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Los derechos humanos y el 1º de diciembre
Adolfo Gilly
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Enfrentamiento en la esquina de avenida Juárez y el Eje Central, frente al Palacio de Bellas Artes, el 1º de diciembre de 2012Foto Yazmín Ortega Cortés
A

quí destrozaron todo: el Hilton, el Wings, el K, el kiosco de periódicos, todo, me dijo a mitad de diciembre un pequeño comerciante de la Alameda, testigo presencial de los sucesos: La policía estaba allá, mirando sin moverse. Días después uno de ellos me comentó que tenían orden estricta de no intervenir. El informe de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) confirma con creces ése y otros testimonios que entonces pude reunir para mi artículo La provocación del 1º de diciembre ( La Jornada,17/12/12).

En efecto: dice el informe (p. 24) que a las 12:50 elementos de la Policía Metropolitana allí apostados avanzaron unos metros, pero de inmediato se les ordenó detenerse y continuar conteniendo con el argumento de que aún permanecían miembros de la CNTE (los cuales estaban ya lejos, en el Paseo de la Reforma). Sobre este momento crucial el informe es preciso:

Del análisis de la evidencia, la CDHDF advirtió que precisamente en el tiempo que se da la nueva orden de parar y contener, es decir, alrededor de las 12:50 horas, las personas integrantes del Grupo [el grupo violento de 40 personas que venía desde San Lázaro haciendo destrozos] se dirigieron a diversos negocios y oficinas públicas establecidos en el lado norte de la avenida Juárez, ocasionando daños y saqueos.

Aquí una vez más, dice el informe, la superintendente Adriana Campero Báez, al tomar en cuenta que parte de las personas del Grupo habían ocasionado daños a los establecimientos y negocios de la avenida Juárez, alertó a sus superiores sobre el riesgo en el Hotel Hilton: “Jefe […] tendríamos que prever también resguardar el Hilton, jefe, el Hilton, porque ya se metieron al Wings y van a quemar todo el mobiliario que sacaron”. Así apremiados, a las 12:58, los mandos dieron orden de moverse a proteger el hotel. Minutos más tarde –prosigue el informe– llegó otra orden apremiante: Quien sea, quien sea, vayan a proteger el hotel. “No obstante –concluye el informe– las instalaciones del hotel sufrieron daños”.

* * *

¿En qué quedamos por fin, protegen o no protegen?, se pregunta uno a esta altura. La respuesta está en la siguiente página 25 del informe.

Así las cosas, los comercios e instalaciones públicas afectadas en la avenida Juárez fueron una tienda Oxxo, los restaurantes KFC y Wings, la sucursal de la Comisión Federal de Electricidad, el edificio de la Contraloría General del Distrito Federal, la tienda y restaurante Sanborns y las sucursales bancarias Banorte y Bancomer, entre otros. [Mi propia inspección visual me dijo que fueron más].

Ahora bien, prosigue el documento: En el período de tiempo que se dio la última orden de que los cuerpos policiales no avanzaran, los mandos operativos plantearon diversas estrategias de operación tendientes al encapsulamiento de los integrantes del Grupo. Pero, dice la CDHDF, sin embargo no se realizaron pues de conformidad con la visión de los mandos superiores continuaban en el lugar los integrantes de la CNTE y tenían que evitar cualquier acto de provocación. Esto a pesar de que, de acuerdo con las evidencias (videograbaciones y radiocomunicaciones) se puede advertir que los integrantes de la CNTE en esos momentos ya se encontraban sobre la avenida Paseo de la Reforma, es decir, a una distancia considerable del Grupo.

El informe registra un hecho inocultable: los mandos operativos, es decir, quienes estaban en el lugar de los hechos violentos, pedían intervenir y planeaban cómo hacerlo; los mandos superiores, jefatura central del operativo, seguían invocando la supuesta presencia de la CNTE y así dejaban manos libres al Grupo.

En tanto, mientras esta divergencia de opiniones e intenciones tenía lugar, dice la CDHDF que las personas integrantes del Grupo permanecían en la zona ocasionando daños, arrancando las coladeras como instrumento para fragmentar las guarniciones de las banquetas y generar bloques de concreto para atacar a los policías, acciones que sin mayor dificultad fueron realizadas justo frente a los propios cuerpos de seguridad pública [subrayado mío]. Las voces policiales grabadas a esta altura exclaman: Están arrancando coladeras. ¿Ya lo viste?. Sí, ya lo vi, señor, ya aquí los tengo enfrente. ¡Hey! Reorganícense ahí. ¡Hacia atrás, hacia atrás!

* * *

Hasta después de las 13 horas el mando superior autorizó al mando operativo de la Policía Metropolitana para que los elementos a su cargo ingresaran a la avenida Juárez. Sin embargo, prosigue el informe, para el momento en que se ejecutó esta acción los integrantes del Grupo ya habían salido de la avenida Juárez y se habían dispersado. Esto suponían o decían creer los mandos superiores. Pero resultó que no: los rompevidrios no estaban muertos, andaban de parranda.

Esos mandos, según prosigue el informe, dieron señales de sorpresa cuando se enteran, a las 13:12 horas, que un aproximado de 40 a 60 personas integrantes del Grupo ya se ubicaban sobre avenida Paseo de la Reforma y ocasionaron destrozos al hotel Meliá. […] ¡Pues cómo que están sobre Reforma si ya se habían dispersado!, dice la voz grabada de uno de esos mandos.

El Grupo, entre tanto, sigue su camino: Minutos más tarde, los integrantes del Grupo avanzaron sobre la avenida Paseo de la Reforma generando a su paso averías a diversos comercios y negocios, dañando una tienda y restaurante Sanborns, un local de Medilaser, las instalaciones del ISSSTE y de TURISSSTE. Después, siguiendo su trayecto, el Grupo empezó a dañar el Hotel Meridien.

A esta altura el informe de la CNDH alcanza un ritmo de película de Buster Keaton: los camiones de la policía “llegan al hotel cerca de las 13:15, pero el Grupo, para esos minutos, se desperdigó por las calles aledañas al Monumento a la Revolución; los elementos policiales los persiguen, pero no obtienen su encapsulamiento y mucho menos su detención. […] Algunos integrantes del Grupo nuevamente se reunieron en la avenida Paseo de la Reforma y a las 13:19 horas rompieron los cristales de la sucursal bancaria IXE, de una tienda Oxxo y del restaurante Burger King, que se ubican justo a la altura de la Glorieta a Colón”. Después “continuaron su marcha […] y provocaron daños a una casa de cambio, una sucursal de Bancomer, oficinas de la Secretaría de Gobernación, el Hotel Sevilla, un cajero automático de Banorte y una sucursal bancaria MiBanco.” […]

A las 13:27 –prosigue el relato– sobre la avenida Paseo de la Reforma lograron cruzar la avenida de los Insurgentes, donde también causaron destrozos a los semáforos y mobiliario urbano, disipándose en la periferia del Monumento a la Madre, es decir, entre las calles de las colonias Cuauhtémoc y Juárez.

Y aquí la inefable, la incomparable conclusión de la aventura: Es preciso señalar que, durante el trayecto que siguió el Grupo de la Glorieta de Colón al Monumento a la Madre, los elementos policiales pretendieron realizar diversas operaciones para su detención sin tener éxito. Inclusive en ese tramo nunca lograron darles alcance. […] Finalmente, cerca de las 14:00 horas los mandos informaron que retornó la calma en el Paseo de la Reforma.

* * *

Ahora bien, quedaba un problema: después de tan rocambolesca persecución no había un detenido ni para muestra. Entonces, prosigue el informe, en atención a la orden superior de detención también en las calles del Centro Histórico [es decir, muy lejos del famoso Grupo] se continuó asegurando personas. A las 13:42 se detuvo a tres en la calle de Francisco I. Madero y Eje Central. Esa situación enojó a algunas personas que presenciaban las detenciones y, por lo mismo, a partir de ese tiempo un conjunto mínimo trató de intervenir mientras que otros cuantos como inconformidad lanzan piedras y otros objetos contra los policías.

El puesto de mando policial ordenó entonces a sus subordinados que encapsularan a esa aglomeración para detenerlos, acción que no realizaron con el argumento de que nuevamente están disminuidos en personal […] Pero el ánimo de encapsular a quien fuera no decayó: Después de varias maniobras de encapsulamiento sin éxito se realizaron de manera aislada algunas detenciones: a las 13:46 horas, seis en el Eje Central y 5 de Mayo, y alrededor de las 14:00 horas otras diecisiete sobre el mismo Eje Central. Algo es algo: aunque estos detenidos fueran pacíficos transeúntes, peor es nada. La saga concluyó así:

El puesto de mando de la SSPDF hasta las 14:22 horas ordenó resguardar los establecimientos e instalaciones que sufrieron daños, por lo que finalmente a las 14:30 se reportó la liberación de la avenida Juárez y el Eje Central Lázaro Cárdenas. Luego, a las 15 horas, todo el estado de fuerza fue concentrado en la plancha de la Plaza de la Constitución.

Primeras conclusiones:

El día de la toma de posesión presidencial de Enrique Peña Nieto un grupo violento de cuarenta a cincuenta personas recorrió las calles de la ciudad desde San Lázaro a la Alameda y desde las 6:40 horas hasta las 14 horas –más de siete horas–, destrozando todo a su paso.

La fuerza de seguridad, vialidad y supervisión movilizada desde la noche del 29 de noviembre ascendía, según la CDHDF, a un personal de 5,172 elementos y un parque vehicular de 195 unidades.

Los mandos superiores de esa fuerza, también según la CDHDF, al menos desde las 9 horas de ese 1º de diciembre contaban “con la información necesaria […] sobre el patrón de actuación de los integrantes del Grupo, pero sobre todo de su capacidad beligerante y de su persistente intención de provocar daños”.

Las acciones violentas y la ausencia de ideas de este Grupo no corresponden a ninguna corriente de izquierda o democrática, sino a grupos de porros de larga memoria y difundida existencia.

¿Por qué gozaron de la libertad de acción y de la impunidad que describe en detalle la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal? Divergencia en los mandos, provocación, ineptitud, complicidad son palabras que la lectura del informe sugiere.

Trataremos de escudriñar y develar el enigma en nuestra próxima nota.

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