Opinión
Ver día anteriorJueves 11 de abril de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Lodo imperial vs chavismo sólido y unido
A

unas horas de la elección presidencial en Venezuela se recrudece el intento de los medios imperialistas de empañar el enorme prestigio ganado por el Consejo Nacional Electoral (CNE). Los saca de quicio la recta conducta de ese órgano y la solidez del sistema electoral venezolano, reconocidos internacionalmente por instancias como la misión de acompañamiento de Unasur y el ex presidente estadunidense James Carter, que ha calificado ese sistema como el mejor del mundo.

Contra el CNE existe hace meses una colosal campaña mediática y truena ahora un grupo de santos varones neoliberales sumisos a Washington, sumados a una cauda de personajes menores, cuando se ve irreversible una vez más el contundente triunfo del chavismo en la elección del 14 de abril. Es una acción dirigida a apoyar los mal intencionados ataques contra el CNE del imperio y su candidato, el empresario golpista Henrique Capriles Radonsky. Su objetivo es obvio: desconocer el resultado electoral, o por lo menos sembrar la duda sobre su transparencia y, si fuera posible, crear un clima poselectoral desestabilizador y de anarquía. Los líderes bolivarianos, que realizan constantes llamados al pueblo a no caer en provocaciones y evitar la violencia, han presentado pruebas de un plan terrorista de personeros de la ultraderecha salvadoreña en complicidad con Capriles y anunciado el apresamiento in fraganti de 19 saboteadores del servicio eléctrico. Azuzando a sus huestes, la subsecretaria de Estado estadunidense, Roberta Jacobson, declaró sibilinamente el 15 de marzo que Capriles sería un buen presidente pero no tenemos favoritos y puso en duda la confiabilidad y transparencia del sistema electoral venezolano en un acto de vulgar injerencia y arrogancia típico de los funcionarios imperiales.

Es falso que en el proceso electoral exista una asimetría favorable al abanderado de la revolución Nicolás Maduro. Al contrario, la asimetría es en sentido inverso. Como Hugo Chávez en todas sus pruebas ante las urnas, Maduro se enfrenta al imperio yanqui con su bloque militar-financiero-mediático trasatlántico, a las fuerzas más reaccionarias del planeta, a importantes sectores de la derecha latinoamericana; y a la venezolana, con el enorme poder económico, político y mediático que conserva. Mientras, el acaudalado Capriles, es precisamente el candidato aupado y apoyado por esa coalición internacional.

Esta pugna se enmarca en la excepcional importancia geopolítica que confieren a Venezuela sus gigantescas reservas de hidrocarburos y otros recursos estratégicos. Pero también su irreductible orientación independiente, soporte principal de su propuesta socialista y del formidable entramado progresista y de unidad latinocaribeña que ha impulsado. No menos importante, el constituir uno de los puntales de la conformación multipolar del mundo.

Ahora, Maduro sí tiene grandes ventajas sobre Capriles, con las que éste no puede ni soñar. La primera es la magna obra de soberanía y trasformación social, de inclusión y participación política de las grandes mayorías, encabezada durante 14 años por Chávez. ¡Qué contraste con la ejecutoria entreguista, antipopular y represiva de los gobiernos burgueses anteriores! La segunda es la conciencia social creada en amplios sectores venezolanos por la conducción de su líder, fenómeno que ha experimentado una profundización asombrosa a partir de su desaparición física. La tercera es el prestigio de Maduro, firme y entregado militante revolucionario desde su juventud, insobornable líder obrero y fiel y capaz seguidor y discípulo de Chávez desde 1992.

En una reciente estancia en Caracas aprecié el impacto singular provocado en la conciencia política del pueblo humilde de Venezuela por el deceso de Chávez. Ya había meditado sobre la probabilidad de esa hipótesis al contemplar las insólitas imágenes televisivas de la gigantesca despedida popular al líder de la Revolución Bolivariana. En la capital venezolana pude comprobarla, no es simplemente un duelo. Transita por los sentimientos pero también por la inteligencia como catalizador y crisol de ideas y convicciones revolucionarias adquiridas junto a Chávez.

Por lo pronto, es palpable en la gran masa del chavismo la reafirmación inconmovible de continuar y perfeccionar la obra, las ideas y el programa político del presidente comandante, resumidos en el valiosísimo Programa de la Patria.

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