Opinión
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Todo olvidado
E

n el país, pero especialmente en la ciudad de México, vivimos momentos asombrosos y confusos en los que el recuerdo y el olvido, el rencor y el perdón, surgen y desaparecen, se mezclan y se separan. La Cámara de Diputados entregará la medalla al Mérito Cívico Eduardo Neri a un personaje muy conocido en la capital, Jacobo Zabludosky, periodista conductor de un programa de radio y por años titular del programa más importante de Televisa.

Hubo, parece, unanimidad, ni discusión ni debate, sólo elogios y buenos recuerdos de sus reportajes, entrevistas a famosos del mundo y trabajo disciplinado, fiel al sistema.

Frecuentemente en el Congreso falta sentido y oportunidad para ciertas decisiones votadas sin mayor análisis y apresuradamente; con independencia de los méritos de Zabludosky, el premio cívico que se le otorga demuestra una falta de memoria o bien gran generosidad de los legisladores de oposición.

PAN y PRD que votaron a favor, olvidan antiguos agravios, los únicos agradecidos por los servicios prestados antaño, son los de la mayoría priísta de regreso al poder; los opositores, hace ya algunos años, no fueron bien tratados por el hoy condecorado, la mayoría de sus actuales legisladores son jóvenes y no tienen por que hurgar en hemerotecas o viejos papeles y por lo visto los órganos de sus partidos no conservan alguna tradición oral.

Olvidaron o ignoran, que en cierta ocasión el PAN repartió por toda la ciudad miles de calcomanías en las que aparecía la caricatura de Zabludosky, adornada con una larga nariz igual a la del Pinocho de Disney, tan larga que ya tenía ramas, hojas y pajaritos; se trataba de echarle en cara que mentía en sus programas, cuando el icono del neopanismo Manuel J. Clouthier competía con Salinas por la Presidencia de la República. Entonces la terquedad y el valor civil de Maquío lograron que se abrieran las puertas de la televisora para darle oportunidad de responder y aclarar lo que parecía un ensayo de guerra sucia, tan útil después.

Personalmente recuerdo otro caso que nos ofendió: el día de las elecciones presidenciales en que competían Pablo Emilio Madero por el PAN, el viejo PAN, y Miguel de la Madrid por el PRI, el mismo PRI, en el programa de Zabludosky pasaron una gacetilla falsa y perversa, para desalentar a los votantes, diciendo que Madero se había retirado esa mañana de la contienda; no se pudo aclarar la nota en todo el día, ni el principal del programa ni sus ayudantes recibieron llamadas o aceptaron aclaraciones.

El PRD tienen agravios diferentes, por lo visto también olvidados, en los que participó el subordinado de quien por confesión propia se decía soldado del Presidente; en ese juego de metáforas, el ahora reconocido y premiado, hubiera sido entonces algo así como el que llevaba la cantimplora del soldado del Presidente. Los diputados del conocido partido de izquierda, han olvidado que, a quien hoy condecoran fue consejero del presidente Díaz Ordaz, precisamente en el área de relaciones públicas y comunicación social, en momentos en que tanto se calumnió y persiguió a los jóvenes y maestros del movimiento estudiantil.

Pero es un noble principio olvidar los rencores; quien da nombre a la medalla Eduardo Neri demostró gran valor y decisión en un discurso en 1913, en el que echó en cara a Victoriano Huerta, desde la tribuna de la XXVI Legislatura, la traición a Madero y Pino Suárez. No fue Neri asesinado como ellos o como Belisario Domínguez o Adolfo Gurrión, sobrevivió e hizo carrera política apadrinado por Álvaro Obregón.

Puede ser que quienes hoy confieren la medalla, equiparan aquel discurso de 1913 con la valiente crítica del condecorado al jefe de Gobierno Marcelo Ebrard, empeñado en que un nostálgico tranvía recorriera el Centro Histórico. Ahí mostró el periodista su flamante independencia y su recién estrenado valor civil, hoy reconocido por perspicaces, pero olvidadizos legisladores.