Opinión
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Sopa de tiburón
Iván Restrepo
H

ace tres años, en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, mejor conocida por sus siglas en inglés, CITES, fue imposible lograr los votos necesarios (dos tercios de los países miembros) para dar mayor protección internacional a varias especies de tiburón y rayas. Aunque no se encuentran en peligro de extinción, sí son víctimas de la sobrexplotación y las nocivas prácticas de pesca que alientan unos pocos países consumidores, especialmente de las aletas de tiburón.

Pero durante la última convención, celebrada en Bangkok, hubo el número de votos para que cinco especies de tiburones figuren en el Apéndice II del CITES, en el cual se incluyen las especies severamente afectadas: el tiburón oceánico ( Carcharhinus longimanus), tres especies de tiburón martillo ( Sphyrna lewini, Sphyrna mokarran y Sphyrna zygaena), el marrajo sardinero ( Lamna nasus) y dos especies de mantarrayas ( Manta birostris y Manta alfredi). La medida fue aplaudida por científicos, organizaciones ecologistas y protectoras de la vida animal y asociaciones de pesca responsable, pero está por verse si la cumplen las flotas pesqueras que patrocinan algunos integrantes de la convención y que se distinguen por depredar tiburones y rayas en los mares del mundo.

La mala fama de que gozan los tiburones en buena parte se debe a la taquillera, sensacionalista y desinformadora película de Steven Spielberg, de 1975. Porque los tiburones cumplen un importante papel en la vida marina. Sin embargo, se calcula que cada año mueren unos 100 millones de ejemplares solamente para elaborar una sopa de alta demanda especialmente en China, Tailandia y Japón, donde los consumidores pagan elevados precios por ella. En México ese manjar no es apreciado. Es la carne de tiburones y rayas la que se vende en los mercados, en ocasiones haciéndola pasar por la de otras especies.

Y en cuanto a las rayas (o mantarrayas), la milenaria medicina tradicional china atribuye a sus agallas propiedades especiales, por lo que la depredación de sus poblaciones crece año con año. Cuando, al igual que los tiburones, contribuyen a la buena salud de los ecosistemas marinos de cuya riqueza depende la alimentación y el empleo de millones de personas que viven en las costas del mundo. Además, forman parte de los programas de turismo ecológico, sostenible, que finca su éxito en admirar y convivir con especies muy diversas. Como sucede también con el tiburón ballena cerca de la isla de Holbox.

Mencionemos a los países más reacios a dejar de depredar tiburones, rayas y otras especies: Japón, China, Tailandia, Singapur. Sostienen que no es en las convenciones del CITES donde se debe regular su pesca. Y, en el colmo, afirman que distinguir la aleta del tiburón martillo es muy difícil, pues se confunde con las de los demás. Hasta el pescador menos ducho lo sabe. Mucho más los barcos pesqueros de esos países y de los que están a su servicio cual piratas modernos.

En México existe una norma oficial, la 029, publicada en 2007 y que regular la pesca de tiburones y rayas. Es fruto de más de 15 años de trabajo y se le opusieron especialmente los empresarios de la pesca deportiva de Baja California, encabezados por un senador del PAN. Y es que en menos de dos décadas la captura de tiburón en aguas nacionales disminuyó una cuarta parte. La norma también incluye disposiciones para garantizar el hábitat de las tortugas y mamíferos marinos y el buen estado de los arrecifes coralinos.

Dicha norma debe mejorarse y, sobre todo, cumplirse, pues continúa la depredación de tiburones y rayas. De los primeros, sólo para cortarles las aletas. Luego los regresan al mar, donde mueren lenta, dolorosamente. El nuevo gobierno necesita cumplir su promesa de que dará un giro radical al sector pesquero, a fin de elevar la calidad de vida de las familias que lo integran y garantizar la existencia de especies hoy diezmadas o en peligro de extinción. Será la mejor forma de caminar hacia la sustentabilidad que garantice la salud ambiental de nuestros mares, ríos y lagos. Y que éstos sigan siendo fuente de empleo, alimento y divisas.

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