la Cámara de Diputados la reforma a la Ley General de Educación que busca prevenir y erradicar el bullying, el Senado mantiene congelada dicha reforma.

En agosto pasado, Juan Martín Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México, reconoció que el comportamiento de los niños hostigadores refleja la violencia social que existe, ya que los niños que la ejercen, en su mayoría, reproducen los ataques de los cuales son víctimas en su entorno familiar.

Mientras, Gabriela Moctezuma, académica de la Universidad Ibero­a­mericana, indicó que el bullying posee un carácter multifactorial que nace en la familia y se ha fortalecido con la violencia generalizada que vive en país y consideró que las madres –al ser la principal influencia del núcleo social– deben enseñar a los niños a detener y denunciar las agresiones.

Ante este panorama, aunque el gobierno federal colocó el bullying como la segunda acción del Programa Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, es necesario que la sociedad unifique los esfuerzos para enviar un mensaje contra el acoso escolar a través de acciones de aceptación tolerancia y respeto, ya que éstas pueden ayudar a identificar y respaldar a los niños hostigados, a redirigir la conducta de los niños hostigadores y a modificar las actitudes de aquellos que toleran el bullying.

* Presidente de Educación y Formación con Valores AC y analista en temas de seguridad, educación y justicia

simon.9@prodigy.net.mx

@simonvargasa

facebook.com/simonvargasa

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